Llegó Michelle
Como casi todas las tardes en mi casa materna, me encontraba leyendo, sentada en un desvencijado mueble de la sala. Mi vida se remitía en ir al colegio en las mañanas y en las tardes hacerme cargo de algunas labores familiares; tales como la limpieza de la casa, virutear, encerar, brillar los pisos de madera y dejarlos como espejos. También preparaba la cena para la familia; mi madre, mis hermanos y alguien más, ya que casi siempre había al menos una persona más. Luego, y para mi disfrute absoluto, me dedicaba a leer, leía uno a uno esos maravillosos libros que mi hermano compraba religiosamente a algún vendedor de "Círculo de Lectores". Tuvimos gracias a eso una maravillosa biblioteca de grandes escritores. Maestros mundiales de las letras que poblaron mi imaginación con personajes y situaciones increíbles.
Les contaba entonces que me encontraba leyendo cuando llegó mamá con un viejo y sucio saco de lana en las manos y sonriendo me lo arrojó a las piernas diciendo que me lo regalaba. Temerosa lo desenvolví esperando una culebra, pero lo que me encontré maravillada, fue un minúsculo gatito. Cabía justamente en la palma de mi mano y tenía los ojos apretados en un rictus de temor, se notaba muy agotado y casi sentí que esperaba la muerte pero, con lo que no contaba esa pequeña mota amarilla, sucia y llena de pulgas era con el amor maternal que he sentido siempre por cualquier desvalido. Corrí, tibié leche y con la yema del dedo se la fui poniendo en la boca, ya llenito y más tranquilo, busqué una caja y le organicé su cama, mi novio reparó un termostato que encontramos de un acuario abandonado, el cual introdujimos a una botella con agua para suministrar calor al gatito pero casi ocasionamos una tragedia, ya que el calor fue excesivo, afortunadamente, estaba tan pendiente que no le sucedió nada malo. Cada dos horas iba a verlo y a alimentarlo. Fui su madre y la familia que conoció fue la mía.
Al cabo de unos días supimos que en realidad era una gatita y fue llamada "Michelle", ella fue mi primogénita, con ella aprendí del amor desinteresado. La amé mucho y la llevo en mi corazón por siempre.
Patricia Lara Pachón
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