sábado, 1 de agosto de 2015

Ella (yo)





Me está viendo, lo sé. No puedo verla, pero la intuyo. Casi puedo ver su espléndida sonrisa sarcástica. Guardo silencio, no le daré el gusto de moverme; además, el dolor me impide girar y ella lo sabe. Pasan unos segundos y sigue ahí... suspira y se me sienta al lado de la colcha, me ve y se ríe a sus anchas. Se acerca lentamente a mi oído y exclama por lo bajo: "¡ojalá te doliera un poco más, así al menos escribirías!". Le lanzo un libro, el almohadón y mi teléfono celular. El esfuerzo acentúa el dolor de mi costado. Huye tan rauda como vino. Se me escapa un grito ahogado. Mi hija irrumpe en carrera al cuarto, preguntando qué pasó y recogiendo, extrañada, el reguero. Callo y seco una lágrima traicionera. No puedo contarle que por ahí anda mi álter ego, jodiendo. Acerco papel y lápiz, ¡es tiempo de escribir!

B. Osiris B.

Érase que era





(cuento cacofónico interpretado a tres punzadas en dolor mayor)

Érase una mujer, a su dolor, atada.
Érase a una cama tendida, ¡enjaulada!
Érase que era princesa encantada, la reina de un cuento ¡y no sabía nada!
Érase que su alma vacía -postrada- del mundo y la vida no quería nada.
Era que el silencio la halló de morada y era que moría, dolida y cansada.
Éranse tan duras las huellas (¡pisadas!), que un dolor cobarde ya la inhabitaba.
Eran los recuerdos febriles lanzadas,
que su esencia misma yacía alterada.
Y fuese que un día
¡así, de la nada!,
descubrió en un sueño que tenía alas:
alas de palabras, pasión libertaria, que le dieron vuelo
estando confinada.
Y fuese que nadie pudo ya encerrarla
Y fuese que la vida se tornó en palabras.
Y érase una historia que, siendo contada, cantó mil recuerdos de vidas pasadas.
Y se regó el llanto, se lavó la rabia.
Y ahora la princesa es feliz ¡y sabia!
B. Osiris B.

Huellas heridas





Hay dolores que duelen en el alma y que a pesar de que nadie más que uno los siente o los ve, dejan heridas que sangran.  A veces tarda mucho el restañar la herida y luego hay que irla curando con paños de agua sal y con pomadas varias, luego queda el recuerdo de algo que dolió y dolió mucho.  En noches de luna llena duele la antes herida hoy cicatriz, y duele y  duele de nuevo. Otros dolores hondos, dejan sentires acompañados de batir de alas y de suspiros ahogados.

Patricia Lara P.

Cómo será eso de morirse

  Cómo será eso de morirse.  ¿Uno se puede dejar ir?  ¿Nos quedamos aquí pegados hasta que no nos quede un aliento? ¿Qué es lo que nos hace ...