La estatua
Escanció el vino y lo bebió despacio, excesivamente despacio, ya que la certeza de que su vida no sería igual lo invadió. Verla sentada en el sofá, erguida, estática; semejante a una estatua de mármol, lo hizo entenderlo. Siguió bebiendo despacio hasta dejar la botella vacía. La arrojó a las crepitantes llamas de la chimenea, tiró ahí también la sucia y arrugada carta, caminó hasta el sofá y se sentó al lado de ella. Ahora la estatua se completaba.
Patricia Lara Pachón
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