Queridas mías
Te llevo siempre en mi corazón, eres mi niña amada, aquella a la que consiento cada vez que puedo, tratando de consolar tu corazón herido. Sé que olvidaste muchos de aquellos dolores y sé con seguridad que los bloqueaste a propósito; ya eran demasiados como para querer aceptar dos, o tres o más. Te abrazo cada día con el amor de madre que aprendí amando a otros. Te acuno tiernamente en mi corazón, te doy obsequios y te dejo mirar por el rabillo de mis ojos las maravillas de la creación. Te he enseñado que sí había motivos para desconfiar de lobos vestidos de ovejas, pero también aprendiste que había gente buena que en realidad quería ayudarte y hacer de ti una mejor persona. A ellas les doy las gracias desde aquí. Te felicito y agradezco haber hecho tanto para convertirte en la mujer que soy, que somos ahora.
¡Te acuno en mi corazón con todo mi amor!
Adorable viejita deseo estés plena y feliz y sientas desde esa playa dorada que cumpliste, sobre todo contigo. Deseo que la tranquilidad te esté cubriendo igual que el sol tibio te acaricia amorosamente. Se que tambien tu abrazas en tu alma a todas aquellas que te precedimos y de cada una de nosotras guardas recuerdos, lindos unos y otros no tanto, pero de cada uno de ellos aprendimos.
El sueño de tener una cabaña que mira al mar se nos hizo realidad y ahora ahí estamos todas. Ahora solo nos queda esperar mientras hacemos esa infinidad de cosas que nos encantan, a que venga la abuela Maria la O. a recogernos y llevarnos a esa su casa blanca, llena de luz y tan amorosamente cálida.
Desde mi yo de hoy te abrazo y prometo cuidarme para cuidarte y que tengas; tengamos una vejez saludable y armoniosa.
Todas las que fuiste; te amamos.
Patricia Lara Pachón
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