La palabra se me
convirtió en un vicio.
Yo hablo poco.
Escribo mucho.
Mis dedos no saben
guardar secretos
y acarician el lápiz
y el papel
o el teclado
y cantarinamente
dejan su huella.
Llegó Michelle Como casi todas las tardes en mi casa materna, me encontraba leyendo, sentada en un desvencijado mueble de la sala. Mi vid...
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