Gato lo llamaron
Egoístamente mío
Cosas mías... Personales e intransferibles.
sábado, 21 de marzo de 2026
Gato lo llamaron
En el centro comercial
En el centro comercial
Ayer, estaba con mi hija en un centro comercial, ya habíamos decidido regresar a casa y habíamos pedido transporte. Así que nos ubicamos en una de las puertas. De pronto vemos que sube los escalones un invidente ayudándose de su bastón; con el cual toca un triángulo que señala que el piso está mojado. Así que se tarda una fracción de segundo en cambiar de rumbo, ayudado también por un vigilante de dicha entrada. De esta manera, queda girado directamente hacia nosotras. Retoma su rumbo tan rápido como venía. Nosotras viendo el choque inminente, saltamos una a la derecha y la otra a la izquierda. Inmediatamente la risa me domina mientras pienso; me voy a condenar.
Sólo somos un número
Sólo somos un número
Escucho al hombre detrás mío en la sala de espera. Presumo que habla por teléfono. ¿Ya llegó Sergio?
Esta era una ella
Ésta era una ella
Mientras pueda
Mientras pueda
Para dejar de beber
"Ay remedios dejen de tomar mi abuela decía de uno flor de sauco se llena un frasco de vidrio de café chico y le llena de alcohol y lo envuelve en un trapo negro no le de luz y cada que pueda agitelo y lo guarda otra ves sin destapar del trapo y dure así 20 días y al 21 días le da de 8 a 10 gotas si tiene mucho tomando 3 meses diario si tiene poco tiempo 2 meses y dios con fé deje de tomar primero dios la flor de sauco la busca dónde vendan hierbas y el alcohol de 96 grados comestible en una licorería. Y muchas bendiciones"
(Visitando facebook, me encontré con esta receta que copie y pegue textualmente. Se preguntarán porqué? También me lo cuestiono, pero adoré el comentario)
Perdon, pero apenas ahora caigo en la cuenta que no respeté el nombre del autor u autora. Mis disculpas.
Demasiado miércoles para ti
"Era demasiado miércoles para tí"
Caminos
Caminos
Olvido
Olvido
Peleando ando
Peleando ando
Adora su recuerdo
Adora su recuerdo
Atrapada en las palabras
Atrapada en las palabras
IA
IA
Carta a Patricia
Carta a Patricia
Hola querida, desde aquí y mirando en retrospectiva quiero decirte que lo hiciste muy bien, de haber tenido tan pocas oportunidades, mira hasta donde has logrado llegar, y date cuenta que aún falta. Sé que jamás te visualizaste en quién eres ahora. Nunca soñaste con esposo e hijos, pero ahí están y los disfrutas. Te preguntarás cómo lo hiciste y no hay explicación alguna. Así como si de un tejido se tratase fuiste dando puntadas, uniendo retazos, poniendo botones, cremalleras, y adornos mil; ahí están ahora esas bellas creaciones. Fácil no ha sido, pero ahí vas. Sin prisa y sin pausa.
Techo y hogar
viernes, 27 de febrero de 2026
La muerte
Implacable
Reflejos II
Reflejos II
Se ve a través de mí y su imagen difusa se refleja en otra como yo. Ella instintivamente cada que se ve, piensa en el momento en que no esté y se imagina como un espíritu que espanta en esa casa, en esas casas.
Ella no sabe cómo es morirse y quedarse atado a un lugar, a un tiempo, a unos objetos. Yo si lo sé. He vivido sempiternamente las vidas de estos y de aquellos. Yo sé, que los espíritus van hacia la luz cuando eso quieren. No antes. No es que no se hayan dado cuenta de que murieron. Es que sienten que aún les quedan cosas por hacer, o sencillamente no quieren dejar lo conocido para ir a experimentar lo desconocido.
Ella no alcanza plenamente a verse en la otra yo, y me da rabia esa invisibilidad que me acompaña, pero sí se imagina; se ve el cabello enmarañado, las gafas, que se reflejan aquí y allí y luego en ellas mismas y brillan como ojos de gato en un callejón oscuro. Ella se imagina, más que verse realmente. Pero en serio quiere quedarse por siempre allí, a pesar de haberle pedido a todo aquel que quisiera oírla que no la dejen penando en en vano. Ella desea dejar de limpiar y de lavar, también quiere dejar de cocinar. Prefiere pensarse parada en un rincón, haciendo ruidos que llenen de miedo a los que se atrevan a entrar en su casa, hablándoles al oído, o sencillamente pasándoles por el cabello o el rostro, sus manos heladas. Yo desde aquí la observo, estoy llena de polvo empegotado por las gotas de lluvia acontecidas durante años, me da rabia pensar que a pesar de que me usa con alguna frecuencia, yo en realidad no le importo. No le inspiro ni un instante de su valioso tiempo para pasar sobre mi, un pedazo de tela o un trozo de periódico. Bueno... Ella es así y lo ha sido siempre. No sé le puede pedir más, pues hace lo que puede. Es que el deseo de ser reconocida en las letras es un sueño que está a la vuelta de la esquina, aún cuando ella aun lo ignora, igual que desconoce tantas otras cosas importantes para ella pero quizá insignificante para los demás. Los sueños son como los dolores y otras tantas cosas personales e intransferibles. Y lo que uno mismo, como decía su tia abuela, no haga, a nadie más le interesará hacerlo, bien. Igual que ella se ve, la ven los suyos y también la veo yo, que no solo la observo como es hoy, sino como fue ayer y como será mañana.
Patricia Lara Pachón
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Reflejos
Destino
Destino
Gato lo llamaron
Gato lo llamaron Gastón caminó hacia la alta montaña, alcanzó la cima y vio un amplio prado amarillo con arbustos dorados; amapolas rojas ...
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