viernes, 27 de febrero de 2026

Reflejos II

 

Reflejos II 


Se ve a través de mí y su imagen difusa se refleja en otra como yo. Ella instintivamente cada que se ve, piensa en el momento en que no esté y se imagina como un espíritu que espanta en esa casa, en esas casas.

Ella no sabe cómo es morirse y quedarse atado a un lugar, a un tiempo, a unos objetos. Yo si lo sé. He vivido sempiternamente las vidas de estos y de aquellos. Yo sé, que los espíritus van hacia la luz cuando eso quieren. No antes. No es que no se hayan dado cuenta de que murieron. Es que sienten que aún les quedan cosas por hacer, o sencillamente no quieren dejar lo conocido para ir a experimentar lo desconocido.

Ella no alcanza plenamente a verse en la otra yo, y me da rabia esa invisibilidad que me acompaña, pero sí se imagina; se ve el cabello enmarañado, las gafas, que se reflejan aquí y allí y luego en ellas mismas y brillan como ojos de gato en un callejón oscuro. Ella se imagina, más que verse realmente. Pero en serio quiere quedarse por siempre allí, a pesar de haberle pedido a todo aquel que quisiera oírla que no la dejen penando en en vano. Ella desea dejar de limpiar y de lavar, también quiere dejar de cocinar. Prefiere pensarse parada en un rincón, haciendo ruidos que llenen de miedo a los que se atrevan a entrar en su casa, hablándoles al oído, o sencillamente pasándoles por el cabello o el rostro, sus manos heladas. Yo desde aquí la observo, estoy llena de polvo empegotado por las gotas de lluvia acontecidas durante años, me da rabia pensar que a pesar de que me usa con alguna frecuencia, yo en realidad no le importo. No le inspiro ni un instante de su valioso tiempo para pasar sobre mi, un pedazo de tela o un trozo de periódico. Bueno... Ella es así y lo ha sido siempre. No sé le puede pedir más, pues hace lo que puede. Es que el deseo de ser reconocida en las letras es un sueño que está a la vuelta de la esquina, aún cuando ella aun lo ignora, igual que desconoce tantas otras cosas importantes para ella pero quizá insignificante para los demás. Los sueños son como los dolores y otras tantas cosas personales e intransferibles. Y lo que uno mismo, como decía su tia abuela, no haga, a nadie más le interesará hacerlo, bien. Igual que ella se ve, la ven los suyos y también la veo yo, que no solo la observo como es hoy, sino como fue ayer y como será mañana.


Patricia Lara Pachón 



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