miércoles, 18 de mayo de 2016

Crónica de colitas



Crónica de colitas

Como todos saben Gustavo salió enfermo de casa el viernes pasado.  Lo esperamos primero, lo buscamos después, lo lloramos todo el tiempo.  Lo imaginaba muerto. 
Pensé en los gaticos de mi abuela que días después de desaparecidos de la casa eran encontrados por ahí con la cabeza metida entre un hueco; alejándose de su ama para no causarle dolor con la partida.  Pensé en el egoísmo de la naturaleza que los hace "hacer" eso.
Todos el día esperaba sin esperanza alguna el retorno de Gustavo.  Mis hijos en las mismas.  Mi hija que dice no creer en nada le prendía velitas a San Antonio (el santo de la familia) para que el minino regresara.
Duelo total se vivía en esta casa.
Ayer me encontré con el vecino de al lado.  Le comenté lo mal que yo estaba por la pérdida de mi gato y con lágrimas en los ojos como siempre; durante todos estos días le enseñé las fotos.
El señor; ya de edad.  Me preguntó en tres oportunidades si yo estaría dispuesta a pagar recompensa por él.  Mi respuesta tajante fue en las tres oportunidades que no.  Que yo creía y creo que por eso los delitos se convierten en negocios rentables y que eso lo que haría sería fomentar el secuestro de mascotas.
Me dijo que si le había hecho autopsia y le respondí que el gato no aparecía.  Que igual para mí, encontrar a mi gato sería suficiente.
No sé qué hora sería pero de pronto suena el teléfono y mi hijo me dice.  "Mamá ven corriendo que Gustavo está a la vuelta de la casa".  No me imaginé nada; yo no podía creerlo.  Igual agarro la bolsa de la comida y corro como loca.  Llego ahogada y media y efectivamente, en un techo de un antejardín está. 
Intenta bajarse pero es cobarde y le da miedo el salto.  Mi hijo quiere regresar a la casa por una escalera y lo detengo.  Le digo que trepe por la verja enrejada.  Lo hace y lo logra agarrar.  Lo tomo entre mis brazos y lo beso, lo recrimino un poco.  Lo llevamos al veterinario y esta flaco, sucio, muerto de hambre pero bien.
¡Que felicidad!
Lo hemos buscado muchas veces por ahí mismo.  Los tres.  Mis dos hijos y yo.  Lo hemos llamado, lo hemos silbado.  Y nada... Yo sin esperanzas para ser sincera.
Bueno, redondeando la idea y siendo malpensada como soy.  Creo que mi vecino lo tenía encerrado en algún lugar.  Su señora les tiene pavor a los gatos y a lo mejor ya estaba cansado de que varios gaticos llegan a mi patio buscando a los dos míos.  A lo mejor... quien sabe... logró agarrar al más manso de todos y lo tuvo encerrado, esperando algún aviso ofreciendo alguna recompensa y al saber que yo no estaba dispuesta a pagar nada lo soltó.
Lo bueno del caso es que ya está en la casa, que está arrunchado ahora mismo con la niña en la cama y que hoy a pesar del frio que haga le tocará baño.
Bueno; les cuento que regresó la sonrisa a mi rostro.  Uno sabe que los animalitos se mueren pero no quiere quedarse toda la vida pensando qué pudo haber sido de él.  Por doloroso que sea; lo mejor es saber que partieron y que nos aguardan en el cielo.
Gracias por acompañarme estos días en esta dura espera.  Dios los bendiga.
Patricia Lara P.

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