Cada uno de nosotros tiene una enorme cantidad de historias. Algunas para contar, otras para guardar primorosamente empacadas en papel de seda, unas cuantas más para tener aquí y allí; como arrojadas al viento. Para contarlas en cuanta reunión familiar hay. También, tenemos otras arrumadas en el cajón de los olvidos... No tan olvidadas por cierto. Ellas salen en el momento justo, en el tiempo preciso. Y se usan a veces como armas acaso mortales. Algunas historias también están envueltas cuidadosamente y guardadas en un anaquel que quizá un día sea descubierto por alguien.






















