viernes, 26 de agosto de 2011

A mis amigos


(fotografía de Olga Arcila)
Las rosas; un regalo que le dio su esposo
en su cumpleaños 48.

Ahí están los dos

el mundo los rodea

y en el medio justo

están siempre los dos;

tomados de las manos

con energía y tesón

dispuestos a la lucha

y a defender su amor.

Olga y Juan Esteban

unidos ante el mundo

y a los ojos de Dios

criando hijos con valores

e igual como sus padres

valientes, orgullosos

pletóricos de amor.

No todo ha sido fácil

y al luchar con ardor

disfrutan juntamente

de lo que con orgullo

han logrado los dos.

Juan Esteban y Olga

Unidos desde siempre

sin lazos ni cadenas

solo por el amor.

Mi última volutad

Siempre había pensado que al morir, si aun estaba joven y algo se podía rescatar de mi cadáver, todo lo que sirviera debía ser donado. Salvar un par de vidas a cambio de la mía ya inservible me producía un poco de placer. Pero mi familia es bastante longeva y muy seguramente a menos que sufriera un terrible accidente iba a estar tan vieja al momento de mi deceso que a lo mejor nada de mí sería aprovechable. Así que había dicho que cremaran mis restos y se fueran a pasear a una isla del Caribe a arrojar mis cenizas al mar. La verdad me parecía loable mi pensamiento pues la familia pasearía al cumplir mi última voluntad. Pero, luego lo pensé mejor y al imaginar a mi esposo e hijos y demás parientes lejanos o cercanos respirando el polvero ocasionado por mis cenizas al ser arrojadas al viento marino me pareció de mal gusto y como un poquito asqueroso y decidí que era mejor que me convirtieran en un bonito diamante que sirviera además; de para recordarme, para adornar un cuello o una mano. Eso también me inquietó mucho, pues en realidad no vi el diamante en el cuello o la mano de mi hija sino en el dedo de la que se convertiría en mi sucesora. La futura "nueva" esposa de mi muy triste y compungido viudo. Noooooooooooooooo, eso sí que no quería permitirlo. Por nada del mundo mis cenizas serían destinadas a este fin.

Ya agotadas casi todas las opciones vi una película en la cual la dueña de unos gatos los iba disecando en bellas posiciones y los mantenía en su casa reclinados amorosamente en lindos cojines, de telas brillantes y muy coloridas. Ella se sentía feliz al recordarlos y tenerlos siempre ahí como si jamás se hubieran ido al cielo de los gatos.

Y ¡oh! maravilla, un destello iluminó mi mente y la idea surgió. Mi última voluntad es que me disequen, con una sonrisa tenebrosa y algo truculenta en los labios muy rojos; rojo sangre y además, que una mirada de loca asesina brille en mi rostro. Deseo que me ubiquen en la sala, mirando hacia la puerta de entrada de la casa, completamente vestida de negro y una pequeña luz bastante difusa por cierto me ilumine un poco cada noche. Todo esto con el fin de no adornarle el dedo a la nueva futura señora de mi viudo, y en cambio sí, de causarle escalofríos terribles, de llenarla de miedo; que sufra pesadillas constantes y no dejar que tenga ni un segundo de paz en la que fue mi casa, ¡pobre intrusa! O será mejor decir: ¡Pobre ilusa!

Quiero además que en el cuarto en el que duerma mi pobre y triste viudo, inicialmente solo y luego muy seguramente acompañado haya una fotografía mía de la obra completamente terminada, es decir, elegantemente disecada por supuesto, en un tamaño adecuado para que pueda ser apreciada desde su bella cama. Y yo desde el retrato le sonreiré de modo tal que él nunca pueda sacarme de su mente.

Hay momentos en la vida

Hay un momento en la vida

en el cual tomamos conciencia de ser

y es ese momento en el cual

se abren los ojos del alma

y capturamos las esencias de las otras almas

y por fin entendemos las acciones

y las actitudes cobran sentido.

Hay un momento en la vida

en el cual aprendemos a valorarnos

a querernos como somos

nos aceptamos como humanos

y aprendemos a vivir con nuestras

falencias y nuestras virtudes.

y entendemos que nos equivocamos aun sin desearlo.

y aceptamos nuestras faltas

y comprendemos nuestras ignorancias

sin justificarlas por supuesto

solo aceptando que el conocimiento es tal

que solo una maquina podría aprenderlo todo.

Ya que no tendría necesidad de sentir

y el proceso de aprender

no se vería limitado por el amor

y nosotros en cambio los valoramos

no sé si más o solo en su medida justa.

Hay un momento en la vida

en el cual vale más lo que pensemos

que lo que otros piensen de nosotros

vale más lo que sentimos

que lo que otros sientan por nosotros

vale más vivir aun cuando sea poco

que no haber vivido nada.

Hay momentos en la vida

en los que valoramos lo que tenemos

y les damos además la justa medida

y no menospreciamos a nadie ni a nada

pero mucho menos nos menospreciamos

a nosotros mismos.

Hay momentos en la vida

en los cuales nos damos cuenta

que la elegancia es intrínseca a nosotros

y que la moda no es vital para ser

elegantes ni felices

y la comodidad vale más que usar algo bello.

Hay momentos en la vida

y llegan con la edad, con los años

y con las canas y las arrugas que estos traen consigo

en que nos damos cuenta

que hemos desperdiciado mucho tiempo

que hemos dejado de abrazar y besar

por lamentarnos y mirar hacia lo que se ha ido

o lo que es peor nunca se ha tenido.

Hay momentos en la vida

en que por fin tomamos conciencia

y nos liberamos hasta de nosotros mismos.

Y por fin vivimos y somos felices

con la felicidad propia y con la de los que nos rodean.

Por eso. Hay momentos en la vida

a los cuales vale la pena llegar

aun cuando sea arrastrándonos.

Un loco transitar

Las noches oscuras

Dan paso a los días claros.

Las calles repletas

de autos y de gentes

se pronto se vacían y se vuelven a llenar.

Los caminos polvorientos

Conducen a las gentes hacía las otras gentes,

las nubes blancas como algodón

o negras y sucias con polvo de carbón

lloran a veces.

Los árboles repletos de hojas

las hojas cubiertas del rocío de la mañana

o del polvo del camino,

las flores se descubren lentamente ante el beso del sol,

los huevos al abrirse dan rienda

suelta a la vida,

y los polluelos pían, exigentes,

los perros ladran,

y los gatos maúllan a la luna redonda

y blanquecina.

Las vacas mugen entregando su leche blanca,

Tibia y repleta de espuma.

Los ríos cantan,

el viento trae aromas y sonidos;

cargados de recuerdos.

Todo en sucesión rauda

Y casi al mismo tiempo;

La vida se sucede

La gente nace y muere

Y llora en un momento y al siguiente se ríe

y luego se enamora y se desenamora

y de nuevo el amor la toca, la posee.

Como en una rueda

sin principio ni fin bien definidos,

la vida nos vive, nos seduce

nos hace sentir ganas

y al momento perder todo deseo.

En sucesión rauda

Locamente quizás y sin pensarlo

La vida respira vida.

Si algo de eso no ocurre

y sencillamente para, se detiene

la muerte es lo siguiente

la rueda detiene su loco transitar

nada sucede

el vacío lo abarca todo en un instante

y entonces el silencio grita en el vacío

y lo va cubriendo todo de silencio.

La vida no sucede

y todo se detiene.

Es el fin de uno solo.

La vida en su loco transitar no para nunca

No detiene su frenético andar.

Los demás continúan

Danzan, bailan se ríen e igual lloran

La vida no da espera

El tiempo del descanso llegará

En un momento y hora

Y con seguridad.

jueves, 25 de agosto de 2011

Tarea y recompensa.

Un día Dios padre misericordioso se va a acercar a mí. Y me va a pedir cuentas. No cuentas de mi vida; de lo bueno o lo malo que hice. Sino que me va a pedir cuentas sobre la labor que desempeñé contigo y respecto a ti.

Él puede felicitarme; y eso sería maravilloso. A lo mejor me diga; que fui excelente contigo, que te lleve por el buen camino, que te acompañé, que te respeté, que te di las herramientas necesarias para ser el mejor ser humano posible, la mejor persona y por supuesto el hombre o la mujer de bien que él deseaba fueras. Él dirá que fuiste feliz gracias a mi compañía y apoyo incondicional y por lo tanto la labor fue cumplida a total cabalidad.

También es posible que él me mire airado y me diga: Te entregué una de mis mejores obras, hecha con magnífica arcilla aun no cocida y perfectamente moldeable. Habrías podido lograr que fuera feliz haciendo lo que deseaba hacer. Pero no; tú deseabas que fuera lo que tú querías, lo que tú considerabas éxito asegurado y a toda costa y claro, lo que hiciste fue que fuera infeliz. Un ser miserable y moldeado a tu amaño y antojo. Un títere en tus manos e incapaz de luchar y de vivir su vida. Tú no supiste vivir la tuya y deseaste vivirla en mi creación, arruinándola irremediablemente. Yo confié en ti y no supiste entenderme a mí y mucho menos entenderlo a él o ella.

Lo único que tenías que hacer era acompañarlo en su camino. Derecho o tortuoso, ir enderezando amorosamente sus ideas y moldeando su carácter y proveyéndole además los recursos para que fuera hombre o mujer. Tú en cambio, en tu infinita ignorancia y desconocimiento del ser. Decidiste que eras poseedor de la verdad absoluta y absolutamente triste lo volviste. Triste, gris, oscuro. Un fantasma creaste en una de mis mejores obras.

¿Cómo crees tú que debo calificar tu acción? Quizás debo premiarte pues según tú, hiciste tu mejor esfuerzo y peor esfuerzo es el que no se hace. Pero tu esfuerzo redundó en tristeza, rabia, dolor y miedo.

Convertiste a nuestra obra -creación mía y resultado tuyo- en un ser dolido y adolorido. No puedo decir que hiciste lo mejor, pues no cumpliste. Y como en este caso en particular la mejor acción para ti no lo fue para él o para ella.

Ahora, a pesar de tu dolor, yo tomo lo que es mío, lo recojo, lo recupero y por supuesto lo salvo. Haré lo necesario para que sea feliz pues habiendo confiado en ti me equivoqué. No llores, no te lamentes. Él regresa a mi seno y tan pronto como encuentre a alguien indicado lo entregaré de nuevo; esperando eso sí que ahora no se incurra en errores.

Ahora que pensándolo bien hijo mío no debo tampoco ser tan cruel, no debo juzgarte duramente. Yo mismo me equivoqué; confié mucho en la obra que había hecho en ti y decidí hacerte partícipe del milagro de la vida. Soy padre y no te culpo, se que hiciste lo mejor pero eres humano, falible por supuesto, por tu propia condición de tal.

Así que yo ahora, después de conocer esa disertación y por supuesto pensando siempre; no en el rendimiento de cuentas sino en ti hijo mío; hago todo lo posible por ser tu apoyo, tu guía y tu compañía. Espero no decepcionarte primero a ti, luego a mí y a la humanidad que seguro será mejor con tu ayuda y tu presencia. Y luego pero no por eso menos importante, por supuesto espero no decepcionar a nuestro padre y creador.

Aquel que depositó su confianza en mí y me otorgó el milagro de la vida y el insuperable regalo de ser tu padre y tu compañía.

Una receta

Yo no sé como cocinen cada uno de ustedes, yo preparo algunas veces cosas, o alimentos; movida por la intuición. Además me gusta cocinar y experimentar para no preparar siempre lo mismo ni servirlo igual. Una comida bien presentada en un plato bonito hace que uno se sienta bien tratado y muy seguramente también “bien” amado.

Hoy por ejemplo preparé unas costillas de cerdo (puerco) regadas con aceite de oliva, vinagre balsámico, un poco de pimienta y sal de ajo y puestas a dorar lentamente en una sartén.

Al preguntarme mi hijo que había preparado para el almuerzo y recibir mi respuesta me miró un tanto asombrado, así que le respondí que él sabía muy bien que yo cocino más desde los instintos que desde la propia receta.

Me gusta experimentar y claro; algunas cosas resultan bien, otras muy bien y unas cuantas un desastre total, pero… ¿dónde estaría el disfrute si no hiciera las pruebas y convirtiera las calamidades en experiencias para mejorar?

La vida misma es como la preparación de una buena comida; algunas cosas resultan bien, y otras mal, pero en conjunto es una gran experiencia que solo se vive, viviendo. Y para vivir no hay recetas mágicas ni maravillosas. Porque echando a perder también se aprende.

Debo de todas formas aclarar que en realidad hoy salió muy rico todo. Así que si tienen alguna receta de su propia autoría y desean compartirla conmigo no lo duden un instante. Igual creo que algo le pondría que se apegara a mi personalidad.

Ah, y si la receta es para vivir mejor, tampoco se la guarden, que la vida no es sencilla y si hay ayudas seguro será más sencillo y placentero nuestro transitar.

Fantasmas y fantasías

Ese hombre ahí sentado sin hacer nada, mirando al frente, sin arrugar la cara ni hacer un gesto; me desconcierta. Es como si estuviera, sin estar. Como si fuera un fantasma del pasado o un visitante del futuro que ni siquiera observa. Él solo está ahí sentado, invisible para casi todos menos para mí que lo miro primero sin pensar y luego más consciente y entonces de alguna manera indefinible, indescriptible e indescifrable me duele.

Ese hombre sufre desde tan hondo que solo él conoce sus pensamientos y trata de entenderlos sin lograrlo y por eso está ahí; difuso, invisible para casi todos. Menos para mí, pues siento en lo profundo que me duele.

No lo he visto nunca, no lo conozco, no deseo conocerlo, ni acercarme en lo físico; pero de todas formas yo me siento unida a él y me le acerco de corazón y lo tomo en mis brazos y le dijo palabras suaves, dulces y lo consuelo.

Ese hombre que es un total desconocido para mí, que jamás he visto y que nunca conoceré recibe de mi parte un abrazo solidario, yo lo entiendo, yo de corazón lo comprendo, pues en muchos momentos de mi vida he sido como él, yo he sido él.

Yo me he sentado en un sitio público pero lejano, he llorado por dentro y sufrido tratando de entender sin entender y he sido igual que él un fantasma, una sombra para todos los que transitan por ahí sin verme, sin notar mi presencia.

Ahí desde lo interno, siempre he sentido que alguien desde algún lugar me abraza y me consuela y se solidariza conmigo y me entiende.

Ese hombre fantasma es una imagen que pasa desapercibida para muchos pues todos somos él y no somos ninguno.

No soy un ángel

No soy un ángel.

Pero tampoco deseo serlo

-por supuesto-

Algunas veces…

disfruto con el dolor ajeno

Sonrío con las cosas malas que le suceden

-a otros-

Pero es que no soy un ángel

y cuando algo malo les sucede

-pienso-

"Dios no castiga ni con palo ni con rejo

sino con el propio pellejo"

Y me regodeo

y disfruto del mal ajeno.

Lógicamente no deseo mal para todos

pero algunos lo merecen tanto,

que el dolor momentáneo

solo es la justa retribución;

a su mala sangre,

a su mal proceder,

a su mal comportamiento,

a su “importaculismo” frente a los otros;

y por supuesto es en esos momentos,

que yo disfruto del mal ajeno.

Y es por eso que disto mucho de ser un ángel

Y ni siquiera deseo serlo.

Otras veces sufro

y me da pena y pesar

pues algunos no merecen sufrimientos.

En esos momentos le pido a Dios,

le ruego por los dolientes y sufrientes.

De todas formas, no soy un ángel

Y tampoco deseo serlo.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Mi hermoso cazador

Las plumas de picaflor o colibrí son como confetis. Dentro de unos meses incluso estaré recogiéndolas aún cuando barra o limpie la casa y además recordando la mirada de orgullo y satisfacción de mi hermoso gato enseñándome el producto de su cacería.

La verdad al ver el animalito muerto y a Gustavo en frente muy feliz y de pecho en alto le dije: “Ay noooooooo" y pasé por un lado sin mirarlo más. Pero al sentarme en otro lado él me llevó de nuevo el pajarito muerto, pues esperaba que yo lo felicitara por su acción. No tuve más alternativa que decirle que era un maravilloso cazador y un héroe casi, que con su cacería tendríamos comida para muchos días. Ya con eso él se alejó feliz, dejándome el regalo. Lógicamente lo recogí y me deshice de él lo más pronto posible.

Es la naturaleza de los felinos. De haber podido salvar el ave lo habría hecho pero no hubo forma y tampoco puedo ni pegarle a mi gato ni regañarlo por hacer algo que está implícito en su condición de gato.

Además creo que cazó para proveernos de alimento y hacernos saber que teniéndolo a él en casa no pasaremos hambre ni tendremos privaciones pues él es el macho de la casa cuando su padre no está.

Me duele el pajarito, pero sé que Gustavo lo que deseaba era darnos algo lindo y rico para que fuéramos también felices como él, cuando lo alimentamos con las cosas deliciosas y que más le gustan. Lo que estaba haciendo era ser reciproco y llenarnos de amor.

Cómo será eso de morirse

  Cómo será eso de morirse.  ¿Uno se puede dejar ir?  ¿Nos quedamos aquí pegados hasta que no nos quede un aliento? ¿Qué es lo que nos hace ...