Una
sola mirada a la cruda realidad, de ver a aquel que amaba metido entre otros
brazos, observarlo feliz besando con pasión, fue suficiente y una a una las
mariposas amarillas que poblaban su estómago murieron fulminadas. Ella
intentó revivirlas. Les habló suavemente, les contó sus recuerdos y al
hacerlo; derramó muchas lágrimas. Y las lágrimas que fluyeron fueron
tantas que al correr por sus mejillas cauterizaron las heridas abiertas y el
dolor fue pasando. Pensó que era el momento de volver a intentarlo y lo
hizo, no se puede decir que no lo hizo; no se puede decir, que ella no lo
intentó. Su corazón perdonó el engaño, olvidó las afrentas, borró de su
memoria el recuerdo fatal. Su estómago
en cambio con maligna destreza, ahogaba una a una las dulces mariposas amarillas
que intentaban habitar en él.
jueves, 30 de mayo de 2013
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