domingo, 29 de noviembre de 2009

Cotidiano


El pan nuestro de cada día dádnoslo hoy Dios, Padre misericordioso. A mí, que desde aquí observo. Y al señor que en su auto y con el ceño fruncido; conduce. A la señorita casi niña que llora y habla con un joven casi niño también mientras se toca el vientre y él, asustado la acaricia y abraza. A la mujer que sonríe y piensa quizá en amores. A la pareja que allá, en ese túnel húmedo del río elaboran un árbol y un pesebre para ese niño que sobre las tablas gatea y feliz juega.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Llegó Michelle

  ​Llegó Michelle Como casi todas las tardes en mi casa materna, me encontraba leyendo, sentada en un desvencijado mueble de la sala. Mi vid...