sábado, 20 de agosto de 2016

Brunilda Motorizada (¡comienza la aventura!)



Esto dejó el atardecer del viernes:

Brunilda Motorizada (¡comienza la aventura!)

Llegado su aniversario número cincuenta, Brunilda decidió ser un poco más arrojada y comenzar nuevas experiencias. –“¡Sí!”, se dijo a sí misma, –“¡Bien me vendría un poco de aventura para entrar en calor en esta nueva etapa!” Así dispuesta, nuestra rana cincuentenaria (y un poco más) se puso en marcha a escribir su “bucket list”… y he aquí lo que escribió, para empezar:
Este tiempo nuevo estoy dispuesta
a manejar una gran motocicleta,
soy una rana que muchas cosas quiero
así que, de hoy en más –y antes de enero-
conquistaré también a un sapo aventurero.
Me llevaré el tren, me llevaré hasta el rail,
por eso también montaré un negocio rani-mail.
Además, anhelo, además, yo quiero
levantarme a un sapo, ¡un sapo aventurero!
que me haga vibrar el corazón (¡tun-tun!)
con un look soberbio (¡ni morena, ni rubia,
yo, más bien, quisiera un buen estilo punk)
besaré al galán, bailando en la lluvia.
Quiero algo vibrante, quiero algo sabroso
como tomar vino a orillas de un río caudaloso
me llamarán loca, quizá extravagante,
pero yo quisiera, conducir un elefante,
que más da que piensen, ni el “qué dirán”,
si yo quiero ser una famosa “bar-ran”
batiendo cocteles de muchos sabores.
¡Quiero experiencias, quiero nueva vida!:
saltar de un zamuro con paracaídas,
practicar pole dance en un coliseo,
tirar tres monedas a un pozo de deseos
embrujar cocuyos, ¡hasta encantar sogas!
y también quisiera hacer terapia yoga…
Y así, la lista va creciendo a cada instante. Súbitamente, se le viene un color a la mente y grita: –“¡Naranja… tiene que ser naranja!”. Sin titubear, busca su tarjeta de crédito y hace una llamada. Se la oye preguntar por las clases, la garantía, el kilometraje y –de repente- agarra sus muleles y emprende, a saltos, su viaje… Nadie sabe dónde iba, nadie supo a dónde fue; pero Brunilda, al cabo de unos días, apareció por una vereda, acompañada de una cigüeña con visera de chofer y una motocicleta naranja. Fueron días de euforia, gritos, cornetazos y sustos en los predios de la charca, pues resultó ser que –con profesor de manejo incorporado- esta temeraria y voluntariosa rana acometió de frente la primera tarea de su lista ¡y se dispuso a manejar su motocicleta naranja!, siempre acompañada por el bueno de Leonardo, la cigüeña que con harta paciencia –y no sin muchos sustos- estuvo doce largas jornadas acompañándola en la aventura.
No escaparon a la aventura los sobrinos de Pascual, que uno a uno se dieron su “colita” y casi van a dar al fondo de la charca; o Rengifa, quien –distraída por querer cazar un ratoncito de campo al inicio del ocaso- no se percató de que la acelerada Brunilda venía como una tromba a interrumpir su festín. También fueron víctimas –y victimarios- Cáspulo y Raúl, que no dudaron ni por un momento en tomar una o dos clasecitas, y que –osados y alocados como son- se fueron de farra hasta los acantilados con Leonardo y Brunilda.
La aventura terminó pronto, porque Brunilda comprendió que aquel armatoste la distraía mucho y la alejaba de sus labores en la charca, así que la estacionó en un claro, con un glamoroso cartel de “SE VENDE”. Allí se encuentra la motocicleta, glamorosamente adornada con un cobertor a cuadros verdes y naranja, esperando un comprador. Mientras tanto, nuestra ranita revisa su lista de deseos, a ver cuál será la próxima aventura, no sin la desaprobación de la aún conmovida Rengifa, o las carcajadas divertidas de Julián, Raúl y Cáspulo, que disfrutan de lo lindo la indignación de la vieja lechuza y animan a Brunilda en su promesa de diversión.
¿Y Leonardo?, de él poco se supo, luego de la aventura de los acantilados, cuando quedó ebrio y prendado de una tigra mariposa.
¡Y colorín colorado, la aventura ha comenzado!
Espérate ahí un tantito y te traeré otro cuentito: D

B. Osiris B.


Mija, creo que Brunilda tendrá unas cuantas aventuras

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