Y
Dios nos regaló dos ojos para ver.
Dos
lindas orejitas para escuchar.
Y
solo una boca para hablar.
¿Qué
nos querría decir con eso?
Llegó Michelle Como casi todas las tardes en mi casa materna, me encontraba leyendo, sentada en un desvencijado mueble de la sala. Mi vid...
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