El tiempo que oscurece la mirada... A veces
No es que la vida en la calle ochenta y ocho fuera aburrida, solo era predecible y tranquila. Todos sabían que esperar en cada momento. Pero eso era bueno. Muchos de ellos estaban aburridos de los sobresaltos en sus vidas anteriores. Casi nadie partía del centro del volcán para retornar a su vida anterior. Es más, quien lo hacía casi nunca encontraba a aquellos que había dejado, pues el tiempo transcurría muy diferente aquí y allí.
Octavio estaba feliz casi siempre con esa vida, pero eso no impedía que de cuando en vez extrañara a los suyos. Sabía que les había ocasionado un gran dolor a sus padres y eso a veces le oscurecía la mirada, en momentos como esos, sus compañeros suspiraban y se miraban las manos deseando apretar otras muy queridas entre las suyas.
Octavio el Octavo influía mucho en el estado anímico de sus vecinos en la calle.
Patricia Lara Pachón
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