La boba
Era Viernes Santo y se encontraban varias personas reunidas en la cocina de la casa finca a la cual habían ido a parar después de que la avalancha además de destrozarles las vidas, los hizo perder todo incluso al miembro menor de la familia, "Carmenza", después de esta tragedia, la mayoría de la gente daba por "loca" a Rosalba, una mujer joven y bonita, pero agotada por el dolor; a lo mejor los otros no estaban lejos de la realidad, pero eran de sobra los motivos para que ella se encontrara así. Ahí, parada frente al fogón de leña, preparaba un café en agua de panela; mientras miraba sin ver por la ventana abierta de par en par, la oscuridad en la que iba cayendo el cafetal. A su lado y hablando de los ritos religiosos de esa semana estaban su cuñado y su hermano y al lado de ellos una mujer con algún tipo de retraso mental a la que se le notaba un embarazo ya muy adelantado. Ella al parecer hacía parte de los "muebles" de la finca.
De pronto un grito ahogado sale de la garganta de Rosalba, alega que acaba de ver una luz bailando en el cultivo cercano. Los hombres gritan con asombro primero y con alegría después ya que presumen es el aviso de un entierro que los hará muy ricos. Le piden a Rosalba que señale con precisión el sitio y le piden que se quede con la otra mujer en la cocina, les aconsejan que por nada del mundo se acerquen a donde ellos van a estar para que el "entierro no se esconda". Agarran pica y pala y se van dispuestos a extraer de la tierra la riqueza que esa noche se les ofrece. Golpean hasta encontrar un sitio "hueco"y allí empiezan a escarbar con cuidado, separan piedras e incluso raíces; no paran hasta que escuchan un golpe fuerte y un temblor de tierra que casi los deja sentados, han alcanzado a ver las ollas de barro e incluso el brillo del oro en una hendija que se abre y se cierra tan rápido que los deja deslumbrados. El susto tan espantoso hace que la boba que con sumo cuidado se había acercado a observar lo que los hombres hacían empiece su trabajo de parto, se preguntan qué deben hacer, si ir por la matrona o seguir el camino que trazó el entierro al esconderse.
Ya para qué llorar sobre la leche derramada, el oro se había ocultado y quien sabe a donde iría, la boba en su curiosidad le había hecho perder la gran riqueza imaginada. Ahora una nueva vida se abría camino.
Patricia Lara Pachón
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