Monstruos
Y se encontraron el tuyo y el suyo y al reconocerse ardió todo. La feroz destrucción empezó. Rojo y negro y negro y rojo. No había cabida para nada más. Los ojos brillaban con furia y fuego y la saliva hacía espuma que corría desde los labios a la barbilla y de allí a la camisa totalmente empapada. La furia ciega no les permitía ver más allá. Sangre y fuego. Ira que ya nada contenía. Destrucción y muerte y muerte y destrucción ya nada más cabía.
Patricia Lara Pachón
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