lunes, 12 de octubre de 2026

Cómo será eso de morirse

 

Cómo será eso de morirse. 

¿Uno se puede dejar ir? 

¿Nos quedamos aquí pegados hasta que no nos quede un aliento?

¿Qué es lo que nos hace aferrar a la vida cuando ya no queda ni una esperanza? 

Que alguien me explique por favor y gracias. 

Yo 

Patricia Lara Pachón






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Xx xxxxxxx

 

xx cxxxxxx

Este era el adminículo que guardaba la abuela como un tesoro. A veces, abría esa caja alargada y brillante, dentro de la cual había ese paño blanco, prístino, impoluto entre el cual se encontraba ese objeto. Cuenta ella que la veía observarla sin atreverse a tocarla, era como fervor en la mirada e incluso en el embrujo que le producía el objeto. Siempre deseó ver qué era lo que había allí, pero la prohibición perentoria y el miedo que le provocaba la amenaza se lo impidió siempre.   Se imaginaba una joya, quizá, una pulsera o un reloj. Jamás lo que encontró en ella al momento mismo en que por fin tuvo la caja entre sus manos.  La abrió con temor a pesar de saber que ya era suya y lo que vio en ella le originó unas carcajadas inconmensurables. 
El objeto era de madera muy pulida, alargado y al final ovalado, cóncavo y convexo. Tenía algo así como filigranas talladas magistralmente y algunas incrustaciones en piedras quizá preciosas. Imaginar el uso le causó hilaridad, aún cuando al leer el papel que se encontraba debajo del objeto y la tela lo sobrepasó aún más. Jamás se imaginó el uso real que la abuela le daba al objeto. Ahí, escrito con absurda corrección y además graficado explícitamente estaba.
El objeto en cuestión se usaba para desembarazar a las mujeres que habían tenido algún desliz, para mí era una simple y sencilla cuchara de helado.

Patricia Lara Pachón 



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Maligna oscuridad

 

Maligna oscuridad 

Estaba tan oscuro que si ponía una mano delante de sus ojos, apenas si la vería. Necesitaba caminar desde la puerta, atravesar el jardín eludiendo los objetos que éste tenía y llegar hasta la verja para quedar en absoluta libertad. Tenía una imagen visual en su recuerdo, pero no podía estar completamente seguro. Temía chocar con algo y hacer algún ruido que lo delatara o peor aún lastimarse y quizá hasta morir en el intento. Nunca antes deseó con tanto fervor que la luna se asomara con un pequeño guiño, o que las estrellas coquetas brillaran discretamente. Demasiada luz lo pondría en peligro, pero... Un poco, quizá un poco le sería de gran ayuda en su empeño.
Mientras pensaba todo eso, empezó a caminar dando pequeños pasos de ciego. Las manos al frente y un pie frente al otro, pausadamente.
Sintió un peldaño, sabía que debía bajar tres y así lo hizo, luego el pasto crujió un poco y después algunas redondeadas piedras también lo hicieron. Respiró con algo y tranquilidad pues sentía que caminaba en el sentido correcto. Tocó la piedra húmeda de la fuente y caminó en semicírculo a la derecha hasta que sintió que podía retomar su ruta al frente, de nuevo las rocas y la grama. Tropezó contra el seto que sabía estaba al lado de la puerta de entrada. Decidió seguir tanteando hacia el lado derecho hasta sentir el frío de la verja. Un suspiro algo más audible se escapó de su pecho al observar que la luna asomaba su cara redonda por un resquicio de las negras nubes que la ocultaban. Sus ojos se hicieron enormes y brillaron con temor al ver sus pies al borde del acantilado. Una mano apoyada en su espalda lo haría caer al vacío y fue exactamente lo que sucedió. Vio los ojos de su captor sonreír malignamente y mientras caía él, caía también la noche llenándose de puntos brillantes que danzaban en espiral, el pueblo abajo... Cada vez más cercano. La cúpula de la iglesia, las luces y el azul de la noche cerrada.

Patricia Lara Pachón 




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La mano

 

La mano

Después del terrible accidente que observó a través de su espejo retrovisor,después de frenar en seco prácticamente derrapando, se bajó como pudo del auto. Corrió hacia el camión que había parado su marcha con gran estrépito y se arrojó entre las llantas de este y las partes de la moto. Tanteó hasta encontrar algo tibio que pensó sería la mano del arrollado. La apretó con las suyas y empezó a hablar con suavidad, intentando calmar al herido. A pesar de haber dejado de oir los gemidos siguió hablando, aconsejando conservar las fuerzas, respirar pausado; entre esto y aquello intercalaba oraciones y súplicas sin dejar de apretar aquella mano.  Cuando llegaron los paramédicos primero y los bomberos después al sacarla cubierta de la sangre del conductor de la moto y de su acompañante pudo apreciar con horror que aquello que estrujaba entre las suyas si era una mano, la mano que se había desprendido del cuerpo de chica.

Patricia Lara Pachón 




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El accidente

 

El accidente


Despierto atontado y noto que mi vehículo está prácticamente sembrado en una sustancia oscura, algo pegajosa, estoy adolorido también y la cabeza me escuece. Además fluye por mi naso el liquido vital, que se adhiere a los botones con los que he conducido mi nave. Ahora están pegajosos y deberé buscar con que limpiar primero y reparar los desperfectos después.

Debo saber si ese mundo nuevo a mi alrededor no me va a ocasionar daños.

Sé que me puedo desplazar para salir, así que me cubro con la coraza y reptando oprimo con mi naso adolorido el botón que abrirá la escotilla.

Salgo y la sustancia oscura en la que se enterró mi astronave se adhiere a mi recubrimiento, siento que me deslizo, me gusta esa sensación fría y lustrosa, resbalosa. Siento que estoy en mi casa. Así, son todos los sitios que conozco. Levanto mis antenas visoras y a lo lejos un ser ¿vivo? Está mirando hacia donde estoy. Tiene un par de largos pedúnculos que al parecer lo sostienen y parecidos a esos, otros dos a los lados, que no sé para qué servirán. Eso sí, terminan en otros pequeños tentáculos . Tiene más arriba, algo orbicular con dos puntos negros y más abajo un par de huecos pequeños y bajo ellos una abertura por la que se alcanzan a ver unas gemas ausentes de color en fila horizontal.

Me quedo quieto pues los puntos negros se dirigen a mi con insistencia. Ese ser es monumental y es mejor fingirme muerto.


Patricia Lara Pachón 






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sábado, 10 de octubre de 2026

Los libros

 

Jugué en la calle hasta los 8 o 9 años. Dejé de hacerlo cuando aprendí a leer y encontré en los libros una compañía invaluable. En esas lecturas descubrí otros mundos, gentes diferentes a las conocidas, amores y odios.
Los libros fueron oasis que me alejaban de la vida conocida y me depositaban cuidadosamente en otras tantas, cargadas de emociones.
A veces viajar me parece demasiado cansado, porque un libro en la tranquilidad de tu hogar te lleva de tirón en tirón por universos que te pueden dejar sin aliento.
Yo, aquí... Disfrutando de lo que las páginas de un libro cualquiera.

Patricia Lara Pachón 




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Soledades

 

Soledades

Y se reunieron dos soledades
Ella aquí hablando su dialecto
Y yo allí pretendiendo entenderlo.
Yo aquí hablándole a ella
Ella allí, entendiendo lo que quisiera entender.
Amigas.
Siempre la hora del té las reunía;
La charla, las risas
Y el pretender hablar y entender lo que la otra decía.
(¿Raro? que va... Es lo que hacemos siempre aún hablando el mismo idioma)
Yo...
Como siempre aquí, contando cosas que a lo mejor nadie leerá y que si lo hace, posiblemente no entenderá tampoco.

Patricia Lara Pachón 




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Cosas que no me gustan

 

Cosas que le gustan a casi todos pero que a mí no me gustan. 

Las galletas oreo
Las cosas ácidas, el limón por ejemplo 
La miel
La carne de res
Los frutos de mar
Los pescados 
El chocolate "bebible"
Los bananos 
Y seguiré pensando en mi lista... 
¿A ustedes qué es lo que no les gusta?

Patricia Lara Pachón 




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La Osi

 

Ella y yo no nos conocimos en persona jamás. Eso sí compartimos más de treinta años en la virtualidad. Y por eso y gracias a eso fuimos hermanas.
Ella negra y muertas de la risa decíamos que negro ni el teléfono y éramos, fuimos hermanas.
Fueron tantas las risas burlándonos de lo tontas y humanas que fuimos y soy y por eso mismo es que fuimos hermanas.
Me acompañó y me retó como nadie, la acompañé y le pedí mil veces que no llorara porque los ojos se le ponían como cagaleras de vaca y a pesar de reír y llorar al mismo tiempo nosotras fuimos hermanas.
Ayer, a pesar de haberme prometido mil veces que me avisaría cuando eso pasara, ella no vino. Quizá al no haber recorrido este camino nunca, se perdió por ahí, a lo mejor en algún momento, en algún sueño risueño y "carcajeante"  caiga en la cuenta y me diga que está bien, que las cosas pasan por algo y que ahora ella descansa en paz acurrucada al lado del padre. 
Mi hermana, te quiero y te llevo en el corazón por siempre y para siempre.

Patricia Lara Pachón 




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Paqué será

 

Paqué será 

Avemaría purísima su merce'. Llego a esa casononona y dentro y allá me saludan lo más de amables paquevea y me dan de tragar y yo ni sabía como. Pero me di mis mañas me comí un poquito de todo porque como me dijo mi mama que no mostrará el hambre dejé de todo un tricitico. Es que taba muy rica esa comia y yo taba trancida dihambre su merce. Disimulé eso sí pues también me enseñaron que por pobre que uno juega, uno podía comer huevo pero debía eructar pollo. 
Como vieron que me moría de cansancio y de sueño pues se me arriscaban los ojitos me llevaron a una piesota con un camononón en la mita y me mostraron la letrina mas bonita que yuhabía visto en toa la vida.  Las luces brincaban en tuiticas partes y los ojos se me abrían de tanto mirar y mirar. Veo y toco un rollo de papelito comoeseda  que no se para que diantre  servirá y en un vaso lo más bonito hay un palito dorao con pelitos a un lao. Yuevisto que la niña de la casa tiene uno más grandecito con el que se peina el pelito. Pero; este tan chiquitico no se paquelo usaran. ¿Palas cejas su merce? Mimagino que también puede ser un juguete que se olvidó allá, algo papeinar las muñecas.  No me atrevo a agarrarlo y dañarlo o ensuciarlo. Mañana apenas pueda, le voy a dicir a la seño que se le olvidó a la niña ese juguete.  Es una cosa muy linda y delicada que no debería tar puahí tan descuidada.

Patricia Lara Pachón 




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Ya no

 


Ya no

Ya no tendremos esa cháchara anunciada
Ya no habrá risas y  menos carcajadas
Ya no disputaremos el sofá o la hamaca 
Ya no
Ya no nos dormiremos en la madrugada
Después de habernos puesto al día en la chismoseada
Ya no 
Te fuiste y no... dijiste nada.

Patricia Lara Pachón 



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Obsesión

 

Obsesión 

La luz, el agua, el aire
El afán de vivir
a pesar de esta existencia vana
aferrado con uñas
y dientes 
partir nunca será opción 
la vida a pesar de ella misma
Vivir, respirar aunque sea ese aire pútrido
lo hace despertar cada mañana 
el dolor le hace saberse vivo
sonríe 
hasta el momento va ganando 
el sol opaco, el agua contaminada
la vida
¿La vida?

Patricia Lara Pachón 




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Otoño

 

Otoño 

El otoño se fue metiendo en mi,
lento y seguro.
Las hojas antes verdes
doradas se tornaron,
el viento barrió mis amplias calles
empujándolas suave, 
alguna lluvia 
ocasionó un arrollo 
que se llevó mis penas;
hoy quisiera acunarlas,
embellecerlas,
hablarles suavemente. 
Pero el otoño se metió en mi...
y ya, no te recuerdo.

Patricia Lara Pachón 





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Instrucciones para escribir un poema

 

Instrucciones para escribir un poema.

Debo encontrar un lugar tranquilo que me inspire, llevo por supuesto libreta y lápiz, sacapuntas. Pero como me tengo fé;  solo mi  esfero. Extiendo una cobija en el pasto y pienso; ¿qué me inspira? Una nube quizá, un árbol puede ser, una hoja que se desprende y cae suavemente, una brizna de pasto. Ese hombre que me observa al pasar, la señora que al parecer envidia la paz que ella piensa que siento. A lo mejor el perro que viene y me olfatea, la hormiga que se quiere llevar una flor que acaba de caer a mi lado. El viento que despeina aún más mi cabellera. Agarro con más fuerza el esfero y decidida le pido inspiración al cielo. 
Deseo, quiero, necesito escribir un poema. Uno que hable de amor o desamor, uno que sea inspirador o que haga sentir queridos y orgullosos a mis hijos. Mientras lo pienso, la libreta se resbala de mis manos con el lapicero empujo a los insectos que se van adueñando del espacio preparado para inspirar mi poema.
De nuevo me concentro, me aferro a lo que tengo como si una tabla de salvación fuera.
"Quiero escribir los versos más tristes está noche" ah, verdad que ese ya lo escribió Ricardo Neftalí Reyes Basualdo y encima de todo lo hizo magistralmente.  "Y eran una sóla sombra larga" que vaina jodida. Así no voy a poder, José Asunción Silva se me metió en el cuerpo. 
Insisto, lapicero, libreta, inspiración... A dónde fuiste carajo.
Seguro en algún momento y hora, llegarás y me dictaras algo que pueda presentar el miércoles en mi tarea.

Patricia Lara Pachón 




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Como se escribe un poema

 

Como se escribe un poema 

Bueno... En vista de que aún no hago mi tarea lo intentaré de nuevo.
Buscar un sitio cómodo e inspirador
Llevar implementos de escritura
Suspirar profundamente y pensar en algo para escribir 
Poner una hoja blanca en frente y sobre ella un lapicero.
Suspirar de nuevo.
Mirar la hoja y mordisquear algún objeto.
Cerrar los ojos
Apretarlos con fuerza,
Pedirle al cielo inspiración.
Acomodarse mejor, mirarse las manos.
Escribir el título en la hoja:
"CÓMO ESCRIBIR UN POEMA" 
Intentar una frase
Arrugar la hoja, desecharla.
Ir a lavar la ropa, doblar la seca, acomodarla en los closets y ponerse a hacer las mil y una cosas que hay que hacer.

Patricia Lara Pachón 


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Mi gato

 

Mi gato

Mi gato es pequeño y peludo
En realidad no es muy pequeño 
Tampoco tan peludo 
Para acabar de ajustar 
Mi gato no es mi gato
Es el gato de mi hijo
O el gato de mi hija
Dos gatos a los que amo
Y cuido
Como si fueran míos
Ellos me hacen ronditas
Restregan sus colas en mis piernas 
Cuando me acerco a dónde ellos están
Con los brazos a mi espalda 
Para que no huyan
Ellos me regalan sus dulces ronroneos
Mis gatos 
No son mis gatos
Mi gato 
No, mi gato no es mi gato.

Patricia Lara Pachón 




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El viejo

 

El viejo

El árbol se cayó 
no fue necesario un rayo,
un viento blanco y frío 
lo arrojó al suelo.
Y yace ahí ahora
tan altivo como antes,
Imponente a pesar de la vida.
El árbol aún no sabe
que ayer 
su vida, se arrancó de cuajo.

Patricia Lara Pachón 





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domingo, 13 de septiembre de 2026

La boba

 

La boba

Era Viernes Santo y se encontraban varias personas reunidas en la cocina de la casa finca a la cual habían ido a parar después de que la avalancha además de destrozarles las vidas, los hizo perder todo incluso al miembro menor de la familia, "Carmenza", después de esta tragedia, la mayoría de la gente daba por "loca" a Rosalba, una mujer joven y bonita, pero agotada por el dolor; a lo mejor los otros no estaban lejos de la realidad, pero eran de sobra los motivos para que ella se encontrara así.  Ahí, parada frente al fogón de leña, preparaba un café en agua de panela; mientras miraba sin ver por la ventana abierta de par en par, la oscuridad en la que iba cayendo el cafetal.  A su lado y hablando de los  ritos religiosos de esa semana estaban su cuñado y su hermano y al lado de ellos una mujer con algún tipo de retraso mental a la que se le notaba un embarazo ya muy adelantado.  Ella al parecer hacía parte de los "muebles" de la finca.
De pronto un grito ahogado sale de la garganta de Rosalba, alega que acaba de ver una luz bailando en el cultivo cercano.  Los hombres gritan con asombro primero y con alegría después ya que presumen es el aviso de un entierro que los hará muy ricos. Le piden a Rosalba que señale con precisión el sitio y le piden que se quede con la otra mujer en la cocina, les aconsejan que por nada del mundo se acerquen a donde ellos van a estar para que el "entierro no se esconda".  Agarran pica y pala y se van dispuestos a extraer de la tierra la riqueza que esa noche se les ofrece.  Golpean hasta encontrar un sitio "hueco"y allí empiezan a escarbar con cuidado, separan piedras e incluso raíces;  no paran hasta que escuchan un golpe fuerte y un temblor de tierra que casi los deja sentados, han alcanzado a ver las ollas de barro e incluso el brillo del oro en una hendija que se abre y se cierra tan rápido que los deja deslumbrados. El susto tan espantoso hace que la boba que con sumo cuidado se había acercado a observar lo que los hombres hacían empiece su trabajo de parto, se preguntan qué deben hacer, si ir por la matrona o seguir el camino que trazó el entierro al esconderse.
Ya para qué llorar sobre la leche derramada, el oro se había ocultado y quien sabe a donde iría, la boba en su curiosidad le había hecho perder la gran riqueza imaginada.  Ahora una nueva vida se abría camino.

Patricia Lara Pachón 

Queridas mías

 

Queridas mías

Te llevo siempre en mi corazón, eres mi niña amada, aquella a la que consiento cada vez que puedo, tratando de consolar tu corazón herido. Sé que olvidaste muchos de aquellos dolores y sé con seguridad que los bloqueaste a propósito; ya eran demasiados como para querer aceptar dos, o tres o más. Te abrazo cada día con el amor de madre que aprendí amando a otros. Te acuno tiernamente en mi corazón, te doy obsequios y te dejo mirar por el rabillo de mis ojos las maravillas de la creación.  Te he enseñado que sí había motivos para desconfiar de lobos vestidos de ovejas, pero también aprendiste que había gente buena que en realidad quería ayudarte y hacer de ti una mejor persona. A ellas les doy las gracias desde aquí.  Te felicito y agradezco haber hecho tanto para convertirte en la mujer que soy,  que somos ahora.
¡Te acuno en mi corazón con todo mi amor!

Adorable viejita deseo estés  plena y feliz y sientas desde esa playa dorada que cumpliste, sobre todo contigo. Deseo que la tranquilidad te esté cubriendo igual que el sol tibio te acaricia amorosamente. Se que tambien tu abrazas en tu alma a todas aquellas que te precedimos y de cada una de nosotras guardas recuerdos, lindos unos y otros no tanto, pero de cada uno de ellos aprendimos.
El sueño de tener una cabaña que mira al mar se nos hizo realidad y ahora ahí estamos todas.  Ahora solo nos queda esperar mientras hacemos esa infinidad de cosas que nos encantan, a que venga la abuela Maria la O. a recogernos y llevarnos a esa su casa blanca, llena de luz y tan amorosamente cálida.
Desde mi yo de hoy te abrazo y prometo cuidarme para cuidarte y que tengas; tengamos una vejez saludable y armoniosa.

Todas las que fuiste; te amamos.

Patricia Lara Pachón 


El río Cauca fue testigo

 

El río cauca fue testigo

Lo recuerdo como si hubiera sido ayer, había llegado hacía unos días a la casa de mi abuela. Otrora entre un frondoso bosquecillo que ahora  se veía macilenta, detrás de una enorme construcción de cemento que sería el nuevo colegio del pueblo.
Una noche entre otras, mis tías y yo nos sentamos entre adobes y arena a contemplar la noche estrellada. Hablábamos de todo y de nada, nos reíamos, a veces con suavidad y otras en estentóreas carcajadas.  Siendo ellas mayores, la diferencia de edad no era demasiado grande, entre cinco y ocho años aproximadamente.
Retomando la historia, la tía Gloria que era la mayor tuvo una genial idea. Nos sugirió que al levantarnos cada una se llevara como al descuido el adobe sobre el cual estaba sentada. Quería ella construir un fogón. Obedientes y muertas de risa por la broma, mi otra tía y yo procedimos a cargar con el botín.  Supongo hoy por hoy, que debería ser un robo continuado para poder terminar la obra. Dejamos los adobes en el baño y nos fuimos a dormir el sueño de Aladino y sus cuarenta ladrones. 
Estábamos en el mejor de los  sueños de la mañana cuando escuchamos gritos aterradores, mi abuela Maria La O. usando su mejor vocabulario callejero amenazaba a los ladrones que habían dejado el botín en su baño, con entregarlos a la justicia.  "Hijueputas" era la palabra más comedida que ella usaba. Mi tía Gloria corrió a calmarla, explicándole lo que planeaba hacer pero fue peor ¡Dios mio!
¿Cuando les he enseñado a robar? ¿Cuando me han visto agarrar siquiera una aguja sin permiso? Los cuándo se sucedían raudos, entreverados con palabrotas. Ya al final  y muy seguramente agotada por la explosión de ira dijo con voz suave pero perentoria, "salen ya mismo a devolver los adobes", pero mamá; (suplicaba mi tía) dejenos al menos  hasta la noche para hacerlo con disimulo.
Pero no, ella con la tranquilidad que la caracterizaba dijo:  "que todo el mundo vea que son unas ladronas"
Así que en pijama, descalzas y muertas de vergüenza, cada una de nosotras agarró el producto del hurto y lo devolvió ante las miradas pícaras y sonrientes de los obreros del colegio.
Sí, debo admitir con descaro, que ese fue mi primer hurto.

Patricia Lara Pachón 

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Cómo será eso de morirse

  Cómo será eso de morirse.  ¿Uno se puede dejar ir?  ¿Nos quedamos aquí pegados hasta que no nos quede un aliento? ¿Qué es lo que nos hace ...