No podía dejar de mirarlo
Esas manitas minúsculas
Ese pedacito de nariz como pegado al descuido
Esa lanilla desordenada arriba de su cabeza.
Esos ojitos tan vivarachos.
A veces me percataba
Que dejaba de respirar
Y yo con la suavidad de la madre
Soplaba suavemente su 'mollera'
Él lanzando un suspiro
Y estirándose
Volvía a introducir aire en sus pulmones
Para dejarlo salir audiblemente
No podía dejar de mirarlo
Era un temor cargado de orgullo
Yo era y soy su mamá.
Patricia Lara Pachón
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