Pequeña muerte
Tus sonrojados y jugosos labios, néctar de frutas frescas que me embriagan. El deseo me ciega, la pasión me domina, mi mente se desboca y solo puedo y quiero, tenerte aquí muy cerca, oler tu tibio cuello, tu cintura, pasar con suavidad mi lengua por tu piel, entrar en ti, poseerte. Tu aroma a almizcle y miel me convierte en tu esclavo, te deseo. Verte ahí virginal reclinada en mi almohada y cubierta apenas con mi camisa blanca. Recordar entonces todas aquellas noches locas y apasionadas. Deseo ardientemente tus uñas recién manicuradas, arañar con pasión y furor mi espalda torturada. Tu lengua me recorre por entero. El calor de tu piel, que me quema, me enciende y me enloquece.
Solo el almíbar que tu cuerpo emana estando acaballada en mí y me regala una y otra y quizá otra vez más esa pequeña muerte que al fin me deja a tus expensas y me produce calma.
Patricia Lara Pachón
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