El número fatal que me tiene angustiada, me desvela y me causa este ajetreo despierta un sentimiento frío y feo que me recorre de la corva hasta la espalda. Son cincuenta años, ¡y se dice fácil! cincuenta velitas, temor en el pecho sí, que son cincuenta y no todo está hecho y aún el cuerpo vivo y la mente ágil. Cincuenta y suspiro al mirar la agenda llega la nostalgia, me asalta el temor de ser algo antiguo, de ser ya mayor, de quedar relegada a un lado de la senda. Tercero de los regalos (jejejee, no se ilusione, mija, no creo que llegue a cincuenta), este me quedó dando vueltas de lo que platicamos días atrás... No creo que le guste mucho pero, ya nacido, hay que dejarlo vivir.
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