sábado, 10 de octubre de 2026

Los libros

 

Jugué en la calle hasta los 8 o 9 años. Dejé de hacerlo cuando aprendí a leer y encontré en los libros una compañía invaluable. En esas lecturas descubrí otros mundos, gentes diferentes a las conocidas, amores y odios.
Los libros fueron oasis que me alejaban de la vida conocida y me depositaban cuidadosamente en otras tantas, cargadas de emociones.
A veces viajar me parece demasiado cansado, porque un libro en la tranquilidad de tu hogar te lleva de tirón en tirón por universos que te pueden dejar sin aliento.
Yo, aquí... Disfrutando de lo que las páginas de un libro cualquiera.

Patricia Lara Pachón 




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Soledades

 

Soledades

Y se reunieron dos soledades
Ella aquí hablando su dialecto
Y yo allí pretendiendo entenderlo.
Yo aquí hablándole a ella
Ella allí, entendiendo lo que quisiera entender.
Amigas.
Siempre la hora del té las reunía;
La charla, las risas
Y el pretender hablar y entender lo que la otra decía.
(¿Raro? que va... Es lo que hacemos siempre aún hablando el mismo idioma)
Yo...
Como siempre aquí, contando cosas que a lo mejor nadie leerá y que si lo hace, posiblemente no entenderá tampoco.

Patricia Lara Pachón 




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Cosas que no me gustan

 

Cosas que le gustan a casi todos pero que a mí no me gustan. 

Las galletas oreo
Las cosas ácidas, el limón por ejemplo 
La miel
La carne de res
Los frutos de mar
Los pescados 
El chocolate "bebible"
Los bananos 
Y seguiré pensando en mi lista... 
¿A ustedes qué es lo que no les gusta?

Patricia Lara Pachón 




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La Osi

 

Ella y yo no nos conocimos en persona jamás. Eso sí compartimos más de treinta años en la virtualidad. Y por eso y gracias a eso fuimos hermanas.
Ella negra y muertas de la risa decíamos que negro ni el teléfono y éramos, fuimos hermanas.
Fueron tantas las risas burlándonos de lo tontas y humanas que fuimos y soy y por eso mismo es que fuimos hermanas.
Me acompañó y me retó como nadie, la acompañé y le pedí mil veces que no llorara porque los ojos se le ponían como cagaleras de vaca y a pesar de reír y llorar al mismo tiempo nosotras fuimos hermanas.
Ayer, a pesar de haberme prometido mil veces que me avisaría cuando eso pasara, ella no vino. Quizá al no haber recorrido este camino nunca, se perdió por ahí, a lo mejor en algún momento, en algún sueño risueño y "carcajeante"  caiga en la cuenta y me diga que está bien, que las cosas pasan por algo y que ahora ella descansa en paz acurrucada al lado del padre. 
Mi hermana, te quiero y te llevo en el corazón por siempre y para siempre.

Patricia Lara Pachón 




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Paqué será

 

Paqué será 

Avemaría purísima su merce'. Llego a esa casononona y dentro y allá me saludan lo más de amables paquevea y me dan de tragar y yo ni sabía como. Pero me di mis mañas me comí un poquito de todo porque como me dijo mi mama que no mostrará el hambre dejé de todo un tricitico. Es que taba muy rica esa comia y yo taba trancida dihambre su merce. Disimulé eso sí pues también me enseñaron que por pobre que uno juega, uno podía comer huevo pero debía eructar pollo. 
Como vieron que me moría de cansancio y de sueño pues se me arriscaban los ojitos me llevaron a una piesota con un camononón en la mita y me mostraron la letrina mas bonita que yuhabía visto en toa la vida.  Las luces brincaban en tuiticas partes y los ojos se me abrían de tanto mirar y mirar. Veo y toco un rollo de papelito comoeseda  que no se para que diantre  servirá y en un vaso lo más bonito hay un palito dorao con pelitos a un lao. Yuevisto que la niña de la casa tiene uno más grandecito con el que se peina el pelito. Pero; este tan chiquitico no se paquelo usaran. ¿Palas cejas su merce? Mimagino que también puede ser un juguete que se olvidó allá, algo papeinar las muñecas.  No me atrevo a agarrarlo y dañarlo o ensuciarlo. Mañana apenas pueda, le voy a dicir a la seño que se le olvidó a la niña ese juguete.  Es una cosa muy linda y delicada que no debería tar puahí tan descuidada.

Patricia Lara Pachón 




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Ya no

 


Ya no

Ya no tendremos esa cháchara anunciada
Ya no habrá risas y  menos carcajadas
Ya no disputaremos el sofá o la hamaca 
Ya no
Ya no nos dormiremos en la madrugada
Después de habernos puesto al día en la chismoseada
Ya no 
Te fuiste y no... dijiste nada.

Patricia Lara Pachón 



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Obsesión

 

Obsesión 

La luz, el agua, el aire
El afán de vivir
a pesar de esta existencia vana
aferrado con uñas
y dientes 
partir nunca será opción 
la vida a pesar de ella misma
Vivir, respirar aunque sea ese aire pútrido
lo hace despertar cada mañana 
el dolor le hace saberse vivo
sonríe 
hasta el momento va ganando 
el sol opaco, el agua contaminada
la vida
¿La vida?

Patricia Lara Pachón 




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Otoño

 

Otoño 

El otoño se fue metiendo en mi,
lento y seguro.
Las hojas antes verdes
doradas se tornaron,
el viento barrió mis amplias calles
empujándolas suave, 
alguna lluvia 
ocasionó un arrollo 
que se llevó mis penas;
hoy quisiera acunarlas,
embellecerlas,
hablarles suavemente. 
Pero el otoño se metió en mi...
y ya, no te recuerdo.

Patricia Lara Pachón 





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Instrucciones para escribir un poema

 

Instrucciones para escribir un poema.

Debo encontrar un lugar tranquilo que me inspire, llevo por supuesto libreta y lápiz, sacapuntas. Pero como me tengo fé;  solo mi  esfero. Extiendo una cobija en el pasto y pienso; ¿qué me inspira? Una nube quizá, un árbol puede ser, una hoja que se desprende y cae suavemente, una brizna de pasto. Ese hombre que me observa al pasar, la señora que al parecer envidia la paz que ella piensa que siento. A lo mejor el perro que viene y me olfatea, la hormiga que se quiere llevar una flor que acaba de caer a mi lado. El viento que despeina aún más mi cabellera. Agarro con más fuerza el esfero y decidida le pido inspiración al cielo. 
Deseo, quiero, necesito escribir un poema. Uno que hable de amor o desamor, uno que sea inspirador o que haga sentir queridos y orgullosos a mis hijos. Mientras lo pienso, la libreta se resbala de mis manos con el lapicero empujo a los insectos que se van adueñando del espacio preparado para inspirar mi poema.
De nuevo me concentro, me aferro a lo que tengo como si una tabla de salvación fuera.
"Quiero escribir los versos más tristes está noche" ah, verdad que ese ya lo escribió Ricardo Neftalí Reyes Basualdo y encima de todo lo hizo magistralmente.  "Y eran una sóla sombra larga" que vaina jodida. Así no voy a poder, José Asunción Silva se me metió en el cuerpo. 
Insisto, lapicero, libreta, inspiración... A dónde fuiste carajo.
Seguro en algún momento y hora, llegarás y me dictaras algo que pueda presentar el miércoles en mi tarea.

Patricia Lara Pachón 




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Como se escribe un poema

 

Como se escribe un poema 

Bueno... En vista de que aún no hago mi tarea lo intentaré de nuevo.
Buscar un sitio cómodo e inspirador
Llevar implementos de escritura
Suspirar profundamente y pensar en algo para escribir 
Poner una hoja blanca en frente y sobre ella un lapicero.
Suspirar de nuevo.
Mirar la hoja y mordisquear algún objeto.
Cerrar los ojos
Apretarlos con fuerza,
Pedirle al cielo inspiración.
Acomodarse mejor, mirarse las manos.
Escribir el título en la hoja:
"CÓMO ESCRIBIR UN POEMA" 
Intentar una frase
Arrugar la hoja, desecharla.
Ir a lavar la ropa, doblar la seca, acomodarla en los closets y ponerse a hacer las mil y una cosas que hay que hacer.

Patricia Lara Pachón 


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Mi gato

 

Mi gato

Mi gato es pequeño y peludo
En realidad no es muy pequeño 
Tampoco tan peludo 
Para acabar de ajustar 
Mi gato no es mi gato
Es el gato de mi hijo
O el gato de mi hija
Dos gatos a los que amo
Y cuido
Como si fueran míos
Ellos me hacen ronditas
Restregan sus colas en mis piernas 
Cuando me acerco a dónde ellos están
Con los brazos a mi espalda 
Para que no huyan
Ellos me regalan sus dulces ronroneos
Mis gatos 
No son mis gatos
Mi gato 
No, mi gato no es mi gato.

Patricia Lara Pachón 




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El viejo

 

El viejo

El árbol se cayó 
no fue necesario un rayo,
un viento blanco y frío 
lo arrojó al suelo.
Y yace ahí ahora
tan altivo como antes,
Imponente a pesar de la vida.
El árbol aún no sabe
que ayer 
su vida, se arrancó de cuajo.

Patricia Lara Pachón 





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domingo, 13 de septiembre de 2026

La boba

 

La boba

Era Viernes Santo y se encontraban varias personas reunidas en la cocina de la casa finca a la cual habían ido a parar después de que la avalancha además de destrozarles las vidas, los hizo perder todo incluso al miembro menor de la familia, "Carmenza", después de esta tragedia, la mayoría de la gente daba por "loca" a Rosalba, una mujer joven y bonita, pero agotada por el dolor; a lo mejor los otros no estaban lejos de la realidad, pero eran de sobra los motivos para que ella se encontrara así.  Ahí, parada frente al fogón de leña, preparaba un café en agua de panela; mientras miraba sin ver por la ventana abierta de par en par, la oscuridad en la que iba cayendo el cafetal.  A su lado y hablando de los  ritos religiosos de esa semana estaban su cuñado y su hermano y al lado de ellos una mujer con algún tipo de retraso mental a la que se le notaba un embarazo ya muy adelantado.  Ella al parecer hacía parte de los "muebles" de la finca.
De pronto un grito ahogado sale de la garganta de Rosalba, alega que acaba de ver una luz bailando en el cultivo cercano.  Los hombres gritan con asombro primero y con alegría después ya que presumen es el aviso de un entierro que los hará muy ricos. Le piden a Rosalba que señale con precisión el sitio y le piden que se quede con la otra mujer en la cocina, les aconsejan que por nada del mundo se acerquen a donde ellos van a estar para que el "entierro no se esconda".  Agarran pica y pala y se van dispuestos a extraer de la tierra la riqueza que esa noche se les ofrece.  Golpean hasta encontrar un sitio "hueco"y allí empiezan a escarbar con cuidado, separan piedras e incluso raíces;  no paran hasta que escuchan un golpe fuerte y un temblor de tierra que casi los deja sentados, han alcanzado a ver las ollas de barro e incluso el brillo del oro en una hendija que se abre y se cierra tan rápido que los deja deslumbrados. El susto tan espantoso hace que la boba que con sumo cuidado se había acercado a observar lo que los hombres hacían empiece su trabajo de parto, se preguntan qué deben hacer, si ir por la matrona o seguir el camino que trazó el entierro al esconderse.
Ya para qué llorar sobre la leche derramada, el oro se había ocultado y quien sabe a donde iría, la boba en su curiosidad le había hecho perder la gran riqueza imaginada.  Ahora una nueva vida se abría camino.

Patricia Lara Pachón 

Queridas mías

 

Queridas mías

Te llevo siempre en mi corazón, eres mi niña amada, aquella a la que consiento cada vez que puedo, tratando de consolar tu corazón herido. Sé que olvidaste muchos de aquellos dolores y sé con seguridad que los bloqueaste a propósito; ya eran demasiados como para querer aceptar dos, o tres o más. Te abrazo cada día con el amor de madre que aprendí amando a otros. Te acuno tiernamente en mi corazón, te doy obsequios y te dejo mirar por el rabillo de mis ojos las maravillas de la creación.  Te he enseñado que sí había motivos para desconfiar de lobos vestidos de ovejas, pero también aprendiste que había gente buena que en realidad quería ayudarte y hacer de ti una mejor persona. A ellas les doy las gracias desde aquí.  Te felicito y agradezco haber hecho tanto para convertirte en la mujer que soy,  que somos ahora.
¡Te acuno en mi corazón con todo mi amor!

Adorable viejita deseo estés  plena y feliz y sientas desde esa playa dorada que cumpliste, sobre todo contigo. Deseo que la tranquilidad te esté cubriendo igual que el sol tibio te acaricia amorosamente. Se que tambien tu abrazas en tu alma a todas aquellas que te precedimos y de cada una de nosotras guardas recuerdos, lindos unos y otros no tanto, pero de cada uno de ellos aprendimos.
El sueño de tener una cabaña que mira al mar se nos hizo realidad y ahora ahí estamos todas.  Ahora solo nos queda esperar mientras hacemos esa infinidad de cosas que nos encantan, a que venga la abuela Maria la O. a recogernos y llevarnos a esa su casa blanca, llena de luz y tan amorosamente cálida.
Desde mi yo de hoy te abrazo y prometo cuidarme para cuidarte y que tengas; tengamos una vejez saludable y armoniosa.

Todas las que fuiste; te amamos.

Patricia Lara Pachón 


El río Cauca fue testigo

 

El río cauca fue testigo

Lo recuerdo como si hubiera sido ayer, había llegado hacía unos días a la casa de mi abuela. Otrora entre un frondoso bosquecillo que ahora  se veía macilenta, detrás de una enorme construcción de cemento que sería el nuevo colegio del pueblo.
Una noche entre otras, mis tías y yo nos sentamos entre adobes y arena a contemplar la noche estrellada. Hablábamos de todo y de nada, nos reíamos, a veces con suavidad y otras en estentóreas carcajadas.  Siendo ellas mayores, la diferencia de edad no era demasiado grande, entre cinco y ocho años aproximadamente.
Retomando la historia, la tía Gloria que era la mayor tuvo una genial idea. Nos sugirió que al levantarnos cada una se llevara como al descuido el adobe sobre el cual estaba sentada. Quería ella construir un fogón. Obedientes y muertas de risa por la broma, mi otra tía y yo procedimos a cargar con el botín.  Supongo hoy por hoy, que debería ser un robo continuado para poder terminar la obra. Dejamos los adobes en el baño y nos fuimos a dormir el sueño de Aladino y sus cuarenta ladrones. 
Estábamos en el mejor de los  sueños de la mañana cuando escuchamos gritos aterradores, mi abuela Maria La O. usando su mejor vocabulario callejero amenazaba a los ladrones que habían dejado el botín en su baño, con entregarlos a la justicia.  "Hijueputas" era la palabra más comedida que ella usaba. Mi tía Gloria corrió a calmarla, explicándole lo que planeaba hacer pero fue peor ¡Dios mio!
¿Cuando les he enseñado a robar? ¿Cuando me han visto agarrar siquiera una aguja sin permiso? Los cuándo se sucedían raudos, entreverados con palabrotas. Ya al final  y muy seguramente agotada por la explosión de ira dijo con voz suave pero perentoria, "salen ya mismo a devolver los adobes", pero mamá; (suplicaba mi tía) dejenos al menos  hasta la noche para hacerlo con disimulo.
Pero no, ella con la tranquilidad que la caracterizaba dijo:  "que todo el mundo vea que son unas ladronas"
Así que en pijama, descalzas y muertas de vergüenza, cada una de nosotras agarró el producto del hurto y lo devolvió ante las miradas pícaras y sonrientes de los obreros del colegio.
Sí, debo admitir con descaro, que ese fue mi primer hurto.

Patricia Lara Pachón 

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Inventario

 

Inventario

En la maleta de mi viaje soñado voy a llevar las miradas largas y plácidas de mi abuela, el olor del cuello de mis hijos, el calor de la arena de una playa conocida, el sonido de un hilo de agua en Damasco, la flexibilidad de caminar por las calles empinadas del barrio Fátima, la sensación de calidez y frío de las madrugadas de mi adolescencia en mi natal Manizales, el sabor de unos besos y quizá también la complicidad de mi tia.

La tarjeta que me enviaré dirá:  "No olvides tu sueño, no lo abandones, gracias a ti y a él; ahora yo estoy aquí, en tu propia playa y a la sombra fresca de tu linda cabaña.
...
Mientras miro este hermoso amanecer, sorbo despacio y disfrutando un café caliente y aromático, la leche de coco le da una característica fragancia, veo ante mí un platón grande lleno de bananos, mamoncillos, anones, mangos, naranjas y limones; de soslayo veo el patio de mi casa y se con pasmosa seguridad que soy feliz.  Amo el silencio y  cualquier canción o música por maravillosa que sea, sacará de mis oídos el arrullo del mar, el susurro del viento, el trino de las aves e incluso el chisporroteo que el calor del sol genera en el tejado.

La palabra que evoca todo ese instante es "Edenifica" ya que es el compendio de un todo en otro todo que soy yo en ese mismo momento, lugar e instante.

Patricia Lara Pachón 





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La gema

 

La gema

El brillo del anillo llamó poderosamente su atención. Fue curioso, pues al ponerle más cuidado notó, el polvo acumulado, grasa adherida al interior, la piedra opaca; sintió en ese momento algo de temor pero el reflejo de introducirlo en el dedo anular fue más rápido. Le quedó flojo, así que el dedo índice fue el siguiente seleccionado. Ahí calzó perfectamente. Se puso la mano ante los ojos queriendo apreciar la belleza del objeto, pero lo que vio fue algo que se movía dentro de la perla. Raro, le pareció raro ya que no era un objeto translúcido. Lo acercó aun más a sus ojos, encendió la luz, se acercó al bombillo y cada vez era más claro que algo se movía al interior de ella.  Buscó una lupa, pero no logro apreciar más de lo que veía a simple vista. Decidió quitarse la prenda pero por más esfuerzos que hizo, ésta se ajustaba aun más a su dedo, causando incluso un poco de dolor. Se lavó las manos, se puso jabón, crema de manos, aceite y nada funcionó. El anillo se aferraba a su dedo y entre más esfuerzos peor era el apretón. Decidió que iría al día siguiente a hacer cortar el metal en la ferretería.
Durmió intranquila y al despertar estaba cómodamente acomodada adentro de una sonrosada ostra.

Patricia Lara Pachón 




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La estatua

 


La estatua 

Escanció el vino y lo bebió despacio, excesivamente despacio, ya que la certeza de que su vida no sería igual lo invadió. Verla sentada en el sofá, erguida, estática; semejante a una estatua de mármol, lo hizo entenderlo. Siguió bebiendo despacio hasta dejar la botella vacía. La arrojó a las crepitantes llamas de la chimenea, tiró ahí también la sucia y arrugada carta, caminó hasta el sofá y se sentó al  lado de ella. Ahora la estatua se completaba.

Patricia Lara Pachón 




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El olor del café

 

El olor del café 
Me dirigí a la casa de la abuela, la esperanza de verla frente a la puerta con las manos en la cintura y esa sonrisa más, en los ojos que en los propios labios desapareció en el mismo instante. No ignoraba yo, que ella había partido hacía ya muchos años. Que ya la paz que me transmitía igual que ella ya no estaba. 
La puerta roja cerrada, el silencio de ella, su ausencia, me llenaron de desasociego.

Patricia Lara Pachón 




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Michelle

 

Michelle


Como casi todas las tardes en mi casa, estaba yo leyendo sentada en un vetusto mueble de la sala, siempre intenté que se vieran limpios y cómodos a pesar de que en realidad eran unos monstruos armados y desarmados por mi.

Mi vida se remitía a ir al colegio en las mañanas y en las tardes ocuparme de labores de limpieza como virutear y encerar los pisos hasta dejarlos como espejos, también preparaba algunos alimentos para la familia; mis hermanos, mi madre y alguien adicional que tampoco faltaba nunca en casa. Y después y para mi pleno disfrute leer, leer todos aquellos maravillosos libros que mi hermano le compraba rigurosamente a un muchacho que trabajaba en "Círculo de Lectores". Tuvimos una maravillosa biblioteca con autores grandes maestros escritores que llenaron mi imaginación de situaciones y personajes magníficos.

Les contaba que estaba sentada leyendo cuando entró mamá con un saco de lana viejo, raído y muy sucio y arrojándolo a mis piernas me dijo; "tóme; se lo regalo". Conocedora de lo bromista que era mi madre, y mientras la observaba con asombro, empecé a desenmarañar el saco, esperando encontrarme una culebra, lo que vi con admiración fue un minúsculo gatito. Cabía él en la palma de mi mano y tenía aún los ojos cerrados. Se le notaba agotado y como si estuviera ya en sus últimos momentos, con lo que no contaba ese pequeña mota de pelos amarillos, sucios y cubiertos de pulgas era con el gran amor que siento por los animales. Inmediatamente corrí a la cocina y tibié leche, y con la yema de los dedos se la fui poniendo en esa minúscula boquita, cuando estuvo saciado, procedí a buscar una caja y con la ayuda de mi novio que llegó providencialmente en ese momento y sabiendo la necesidad de calor que tendría, adaptamos un termostato de un acuario en desuso, lo introdujimos en una botella con agua y lo colocamos en la caja, alejado del gatito. Al cabo de un ratito fuimos a ver como estaba y resultó que la cantidad de agua para el termostato, fue demasiada y casi cocinamos al pequeñín. Así que casi tuve que ser madre canguro. Era más el tiempo que lo tenía en mis brazos que el que estaba en su cajita. Cada dos horas más o menos iba a verlo y a alimentarlo en las noches.  

Fui su madre, y la única familia que conoció fue la mía; mi mamá, y mis hermanos.

Al cabo de unos días nos enteramos que era niña, así que dejó de ser Míchel, y se convirtió en Michelle. Mi primogénita, la niña que llegó a enseñarme lo que es el amor desinteresado.

Ella jamás reconoció la raza gatuna como propia, para ella nosotros éramos su madre, su abuelita y los tíos. Alguna vez vio un gato en el patio y corrió a ocultarse, jamás maulló y se quedó ciega pronto, tampoco duró mucho, a lo sumo cinco años.  

Pero, y este es un pero, pero de los buenos. La amamos mucho, la salvamos de una muerte temprana al lado de sus otros dos hermanitos y la llevo en el corazón por siempre y para siempre.


Yo.

Patricia Lara Pachón



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Los libros

  Jugué en la calle hasta los 8 o 9 años. Dejé de hacerlo cuando aprendí a leer y encontré en los libros una compañía invaluable. En esas le...