El santo sacrificio
Todos los días a las 6:00 de la tarde, era ella la primera en llegar y sentarse al frente del púlpito. Lo veía con ese andar felino dirigirse al altar. El corazón se le ponía al galope, la piel se le erizaba, el rostro se cubría de rosa y la humedad la dominaba entera. No había cosa que ella no deseara de ese hombre aún a sabiendas de que de él no podría tener nada.
Todos los días a las 6:00 de la tarde, mientras él caminaba al altar, la veía sin verla, presentía su presencia, su aroma lo envolvía causándole locura, dejándolo al garete.
Todos los días a las 6:00 de tarde los buenos feligreses sentían un sofoco inexplicable, un no se qué que los conminaba a no faltar jamás a esa santa misa.
Patricia Lara Pachón
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