La gema
El brillo del anillo llamó poderosamente su atención. Fue curioso, pues al ponerle más cuidado notó, el polvo acumulado, grasa adherida al interior, la piedra opaca; sintió en ese momento algo de temor pero el reflejo de introducirlo en el dedo anular fue más rápido. Le quedó flojo, así que el dedo índice fue el siguiente seleccionado. Ahí calzó perfectamente. Se puso la mano ante los ojos queriendo apreciar la belleza del objeto, pero lo que vio fue algo que se movía dentro de la perla. Raro, le pareció raro ya que no era un objeto translúcido. Lo acercó aun más a sus ojos, encendió la luz, se acercó al bombillo y cada vez era más claro que algo se movía al interior de ella. Buscó una lupa, pero no logro apreciar más de lo que veía a simple vista. Decidió quitarse la prenda pero por más esfuerzos que hizo, ésta se ajustaba aun más a su dedo, causando incluso un poco de dolor. Se lavó las manos, se puso jabón, crema de manos, aceite y nada funcionó. El anillo se aferraba a su dedo y entre más esfuerzos peor era el apretón. Decidió que iría al día siguiente a hacer cortar el metal en la ferretería.
Durmió intranquila y al despertar estaba cómodamente acomodada adentro de una sonrosada ostra.
Patricia Lara Pachón
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