Trabaja de día
Trabaja de día que la noche es mía, escuchó que le susurraba el patas al oído. Su abuela se lo había dicho siempre. El oficio, los quehaceres, cualquier tipo de trabajo había que hacerlo a la luz del sol para que fuera santificado.
Trabaja de día que la noche es mía, escuchó esas palabras arriba de las escaleras. Se llenó de temor pues debía continuar sus labores allá.
Subió despacio, usando la mini aspiradora que no por pequeña era silenciosa. El ruido le ensordecía. A pesar de eso escuchó...
Trabaja de día que la noche es mía. Esa voz salía del cuarto al final del estrecho corredor.
Siguió sin prisa y sin pausa, deteniéndose ante cualquier mancha que percibía en las paredes o el piso.
Notó con suma alegría que la luz empezaba a filtrarse por los resquicios de las ventanas. Al llegar al cuarto, el gallo cantó alegremente y la luz inundó todos los rincones.
Su corazón dejó de latir de prisa y al llegar a la cama se recostó cansada.
Había llegado el momento de descansar. La siguiente noche la llenaría de nuevo de zozobra y de terror. La adrenalina le haría dejar la casa como un espejo.
Patricia Lara Pachón
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