sábado, 6 de septiembre de 2014

Una venta en Noviembre





Ella vende un corazón roto, pegado con cemento al principio, con hilos de colores otras veces y con cinta adhesiva ya al final.  Destartalado, desvencijado pero aun latiendo.  Vende un par de manos tiernas hace un tiempo y ahora ajadas, arrugadas y llenas de huellas;  bellas unas muy feas otras.  Ofrece un par de ojos cansados de mirar en lontananza.  Una boca cerrada, una piel tibia y un regazo ya mustio.
Vende recuerdos.  Descriptivos retratos de momentos que si alguien amoroso los retomara un día;  podría hacer con ellos o bien una hermosa colcha o un lindo libro ilustrado.
Vende o regala.  Ella hoy está en promoción pues se siente  cansada y quiere sentarse en esa silla;  al frente de la casa, la que mira al camino, aquella a la que el limonar le da la mejor sombra y la más linda y pura  fragancia. 
Solo desea hoy sentarse a mirar el cielo y el suelo y no pensar en nada.
Patricia Lara P.

Nada





Dicen que cuando uno se va a morir o mejor, cuando se está muriendo; en esos mismos instantes;  ve su vida al revés.  Es decir, es como si caminara para atrás pero en cámara rápida.
Deseando revivir unos momentos.  Se tomó el bebedizo que le habían recomendado.  ¡Feo!  Inmundo sabor, pésimo olor; pero lograr hacer lo que deseaba,  bien  valía la pena.
Esperó unos minutos en los cuales se fue adormeciendo.  Y luego de un instante o de una eternidad;  nada.  ¡N A D A!
Lo habían engañado.  No recorrió su vida desde el final hasta el principio.  Había soñado con caminarla más despacio después de haberla perdido para quedarse más tiempo entre sus brazos, besarla más despacio, recorrer su piel calientica y suave, para llegar al momento en que la conoció.  Y detenerse allí para empezar de nuevo.
Pero no, no lo esperaba nada.  ¡N A D A!
Patricia Lara P.

Palabrujas





Y me pregunté entonces que  contenían y que hacían allí ese montón de bultos.  Obstruían un rimero de cosas que debía ver y decir.  Me aproximé,  e intenté abrir uno de ellos y salieron disparadas unas letras.  Asombrada lo hice de nuevo y otras lo hicieron y empezaron a formarse de tal manera que pude leer en ellas palabras.
Hmmmm.  Cosa rara, pues andaban perdidas algunas de las mías.  Me di a la tarea de abrir los costales y casi bailando y cantando las palabras felices me rodearon.
¡Conque ahí estaban chicas!  ¡Y yo buscándolas!
Espero que ahora liberadas todas me colaboren y digan cosas lindas, que hablen de amor, de sonrisas, de aves y de flores.  De cosas bellas en todo caso.
No sea que me harte un tanto y de nuevo las vuelva a amontonar entre costales y las olvide en un rincón por siempre.

Patricia Lara P.

Cómo será eso de morirse

  Cómo será eso de morirse.  ¿Uno se puede dejar ir?  ¿Nos quedamos aquí pegados hasta que no nos quede un aliento? ¿Qué es lo que nos hace ...