lunes, 15 de agosto de 2016

Oración matinal



Mis oraciones de la mañana, por razones poco parecidas a las de este relato, se han visto desviadas en los días recientes. Pensando en mis distracciones y en qué otras ideas nos sacan de nuestro centro, desviando nuestra atención, surgió este relato.
Aclaro, para quienes aún no se enteran:
1) Es un ejercicio literario, por lo que hace uso de uno que otro recurso del lenguaje, como las imágenes sensoriales, por ejemplo.
2) Contiene ideas "non sanctas", pero son solo eso, ¡ideas!
3) No soy responsable de lo que recrees al leer mis escritos, pero me alegrará mucho si hacen volar tu imaginación, ¡que para eso -y para divertirme- los creo!
4) Espero que lo disfrutes desde la limpieza de tu humanidad y la mía.
5) ¡No hay cinco! :p
¡Va cueenntoooo!      
                                   
Oración matinal

Una caricia sutil le recuerda que es hora de levantarse y agradecer por un nuevo día.
Arantza reza cada mañana, aún antes de despuntar el alba. Arantza reza y agradece a Dios por la delicia del contacto de esa otra piel, tan humana y tan divina. Arantza agradece y también ruega. Ruega que nunca le falte esta pasión que Néstor, religiosamente, le hace sentir a cada instante del día. Y, entre lúbricos suspiros y cálidas caricias, invoca el nombre de Dios junto al de su amado, cuando casi desmaya de terrenal gozo.
Desayunan juntos; agradecen también los alimentos y, al despedir a Néstor en la puerta, Arantza lo encomienda en protección: Arcángel Miguel delante, y piensa en el hermoso y bien delineado torso desnudo de su marido... Arcángel Miguel detrás, ahora vienen a su mente esos glúteos tan bien definidos y ligeramente voluptuosos gracias a la práctica beisbolística cotidiana... Arcángel Miguel a la derecha, esa derecha con la que la abraza protectoramente... Arcángel Miguel a la izquierda, ¡el lado de su corazón, que se acelera vertiginosamente cuando hacen el amor!... Arcángel Miguel arriba, mejor terminar la oración, que ya Néstor se va... Arcángel Miguel abajo, ¡o donde él quiera!, que cualquier posición les va bien... Néstor parte, huyendo a disgusto de los besos de su amada Arantza. Ella hace tres cruces en el aire, mientras termina su oración: Arcángel Miguel, Arcángel Miguel, Arcángel Miguel donde quiera que vas; yo soy su amor protegiendo aquí, mariposas en el estómago... y así, sigue en sus oraciones, evocando impúdicamente la dulce y sensual virilidad de su amado. Y, entre un fervoroso amén y un gloria, Arantza duda. Cuanto más reza, más duda... Duda si se redime o se condena. Y agradece por cualquiera de las dos. 

B. Osiris B.

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