sábado, 25 de febrero de 2017

La otra piel

La otra piel

Todos lloraban frente al cadáver de Juan, había permanecido en el agua por tres días.  Su piel, colgaba macilenta y la expresión de su cara era terrorífica.  Se notaba que morir le había causado gran dolor.  Yo, a su lado y aún vivo; respirando con dificultad pero vivo.  Apenas si era notado.  Nadie se acercaba a ayudarme, a auxiliarme.  A darme un sorbo de agua aun cuando también como Juan, había permanecido tres días entre el río.  Flotando a ratos, sumergido otros, golpeado contra las rocas unos más.
Asombrado miraba cómo todos se condolían por el muerto, mientras yo que aun respiraba; lento y muy mal, yacía ahí solo, abandonado de Dios y del mundo.
De pronto, y como en un arranque, saqué fuerzas de donde no las tenía y me puse de pie y aun sintiendo millones de agujetas y dolores terribles  en las piernas logré también caminar. 
Aproximarme a Juan, a su cadáver hinchado y corrompido.  Yo pude ante la mirada horrorizada de la gente.  Quitarle la piel integra y vestirme con ella. 
¿Sería que ahora sí me prestarían atención?
Patricia Lara P.


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