miércoles, 28 de octubre de 2026

La calle ochenta y ocho

 

La calle ochenta y ocho 

Era una calle larga, empedrada con milimétrica alineación. Cada roca había sido dispuesta con suma elegancia. Cada una de ellas parecía haber pasado por metro y báscula. Esta recta calle era absolutamente impresionante. Limpia, ni una hoja en ella se veía ni a metros de distancia. Y ni hablar de  las casas de la misma forma y color, las puertas y ventanas idénticas, las plantas colgando de los barandales exactamente iguales; ni una hoja más ni una menos y todas con sus verdes follajes identicos.  Ochenta y ocho casas blancas, con puertas y ventanas pintadas de rojo. Un único bombillo en cada una iluminaba casi siniestramente la casa, la calle.
Adentro de cada una de ellas y dispuestas de igual manera había una sala, con un mismo sofa, dos sillas, dos mesas, un tapete. Dos cuartos con sus camas iguales, dos baules dispuestos a lado y lado de las camas como mesas de luz, un candelabro con sendas velas gastadas hasta el mismo sitio, cada uno con una gota de parafina ensuciandolos. Colcha tejida de mil colores y cojines a juego.  Un baño limpio en medio de los cuartos. Una pequeña cocina con estufa y dos ollas cocinando algo indecifrable pero de delicioso aroma, dos platos, dos vasos con cubiertos y servilletas blancas bordadas con primor dispuestas sobre la barra.
Todo, absolutamente todo igual en las ochenta y ocho casas. Y ni hablar de lo que había atrás de ellas; cada una tenía en su patio trasero, un pequeño bosque, tan pequeño era que los árboles crecian enmarañados pero exactamente identicos. Y después de ellos la nada. No era una muralla, ni un foso, ni un rio cristalino o turbio. Nada. Y daba la impresión que la nada se acercaba, que iba a ir comprimiendo aquello que rodeaba. Una sensación de opresión era lo que se sentía.
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Patricia Lara Pachón 

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Lo presentía

 

Lo presentía

Lo presentía, aún antes de verlo su presencia me invadía entera.  Así que su escencia desbordaba mi espacio vital y me ahogaba en ansiedades. Deseaba acercarme pero temía la explosión que podría destruir su mundo, el mío, el nuestro.
Él, jugueteaba con mis ansiedades, se divertía al verme desvalida. su ausencia me vaciaba, de los dos y todos desaparecían ante su presencia. Eramos él y yo y yo y él y nada y todo al mismo tiempo.
Era él para mi  un agujero negro dispuesto a devorarnos. 
Patricia Lara Pachón 

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El mohan

 

El mohan

Monstruo de la oscuridad
Dueño de cándidas y angelicales hembras 
Engendro avido de virginales pieles
Macho embriagador
Embaucador de las miradas
Y de la palabra
Poseedor de los secretos
Ocultos entre las sombras
Entre las sábanas 
Demoníaco y depravado
Macho cabrío 
Succionador de sueños
Ansiando siempre los placeres carnales
Deseoso de los cuerpos castos
De doncellas puras
Para dejar en ellas su semilla
Simiente cargada de maldad y de veneno.
Pudriendo todo aquello
Que toca y que posee
Dejando tras de si un rastro putrefacto.
Maldad pura.

Patricia Lara Pachón 

  


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Soy

 

Soy 

Soy sin ser
Aquella que un dia fui y seré 
Aquella que soñó ser hoy 
Y siendo la que soy no soy

Patricia Lara Pachón 




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domingo, 18 de octubre de 2026

La flor

 

La flor

El sol la acaricia; ella se abre.

Patricia Lara Pachón 




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Fragilidad

 Fragilidad


Y mi palabra es fragilidad


Pero no la fragilidad como algo delicado que se puede romper. La fragilidad de la güadua que se deja doblar para construir casi cualquier cosa, sin romperse. Regresando siempre al sitio desde el cual inició.

Bella, magnífica, impecable e intacta.

La poesía en su fragilidad es contradictoria, es un sí y un no al mismo tiempo.

Con ella podemos romper el silencio y algunos corazones.

Patricia Lara Pachón 





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El mundo a mi espalda

 

El mundo a mi espalda

Volar era aquello
que yo más deseaba
Y a pesar de intentarlo 
Una y otra vez y otra mas
La fuerza no me daba
Cargaba sin saberlo
El mundo a mi espalda 
Debí mirar alguna vez atrás 
Y quizá enterarme
Para tomar alguna decisión 
Y tal vez lograr 
Enmendarme.

Patricia Lara Pachón 




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La misma

 

La misma

Desde lejos la vi
No tan lozana 
Más bien mustia
Los ojos sin el brillo acostumbrado
Un rictus de dolor en los labios 
Arrugas incipientes aquí y allí 
Parecía muy agotada
Avanzaba eso sí con la dignidad acostumbrada.
No era sino la sombra de aquella que conocí 
De la mujer que un día
Me despreciara.

Patricia Lara Pachón 









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viernes, 16 de octubre de 2026

El santo sacrificio

 

El santo sacrificio

Todos los días a las 6:00 de la tarde, era ella la primera en llegar y sentarse al frente del púlpito. Lo veía con ese andar felino dirigirse al altar. El corazón se le ponía al galope, la piel se le erizaba, el rostro se cubría de rosa y la humedad la dominaba entera. No había cosa que ella no deseara de ese hombre aún a sabiendas de que de él no podría tener nada.
Todos los días a las 6:00 de la tarde, mientras él caminaba al altar, la veía sin verla, presentía su presencia, su aroma lo envolvía causándole locura, dejándolo al garete.
Todos los días a las 6:00 de tarde los buenos feligreses sentían un sofoco inexplicable, un no se qué que los conminaba a no faltar jamás a esa santa misa.

Patricia Lara Pachón 



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Lo presentía

 

Lo presentía

Lo presentía, aún antes de verlo su presencia me invadía entera.  Así que su escencia desbordaba mi espacio vital y me ahogaba en ansiedades. Deseaba acercarme pero temía la explosión que podría destruir su mundo, el mío, el nuestro.
Él, jugueteaba con mis ansiedades, se divertía al verme desvalida. su ausencia me vaciaba, de los dos y todos desaparecían ante su presencia. Eramos él y yo y yo y él y nada y todo al mismo tiempo.
Era él para mi  un agujero negro dispuesto a devorarnos. 

Patricia Lara Pachón 

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Mi niño

 

No podía dejar de mirarlo
Esas manitas minúsculas 
Ese pedacito de nariz como pegado al descuido
Esa lanilla desordenada arriba de su cabeza.
Esos ojitos tan vivarachos.
A veces me percataba
Que dejaba de respirar
Y yo con la suavidad de la madre 
Soplaba suavemente su 'mollera' 
Él lanzando un suspiro
Y estirándose 
Volvía a introducir aire en sus pulmones 
Para dejarlo salir audiblemente
No podía dejar de mirarlo
Era un temor cargado de orgullo
Yo era y soy su mamá.

Patricia Lara Pachón 




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Pequeña muerte

 

Pequeña muerte

Tus  sonrojados y jugosos labios, néctar de frutas frescas que me embriagan.  El deseo me ciega, la pasión me domina, mi mente se desboca y solo puedo y quiero, tenerte aquí muy cerca, oler tu tibio cuello, tu cintura, pasar con suavidad mi lengua por tu piel,  entrar en ti, poseerte. Tu aroma a almizcle y miel me convierte en tu esclavo, te deseo.  Verte ahí virginal reclinada en mi almohada y cubierta apenas con mi camisa blanca.  Recordar entonces todas aquellas  noches locas y  apasionadas. Deseo ardientemente tus uñas recién manicuradas, arañar con pasión y furor mi espalda torturada. Tu lengua me recorre por entero. El calor de tu piel, que me quema, me enciende y me enloquece.
Solo el almíbar que tu cuerpo emana estando acaballada en mí y me regala una y otra y quizá otra vez más esa pequeña muerte que al fin me deja a tus expensas y me produce calma.


Patricia Lara Pachón 




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Ardiente

 

Ardiente


El más mínimo roce de mi piel me lleva irremediablemente a tu recuerdo, ese momento tibio y cálido; ardiente y húmedo en el cual tu piel descansa sobre la mía. Yaciendo unidos y embriagados de besos y caricias cándidas al principio y tan apasionadas luego. Tu aroma inundaba mis sentidos y me hacía llegar al cielo. Aún hoy, en mi memoria táctil atesoro cada uno de tus ondeantes senderos; aquellos que recorrí despacio, sin prisa. No hubo ningún lugar en tu piel que no recorriera y que aún hoy, después de tanto tiempo yo no reconociera.

(Elaborado en cooperación con Luz Patricia, Taller de escritura Balandú)



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Mano sobre mano

 Mano sobre mano



Todos tenían buena suerte menos ella. Salían a trabajar todos los días y tenían posesiones, sus rostros sonreían. Se veían bien alimentados y saludables e incluso felices.  Ella mano sobre mano esperaba que le llovieran las bendiciones del cielo.


Patricia Lara Pachón 


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jueves, 15 de octubre de 2026

Poema

 

Poema

Tecleo ruidosamente, letras que al posarse en la hoja blanca, forman palabras y estas al acomodarse; agruparse, dan vida a un poema.

Patricia Lara Pachón 




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A primera vista

 

Amor a primera vista

Por fin me nota, por fin él se da cuenta que existo. Después de pasar una docena de veces frente a él, el me nota. Me mira con admiración, casi con pasión. Compruebo que efectivamente el amor a primera existe.

Patricia Lara Pachón 




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Tibias y saladas

 

Tibias y saladas

Desperté llorando. Eran lágrimas cálidas y saladas las que rodaban tibiamente por mi rostro y caían chapoteando adentro de la taza de café.  El calor quemó mis labios , fue en ese momento en que me desperté.

Patricia Lara Pachón 




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Corro

 

Corro 
Como alma que lleva el diablo. Miro atrás y lo veo. Ojos rojos, cola al aire, cachos puntiagudos, mirada maligna. Corro aún más.



Patricia Lara Pachón 




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El más bello

 

El más bello

Tiene una belleza extraña pensó. Pero en realidad sí era el más bello del lugar.

Patricia Lara Pachón 




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Cuentecillos muy cortos

 

El final


La abuela llenó de piedras la barriga del lobo y con ayuda del cazador lo arrojaron al río. La niña con su capota roja los miraba con una leve sonrisa.


Puntiaguda


De haber sido una muñeca de madera, mi padre sería Guepeto.


La flauta


Uno a uno los niños danzando se dirigieron al río, sus cabellos también bailaron en las ondas.


Patricia Lara Pachón




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La calle ochenta y ocho

  La calle ochenta y ocho  Era una calle larga, empedrada con milimétrica alineación. Cada roca había sido dispuesta con suma elegancia. Cad...