Ella y yo no nos conocimos en persona jamás. Eso sí compartimos más de treinta años en la virtualidad. Y por eso y gracias a eso fuimos hermanas.
Ella negra y muertas de la risa decíamos que negro ni el teléfono y éramos, fuimos hermanas.
Fueron tantas las risas burlándonos de lo tontas y humanas que fuimos y soy y por eso mismo es que fuimos hermanas.
Me acompañó y me retó como nadie, la acompañé y le pedí mil veces que no llorara porque los ojos se le ponían como cagaleras de vaca y a pesar de reír y llorar al mismo tiempo nosotras fuimos hermanas.
Ayer, a pesar de haberme prometido mil veces que me avisaría cuando eso pasara, ella no vino. Quizá al no haber recorrido este camino nunca, se perdió por ahí, a lo mejor en algún momento, en algún sueño risueño y "carcajeante" caiga en la cuenta y me diga que está bien, que las cosas pasan por algo y que ahora ella descansa en paz acurrucada al lado del padre.
Mi hermana, te quiero y te llevo en el corazón por siempre y para siempre.
Patricia Lara Pachón
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