miércoles, 21 de enero de 2015

Patitas




Siendo muy chiquitina vio en la granja nacer una camada de patos.  Los vio con dificultad salir del cascarón y se enamoró perdidamente de una patita blanca como la nieve, con su pico dorado y los ojos más tiernos que había visto en su vida.  Tan pronto pudo, la llevó a su casa y compartió con ella todo.  La cama en la cual cada una tenía su almohadón y sus propias cobijas.  No de plumas por supuesto para no lastimar la sensibilidad de "Patita".  Compartían el baño, y tomaban juntas baños de espuma tan largos que una de las dos, la que no tenía alas; salía algo estropeada.  Comían del mismo plato y daban largas caminatas por el bosque hablando alegremente.  Se entendían hasta los silencios y compartían todos sus secretos.
Pasó el tiempo tan raudo que ni se enteraban de lo que sucedía a su alrededor.  Y el día menos pensado; Patita la emplumada partió al reino de los cielos.  La otra Patita siguió su vida plácidamente.  Igual se daba sus baños largos y caminaba por el bosque conversando consigo misma como si de su amiga se tratara.
El tiempo no pasa en vano por supuesto y un día siendo ya una viejita dulce y silenciosa, la familia la vio ir al solar y de allí al gallinero y la vieron acurrucarse al lado de los huevos que le robó a la pata azucena.  De este modo partió feliz nuestra querida Patita hacia el reino de los cielos emplumados donde la esperaba su mejor amiga. 
Ahora, a pesar del tiempo; las veo a veces caminar felices entre los árboles del bosque y las escucho hablar y reír.
Patricia Lara P.

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