sábado, 20 de diciembre de 2014

Mariposas







Las mariposas amarillas me cubrieron completa. Fue una experiencia maravillosa; sentir cómo sus alas me acariciaban y dejaban en mí el polvillo dorado que las cubría. Luego de un rato, depositaron su mayor tesoro, huevecillos minúsculos cargados de vida, de promesas, de sonrisas y de alegría. Sentí cuando las larvas se fueron liberando y se arrastraban buscando el mejor lugar para alimentarse y ya saciadas y convertidas en orugas, construir sus crisálidas. Si al principio fueron cientos ahora me cubrían miles, millones de mariposas que abriendo sus alas al sol partieron dispuestas a dejar no solo su semilla sino también la mía. Pues yo había sido su hogar, su casa.
Patricia Lara P.

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