Primero fueron llamaradas rojas y luego amarillos indescriptibles.
Que hermosa mañana nos regaló Dios.
¡Cuanta belleza!
Que hermosa mañana nos regaló Dios.
¡Cuanta belleza!
Jugué en la calle hasta los 8 o 9 años. Dejé de hacerlo cuando aprendí a leer y encontré en los libros una compañía invaluable. En esas le...
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