El accidente
Despierto atontado y noto que mi vehículo está prácticamente sembrado en una sustancia oscura, algo pegajosa, estoy adolorido también y la cabeza me escuece. Además fluye por mi naso el liquido vital, que se adhiere a los botones con los que he conducido mi nave. Ahora están pegajosos y deberé buscar con que limpiar primero y reparar los desperfectos después.
Debo saber si ese mundo nuevo a mi alrededor no me va a ocasionar daños.
Sé que me puedo desplazar para salir, así que me cubro con la coraza y reptando oprimo con mi naso adolorido el botón que abrirá la escotilla.
Salgo y la sustancia oscura en la que se enterró mi astronave se adhiere a mi recubrimiento, siento que me deslizo, me gusta esa sensación fría y lustrosa, resbalosa. Siento que estoy en mi casa. Así, son todos los sitios que conozco. Levanto mis antenas visoras y a lo lejos un ser ¿vivo? Está mirando hacia donde estoy. Tiene un par de largos pedúnculos que al parecer lo sostienen y parecidos a esos, otros dos a los lados, que no sé para qué servirán. Eso sí, terminan en otros pequeños tentáculos . Tiene más arriba, algo orbicular con dos puntos negros y más abajo un par de huecos pequeños y bajo ellos una abertura por la que se alcanzan a ver unas gemas ausentes de color en fila horizontal.
Me quedo quieto pues los puntos negros se dirigen a mi con insistencia. Ese ser es monumental y es mejor fingirme muerto.
Patricia Lara Pachón
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