domingo, 19 de febrero de 2012

Un cuentecillo ¿de amor?

Una princesa que en desilusión vivía
renovando votos con porfía aviesa
se pasaba siempre, con mucha tristeza,
llenando de engaños sus noches y días.

Y es que esta consorte, con ilusión vana,
dibujaba rostros y comportamientos
y quiso mantener vivo un sentimiento
basado en mentiras, ¡cosa nada sana!

Si su gran amado virtudes perdía,
hacía caso omiso ante tal quebranto:
nada le turbaba pues, al otro día,
ella le inventaba a él un nuevo encanto.

¿Que el consorte amado no era cariñoso?
Ella, sin reparos podría recrearlo
siendo el más galante, apuesto y gallardo
y muy capaz de dar mil abrazos “de oso”

¿Que no era puntual el amor de su vida?
¡Allí no había problema pues, la soñadora,
con su mente ágil y muy creadora
cambiaba las citas a horas “más precisas”

Y se olvidase de un aniversario
decía a la corte, la muy artificiosa,
que andaba en los mares cazando corsarios
que era muy valiente y que le enviaba rosas.

Así llegó el día en que amó ciegamente
a aquella utopía que ella había creado
y que, aun sin quererlo, soñaba en su mente
cual aquel extraño que vivía a su lado.

B. O. B

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