miércoles, 15 de febrero de 2017

Pobre hombre


Pobre hombre. 

Pobre hombre; La vida nunca le había parecido demasiado.  No entendía las sonrisas ni el brillo en los ojos de algunos.  Para él todo era tristeza, desolación  y desencanto.
Intentó varias veces quitársela, pero algo siempre; el destino quizá, se lo impedía.  El veneno se derramaba.  El revolver no disparaba.  No le permitieron subir al piso desde el que pensaba arrojarse.  Cortarse las venas le pareció muy doloroso y quería matarse sin dolor alguno o por el mínimo posible.  Es que masoquista no era.
Un día entre tantos recibió una noticia que al principio lo llenó de alegría y luego de desasosiego.  El médico le informó que le  quedaban tres meses de vida.  Empezó a preocuparse por cómo sería su deceso.  El galeno le prometió que sencillamente se dormiría y partiría sin dolor alguno.  Pero, él; no podía creerlo.
Se preocupó tanto que en un almanaque marcaba los días.  Y al ver cómo se iban agotando el temor le llenaba el alma.  Ya pensaba que la vida valía la pena, que no había hecho nada que lo hiciera significativo ante el mundo.  No había tenido hijos, no había escrito ni una línea siquiera ya que la lectura siempre le había resultado molesta y de sembrar algo ni hablar.  ¡Jardinero no era!.  Partiría de este mundo sin dolor, sin pena ni gloria y sintiéndose total a absolutamente estúpido.

Patricia Lara P.

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