viernes, 30 de enero de 2015

Cosas que pasan



Durante toda mi infancia y parte de mi juventud me mordí las uñas.  Me avergonzaba sobre manera ese hábito; que mostraba de mí, inseguridad extrema, falta de amor propio y ajeno y no sé qué otras cosas más. Siempre estaba bellamente vestida y hasta maquillada; despeinada eso sí, pero hermosa.  Ese defecto o efecto de vida me apenaba mucho.  Trataba constantemente de ocultar mis manos y si alguien preguntaba por qué lo hacía, el rubor poblaba mis mejillas llegando incluso hasta las orejas.
Un día cualquiera tomé la decisión perentoria y fulminante  y empecé a hacer consciente esa  actitud tan molesta.  Eso entonces me permitió dejar el "vicio" y mis dedos largos por fin pudieron ser mostrados. 
El año pasado empezaron algunos problemas familiares que trajeron a mi vida la niña insegura y asustada.  Y el hábito odiado regresó.  Me lastime los dedos y con ellos la autoestima. 
Miraba mis manos y regresaba la niña de ojos tristes, que se sentaba en algún sitio oculto de la casa a morderse los dedos.
Estuve y aún estoy triste, pero al hacer consciente de nuevo, la situación; regresa la mujer que lucha, la que se enfrenta a la vida, la que a pesar de todo intenta siempre ser mejor, ser feliz.
Mis manos vuelven a estar cuidadas y la sonrisa retorna.  La vida puede ser y será lo que uno quiera.

Patricia Lara P.

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