martes, 21 de febrero de 2017

(III) Cartas a Nadie

(III) Cartas a Nadie

Hola a veces sencillamente no tengo nada que contar.  A lo mejor sí, pero la vida transcurre tan lentamente a prisa que me voy quedando sin aliento.  A veces, lo único que quiero es flotar como una nube o una de esas semillas que buscan un hogar... ¿Buscan?  No, ellas flotan y caen y se arraigan o no.  Algunas de ellas se convierten en árboles enormes y otras cuando son apenas un retoño, un brote; son arrancadas de los brazos de la madre tierra.  Ella, la planta muere sin saber si vivió y Ella la madre, suspira y retorna a la tarea de arrojar semillas para reverdecer este mundo que se vuelve cada vez más triste y más gris.  Ella; la madre no cesa en su empeño de que todo sea hermoso, brillante, lleno de vida.
A veces quisiera ser un sorbo de agua que aplaque la sed de un sediento, la gota que rebosa el vaso o la que ayuda a exhalar un último suspiro y así retornar al principio y al fin.
A veces sólo quiero, ser una chispa ardiente que inicia un gran fuego, que enciende una pasión, que destruye y construye.
A veces pretendería ser ese brillo en los ojos, ese punto en la comisura de los labios que define una mueca o una sonrisa. Algo transitorio y quizá para algunos es menospreciable, pero significante al fin pues determina la vida, la alegría, las ganas de vivir o una tristeza infinita.
También quisiera ser un rayo de sol.  El primero del día, el último en la noche.  Una noche cerrada, con un firmamento lleno de estrellas, que traigan esperanzas, que despierten placeres, que estén llenas de promesas por ser cumplidas. 
Como bien dije; a veces no tengo muchas cosas para contar y entonces me voy por los linderos de la mente y divago.
Espero que algún día... Me cuentes algo.
Patricia Lara P.



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