viernes, 18 de junio de 2010
jueves, 17 de junio de 2010
Y mejor calla
y el corazón candente.
Arauca Caldas
martes, 15 de junio de 2010
Duele el dolor, duele
lunes, 14 de junio de 2010
Crónica de una despedida
La vida siempre es curiosa, le va llevando a uno casi insospechadamente por donde desee que vayamos. Hace alrededor de 15 días le dije a mi esposo que fuéramos este fin de semana que acaba de pasar, es decir, del 12 al 14 de Junio a celebrar con su papá el día del padre. Yo sabía que mi abuelita María estaba enferma pero llevaba tanto tiempo malita que se había vuelto costumbre. El día 11 cumplió años Jr, y llamé a mamá para que lo felicitara por su cumpleaños. Ella me dijo que gracias a Dios yo la había llamado pues ella no se había acordado del onomástico del nieto mayor y eso le habría molestado mucho, pero que estaba en el hospital con su mamá pues se encontraba muy enfermita.
Más tarde cuando llamó mi hermano a saludar al sobrino le pregunté que como había seguido la abuelita y me dijo que no sabía que estaba hospitalizada que pronto me llamaría para confirmarme cualquier cosa.
Al día siguiente ya en carretera mi hermana me llama a decirme que estaban donde la abuelita y que ella la veía muy mal, que intentáramos llegar hasta allá para darle un saludo por lo menos. Eso hicimos y desviamos el camino para llegar primero a Arauca. Ya entrando en el pueblo queda el puesto de salud y paramos ahí para dar el saludo. Entro en él y llego a una sala completamente vacía, no se ve un alma por parte alguna, veo en frente un corredor largo con puertas a lado y lado, pero lúgubre y más bien oscuro. Camino por él llena de miedo y pensando en las películas de los muertos vivientes. No veo a nadie aún y doy gracias por haber dejado la niña entre el carro. Escucho voces y dando excusas pregunto a una enfermera que atiende un paciente si la abuelita María se encuentra allí. Ella responde que no, que ya está en la casa. Doy las gracias rápidamente y salgo casi corriendo del lugar; a tiempo de impedir que la niña y mi esposo entren a aquel sitio tan lóbrego.
Nos subimos de nuevo al carro y emprendemos camino hacia la casa. Llegamos y están las tías y algunos amigos en la casa. La abuelita descansa en su cama, parece que duerme pero se queja, me aproximo a besarla pero me rechaza; explican que no reconoce a nadie ya. Le intentan dar un medicamento y no lo recibe, tomo una jeringa y con ella de doy a beber el calmante que le ofrecían, además una cucharadita de agua dulce. Se recuesta en mi brazo y se relaja un poco. Al cabo de un rato nos despedimos y emprendemos el camino hacia Manizales, llegamos; visitamos a la familia de mi esposo, le damos el regalo a mi suegro y lo invitamos a almorzar al día siguiente. Quedamos en fecha, hora y sitio.
Al día siguiente más o menos temprano vamos de compras pues el papá de Ricardo desea un pescado preparado en casa. Ya con todo listo nos dirigimos a la casa de una cuñada y empiezo a ayudarle a preparar el almuerzo, estoy elaborando el jugo cuando recibo una llamada. Mi hermana me avisa que acaba de fallecer la abuelita. Le doy gracias a Dios pues uno lo que menos desea es ver sufrir a alguien a quien quiere tanto y al que le debe tanto además. Decidimos partir para Arauca de nuevo así que le digo a mi esposo que se quede con la niña y su padre celebrando lo previamente acordado y que yo saldré con Ángela para acompañar a mamá en esos momentos dolorosos.
Llegamos a la casa de la abuela de nuevo esperando que ya solo esté la familia pero ahí en la cama está aun el cuerpo de la abuela. Descansa plácidamente, incluso por momentos pienso que respira que en cualquier momento se volverá de lado y nos hablará. Conversamos quedamente, recordamos tiempos idos, incluso reímos con sus ocurrencias. Cuenta una tía por ejemplo, que cuando le llevaron la silla de ruedas la sentó en ella, la pasearon por toda la casa y finalmente la dejaron frente a la puerta de entrada mientras conversaban rodeándola desde diferentes sillas. Ella al cabo de un momento pregunta: ¿A esta cosa que le pasó... fue que ya se dañó? ¡Tan bella la abuelita ¡
Estando ahí sentados llegan los de la funeraria, la meten en su ataúd y se la llevan para siempre de su casa. Se siente el vacío, la soledad y pensar que solo una se ha ido.
Partimos de nuevo para Manizales y en la noche nos reunimos en casa del hermanito mayor. Hablamos de muchas cosas, reímos un poco pero aun cuando ella no siempre estuvo con nosotros la extrañamos. Quedan en ir temprano a estar con la familia y luego asistir al cementerio a dejar los restos de un ser que nos amo mucho. Que no fue solo abuela sino más bien madre de algunos de los que allí estábamos. Yo no puedo estar en ese momento, tengo que cumplir con los vivos. Mi hijo nos espera en casa y doña Leonor no entendería que dejáramos de ir a verla.
Adiós María la O, espero que cuando me toque el turno, tú me estés esperando sonriente y feliz y me recibas con los brazos abiertos, con las manos llenas de bendiciones y con los ojos llenos estrellas.
Te quiero y siempre estaré agradecida por todo lo que por nosotros hiciste, por tantos sacrificios, tantos trasnochos y por el rincón de tu cama que compartías conmigo gustosamente.
viernes, 11 de junio de 2010
Arrullos
Desde hace ya un tiempo la observa. No se había dado cuenta de lo hermosa que se estaba poniendo en las últimas semanas. Los ojos eran más expresivos, las mejillas se sonrojaban al menos soplo de brisa y su pecho lanzaba suspiros al viento. La vio aproximarse y le lanzó un piropo y un beso; ella hizo como que no veía pero no se alejo. Se aproximó un poco más y la saludo con una leve inclinación de cabeza y un guiño que no le salió del todo bien pues sintió que había hecho una mueca hasta lastimera. Al no sentir rechazo y apreciar una pequeña sonrisa en los ojos de la dama se acercó más y más y logró decirle casi al oído y respirando su aliento que era la chica más bella que había visto en su vida. Corta vida por cierto; pero real la afirmación al fin y al cabo.
- Noto que estas cada día más hermosa
- Hmmmmm
- ¿No respondes nada? ¿Se te comieron la lengua los ratones?
(Ella mira a los lados asustada esperando encontrar en serio a su lado un ratón. Algo de miedo les tiene con todo y que son pequeñitos y hasta tiernos)
- Me gustaría que pudiéramos hablar un rato.
(Ninguna respuesta, ninguna mirada)
- He estado pensando que podríamos ser amigos, no sé, tal vez conocernos un poco.
(Por fin le dirige una mirada tímida que retira muy pronto.
- Me gustaría enseñarte mi casa, es decir, mi casa podría también ser la tuya. Digo, si tú quieres, claro está.
- Mira. Queda allá en la otra cuadra, tiene una vista magnífica y creo que serías muy feliz en ella; seríamos. Yo velaría porque nada te faltara. Haría hasta lo imposible por verte feliz siempre.
Al fin ella responde:
- ¿Y qué te hace creer que busco una casa? ¿Tengo la mía lo sabes?
- Si lo sé. -responde él prontamente- Pero creo que desearías ser la dueña de casa, y claro esta no solo de la casa sino también la dueña de mi corazón.
- Por favor, no te hagas de rogar y ven y conoce el que será nuestro nido de amor.
Ella lo duda, lo piensa y por fin reacciona y responde;
- Ok, hablaré con mis padres y les diré que voy contigo unos minutos. Pero no me puedo tardar pues seguro ellos se preocuparían.
- No te preocupes, no nos demoramos.
Ella va a su casa y regresa al momento y se aproxima a él pensativa.
–No te asustes, puedes estar segura que estando conmigo nada malo te pasará
-No, responde ella, si no es temor; es solo curiosidad por conocer el sitio que me ofreces y no solo eso, también por conocer tus intenciones.
-Mis intenciones son las mejores responde él prontamente.
-Llegan a la casa, ella desde lejos la observa, se ve amplia, confortable, ventilada pero muy a cubierto. Se da cuenta que no hay peligros a la vista y le gusta.
Entra en ella y se siente y sabe la dueña y señora, nota que ha sido elaborada con gusto aun cuando ella le agregaría unos detalles de decoración.
El la observa por el rabillo del ojo y se da cuenta que tiene mucho camino andado. Es un excelente constructor, su padre se tomó muchos trabajos para que aprendiera y aun cuando en su momento le costó lágrimas y uno que otro golpe en la cabeza siente que aprendió bien y le agradece íntimamente al viejo.
Por fin se decide a preguntar qué opina y ella dice después de un rato que debe consultarlo con sus padres, que ella no toma decisiones sin antes contar con ellos.
Pero, Ella internamente sabe que la respuesta será afirmativa.
Le encanta la casa, la ubicación, la vista hermosa que tiene frente al parque y la alberca. Pide sin embargo un par de días para dar su respuesta.
Ella se ve ahora, se imagina; plácidamente recostada en el nido empollando el par de hermosos huevecillos que el hada de los huevos le trajo.
jueves, 10 de junio de 2010
Pensamientos
La seriedad no riñe en ningún momento con la alegría, con el deseo de reír y de ver lo mejor entre tanta podredumbre que nos rodea en la actualidad.
Soy una mujer inteligente aun cuando tú no lo creas pero no deseo vivir amargada, con la cara arrugada y con surcos de lágrimas en mi rostro. Prefiero tratar de hacer lo mejor que sé hacer y es acompañar, ser solidaria, afectuosa, entre otras muchas cosas.
Si vieras lo querida que yo me siento, donde llego encuentro rostros que me sonríen y caras de felicidad nada más por saber que no llego con quejas ni dolores, trato de sacar lo mejor de mí y de los otros.
No es que no sepa que hay hambre en el mundo y que la igualdad no existe ni existirá pero no hago nada solo quedándome sentada quejándome y putiando al resto del mundo. Si deseo cambiar algo debo hacerlo. Y el cambio inicial es personal. Uno no puede pedirles a los demás que cambien si no está dispuesto a cambiar primero y dar ejemplo. Uno no puede pedirles a los otros que ayuden si uno no se ayuda ni a uno mismo.
La vida no es sentarse y verla pasar, la vida hay que vivirla y se vive desde muchos y variados momentos y facetas.
La crítica puede destruir y construir y para eso hay que saber criticar y para criticar hay que saber hacer lo que deseamos criticar.
Mejor dicho, me extiendo mucho y yo tengo mucho que hacer, mucho que construir, mucho que leer, mucho que escribir y además tengo que atender los míos.
miércoles, 9 de junio de 2010
Y no sintió dolor
Se fue
lunes, 7 de junio de 2010
El fútbol aficionado
Disquisiciones sobre el fútbol y los hombres
miércoles, 2 de junio de 2010
Mío
En ti y en mí
Y pienso en ti y en mí
y en el destino que nos unió
Y en nuestros juramentos
ante Dios y testigos
y en el por siempre
y para siempre
Y pienso en las pequeñas cosas
Y en los grandes momentos
Y cuando no estás cerca
te extraño
Y cuando estas lejos
te llamo
Y pienso en ti y en mí
domingo, 30 de mayo de 2010
viernes, 28 de mayo de 2010
Me gusta
jueves, 27 de mayo de 2010
Amor amor
Corazón
miércoles, 26 de mayo de 2010
Acepto
Nada más verla en aquella iglesia, triste, gris, desamparada y tan asustada, casi acurrucada en un rincón y tiritando de frío o quizás de miedo, sintió que debía amarla por siempre y para siempre. Que debía protegerla evitándole desde ese mismo momento tanto terror y miedo.
Pensó inmediatamente en que era amor a primera vista lo que había sentido por ella y el mismo se convenció de tal cosa, y por lo tanto y con el mismo fervor y credulidad llegó a hacerla a ella confiar en él y en su amor. Ella se creyó perdidamente enamorada y sintió que llegaba a un buen puerto.
Pronto, muy pronto se casaron y formaron una pareja respetuosa y amorosa que al cabo de un tiempo se constituyó en familia con la llegada de un nuevo miembro. Una preciosa niñita fue el orgullo tanto del padre como de la madre y del resto de la familia.
Ella había olvidado los temores que antaño la acompañaban y ahora con su esposo y su niña recorría un camino de plena felicidad.
Cada día él le repetía al oído y con susurros que la amaba por siempre y para siempre y que cuidaría de ellas por los siglos de los siglos.
Pero; curiosamente el amor se acaba y lo que él consideró amor eterno se transformó en tristezas y dolores. Ya no sentía amor por ella, y se le estaba convirtiendo en un estorbo entonces se dio cuenta tardíamente quizá que no era la mujer de su vida. Sus ojos se abrieron a otros amores, su cuerpo deseaba otros calores, su olfato buscaba fragancias diferentes, más pasionales tal vez y ella era tan insignificante, tan poca cosa, tan sosa que hasta lástima daba.
En ese momento comprendió que eso fue lo que sintió por ella desde el primer instante. Ella le había producido lástima, la imaginaba como un cachorro perdido y sintió deseos de cuidarla; pero ahora era un estorbo en su vida.
Su hija, el amor de su vida como padre claro está no lograría atarlo a una mujer que ahora detestaba. Una mujer que siempre había sido gris; una sombra. Y que comparada con las demás siempre salía perdiendo.
Optó por salvarse a sí mismo y dejarlas, lógicamente seguiría velando por las dos; en ese momento el complejo de culpa lo abrumada y no deseaba hacerlas sufrir, pero con el tiempo y la lejanía hasta eso se acaba y ya no deseaba seguir haciendo parte de la vida de ambas, de la niña sí, eso era seguro de su mujer jamás.
Ella intentó continuar con su vida y pensó que seguro en el mundo había alguien para ella, que la vida con su separación no se acababa y que ella podría rehacerse, rehacer una vida normal de pareja, familia.
Cuando él se enteró ya no le pareció tan agradable, pensó que ella era la madre de su hija y que debería dar ejemplo, y cortó con la colaboración económica que era lo único que aun los ataba, tratando con eso de lograr mantenerla subyugada, le pidió, exigió mejor que ella asumiera los gastos propios pues ya el no alcanzaba y que si tenía novio o marido pues a él le correspondía entonces asumirla a ella e incluso a la hija de los dos.
Pero tampoco pudo soportar saberla ajena, no deseaba que nadie más se le acercara, que nadie más la deseara, que nadie más la tocara y le exigió terminar la nueva relación. Lógicamente ella no estuvo de acuerdo pues el exigía todo sin dar nada a cambio. Deseaba verla sola, sufriendo como cuando la conoció, cuando prometió cuidarla y protegerla.
Cansada lo enfrentó sin saber que estaba armado y que la mano que empuñaba el revólver era la misma que la había cuidado antes, la misma que la había acariciado antes, la misma que puso el anillo en su dedo y que con caricias y mimos le había prometido protección.
Lo último que vio ella fue al hombre que había jurado ante Dios y ante los hombres cuidarla y protegerla quitándole la vida ahí, en su casa y frente a su hija.
Los libros
Jugué en la calle hasta los 8 o 9 años. Dejé de hacerlo cuando aprendí a leer y encontré en los libros una compañía invaluable. En esas le...
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