lunes, 12 de enero de 2015

Terror





Se despertó en medio de la noche.  A lo mejor el ruido de la música había cesado de pronto, o el arrullo del río no fue suficientemente adormilador.  A lo mejor siempre despertaba en medio de la noche y se volvía a dormir al levantar la cabeza y ver cerca a sus hermanos.
Las navidades eran lindas no por los regalos ya que no recibía muchos sino por la cercanía de la abuela y los tíos.
Abrió los ojos y a pesar de la oscuridad que reinaba no logró ver a nadie.  Notó con miedo, eso sí,  las camas vacías.  Empezó a llamar con suavidad primero y luego con gritos entrecortados por los sollozos.
Nadie respondió a su llamado así que llena de terror salió de la cama.  Se empinó un poco para abrir la puerta que daba a fuera  y miró.  Árboles que se mecían, el ulular de un búho, el río corriendo pausado; como todos los días con sus noches.
Voló por entre aquel corredor de árboles y ramas, cayó al tropezar con una piedra.  Se lastimó las rodillas pero como resorte se paró de nuevo y siguió corriendo.  No eran más que nos cincuenta metros que le parecieron kilómetros.  Afuera, en aquella especie de enramada de juncos había un hombre que fumada tranquilo.  La cancha de futbol enfrente, los rieles del ferrocarril también, las escaleras largas y empinadas; con pasos muy grandes para su altura y por fin, la calle bulliciosa, iluminada, alegre.
Tomó aire y entró a un sitio y otro de los negocios del marco de la plaza.
Por fin las vio felices bailando.  Con sus mejores trajes; la cara sonrosada por el baile y muy seguramente un trago o dos.
Al verla se asombraron.  No por verla ahí; llorosa.  No por verla con las rodillas laceradas, no por el peligro que pudo correr al estar sola en la noche.   La pregunta fue: “¿Cerro la puerta de la casa?"  Al escuchar la respuesta negativa y al conocer la presencia de un hombre ahí cerca dijeron hay que irse.
La tomaron de la mano y desandaron con ella el camino a la casa mientras alegremente comentaban lo bien que la habían pasado.
Patricia Lara P.

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