viernes, 16 de julio de 2010

Llorando adentro

Hay una canción que dice: “Aprendí a llorar en silencio", algunas personas aprenden a llorar sin lágrimas, a no mostrar los sentimientos,  a ocultarlos a todos, incluso a sí mismos.
Por eso son tachados de duros, de personas sin sentimientos ni emociones.  Lo cual para nada es cierto.  A lo mejor; bloquear incluso el gesto es doloroso, impensable para muchos e inalcanzable para otros más.
Ella jamás lloraba.  Desde niña le enseñaron a evitar las lágrimas, entre otras cosas porque no solucionaban nada y el muerto se quedaba muerto de todas formas y el florero roto y la comida quemada, etc.  También porque se afeaba tanto que no deseaba ser un monstruo frente a propios o extraños.
Ella no derramaba lágrimas ni de tristeza ni de alegría.  Tal vez algún bostezo le hacía aflorar una gota que rápidamente retiraba de sus ojos con un gesto disimulado. Algunos pensaban que engordaba por comer mucho, por no poder parar de consumir golosinas y demás, ella pensaba que la ansiedad la dominaba y por eso comía galletas, papitas fritas, leche, pan y otras delicias.  
Pasó el tiempo y ya no cabía en la silla en la que se sentaba y la cama estaba sostenida por ladrillos para poder soportar su peso monumental y la mofletuda cara sonreía como una máscara perpetua;  pero jamás se permitía que por ella se deslizara una lágrima.  
Además seguro no sería una lágrima de agua salada como las del resto de la gente conocida, muy seguramente una gota de aceite sería lo que se deslizaría por su tersa piel.   Había visto llorar de esa manera a los robots de las películas y casi como tal se sentía.
Un día sin motivo aparente un surco de agua suave y delicado corrió desde sus ojos por sus mejillas y no paró hasta dejarla convertida en un amasijo de piel y huesos.  Dos ojos negros y brillantes observaban desde el nudo aquel.  No era grasa lo que tenía acumulado por siempre en su cuerpo sino agua. 
Ahí estaba ella arrugada, empequeñecida y en medio de un charco que lentamente se secaba con el sol y el viento.

Alguna vez quizá

¿Alguna vez quizá tú me recuerdas?
No algo como:
-Si que jode esta mujer
-Ahora seguro llama a molestar
Sino más bien.
Que hermosa sonrisa tiene
y sus ojos tan bellos,
tan sinceros,
tan transparentes.
Me gusta la forma en que se mueve
o se expresa.
Me gusta el calor de su cuerpo,
la forma de sus manos,
el gesto de su cara.
O tal vez
Ha sido siempre buena
y siempre ha estado ahí
O mejor...

jueves, 15 de julio de 2010

Grietas

Hubo un temblor muy fuerte,
todo en mi ser se removió,
Surgieron unas grietas;
enormes,
otras no tanto.
Mi alma quedó expuesta,
sensible,
susceptible.
Hoy hago lo posible por resanar paredes,
por restañar las heridas.
Quedaran unas cuantas 
cicatrices y marcas.
Pero yo me habré hecho
más fuerte aún.

miércoles, 14 de julio de 2010

Algo raro

Algo me impelía a realizar aquel viaje, un ente superior guiaba mi camino hacia lo desconocido.  Así que después de haberlo pensado mucho, de haberlo discutido con familiares, amigos e incluso con desconocidos que coincidían conmigo en un bar o un parque, vendí todas mis posesiones terrenales. Compré las cosas más indispensables e inmediatas y metí en mi auto el efectivo restante y una pequeña valija con unas cuantas prendas de vestir y unos objetos para mí invaluables.  Unos pocos  pesos que no serían suficientes para vivir cuando menos un año –intuía- fue lo que logré de la venta de todo lo demás.  Pensaba que podía conseguir empleos temporales o incluso trabajar por techo y/o comida en los lugares de paso.  Lo que sí era seguro era que tenía que partir inmediatamente.
No necesitaba un mapa o un guía pues sin saber para donde iba tenía en mi mente la ruta bien establecida.  Casi que conocía los rostros de las gentes con las que me vería.  
Me llamaron loco, me suplicaron que no lo hiciera, me explicaron que tenía una vida, un trabajo, familiares y amigos y que no debía abandonarlo todo.  Pero nada de eso fue suficiente para cambiar la idea que taladraba mi mente.  No era algo que yo "deseara hacer", era algo que yo "debía" hacer, “tenía” que hacer.
No me despedí de nadie.  Es más tratando de no encontrar obstáculos partí antes de lo previsto y sin llamar demasiado sobre mí su atención, no deseaba mas reclamos o quejas y mucho menos lágrimas.
La carretera se abría ante mis ojos y yo me abría al mundo sin pensar en nada más, sin temer abandonar a nadie e imaginando lo maravilloso que sería lo que me esperaba.  
Crucé ciudades, parques, pueblos enteros.  Atravesé puentes y ríos, todos los climas posibles, subí montañas y recorrí valles, llanuras y conocí mucho, mucho camino.
Por más mundo que recorría no lograba llegar a mi destino, lo cual extrañamente no me desesperaba nada.  Era un camino largo para llegar a un lugar esperado, seguro, magnífico indudablemente. Paro en sitios lo indispensable, la gente ni me observa siquiera. Soy uno más en un mundo sin identidades, sin afectos.  Soy un número que entra y otro que casi inmediatamente sale.
Sin aviso posible entro a un pueblo pequeño, lleno de árboles, de aves, de niños y de viejos en el parque, en las calles hay gente. Me detengo un instante y siento que los ojos se posan insistentes en mí.
Decido continuar pero tengo hambre.  Miro en mis bolsillos y ya es muy poco el efectivo del que dispongo, no tengo con qué comprar comida en un restaurante pero muy seguramente en el supermercado podré comprar un refresco y un paquete de algo para satisfacer mi apetito.
Detengo el auto y entro a la tienda más cercana.  De pronto explotan globos y caen serpentinas y escucho un timbre muy fuerte y alguien con micrófono grita estridente: “El señor es el cliente un millón”.
Sorprendido no sé qué actitud asumir.  No sé si sonreír o hablar, solo miro a los lados, las personas me observan con atención, hay risas en sus labios pero sus ojos miran sin ver como alelados.  El del micrófono me habla, me dice que tengo derecho a llevar compras hasta un monto determinado sin pagar por ellas ni un centavo, explica que lo único que tengo que hacer es posar para una fotografía que quedará inmortalizando él momento en un muro de honor del almacén.
Me enseña una pared con unas cuantas fotos de personas que ya han recibido el honor y el premio.  Hay fotografías de muchos años atrás, en una secuencia magnífica, hasta llegar al momento actual, incluso un portarretratos está listo y esperando mi foto.
El individuo me acompaña por todo el almacén mientras selecciono las cosas que deseo llevar conmigo, incluso me ayuda a ir llevando las cuentas para no exceder el premio establecido.  Vamos luego hasta una de las cajas registradoras y empacan cuidadosamente mis artículos.  Ya obtenido mí premio debo posar para la foto.
Al fondo del establecimiento hay un cuarto, debo entrar en él para que me tomen la fotografía que luego estará para siempre exhibida en la pared del almacén.  Esta muy oscuro todo, siento un poco de opresión en el pecho y de pronto una luz brillante me deslumbra.  Algo me aplasta, me comprime, siento que pierdo el conocimiento por unos cuantos segundos al cabo de los cuales me despierto.  Desde mi ángulo visual veo completo el almacén.  Estoy petrificado, no puedo moverme, ni parpadear siquiera. Y un cúmulo de gente se aproxima a observar la fotografía del nuevo cliente un millón.

Te veo

Te veo en muchas cosas.
¿Será en todas?
Un hombre por ejemplo;
 tiene el gesto 
de tu boca al despertar,
otro tiene tus ojos cuando ríes
uno más tu sonrisa traviesa.
Y aquel otro la arruga
de tu frente cuando molesto me miras,
Uno más tu perfume.
Te veo en una plata cubierta de rocío,
en un gato chiquito y juguetón,
en aves y polluelos.
Te veo en las nubes danzantes,
y en los árboles susurrantes.
te percibo también cuando me ducho,
en la caricia del agua tibia que me recorre,
en la ternura del jabón.
Te siento en la toalla que me cubre
en la ropa que uso cada día.
Te veo, te escucho, te siento.

Volaré

Un día por fin
extenderé mis alas.
Y el viento tibio las sostendrá
apacible
y volaré 
Yo volaré gustosa al infinito.
Conoceré países y ciudades,
gentes, costumbres
y dialectos.
Sonriente me meceré 
en el viento
y volaré
y soñaré
y cantaré 
y acariciaré.
Un día cualquiera
seremos solo uno
El viento y yo.

domingo, 11 de julio de 2010

Mis ojos

Mirando al frente
siempre al frente

Deseo escribir pero no puedo

Deseo escribir versos de amor
pero estoy triste
Es la tristeza de los años idos
de las horas perdidas
de los suspiros arrojados al viento
sin retorno.
Deseo escribir versos de amor
pero estoy triste
Es la tristeza de los sueños truncados
de los viajes no realizados
de los libros aun no leídos
de los besos que no he dado
de los abrazos no entregados.
Deseo escribir versos de amor
pero estoy triste,
y no puedo.

jueves, 8 de julio de 2010

Me siento sola

Me siento sola,
tengo los ojos húmedos
y los brazos estirados al viento.
Tengo el corazón presto
y el alma en vuelo
Me siento sola
Tengo ganas de mimos
y de abrazos
y besos
Me siento sola
tengo ganas de abrir
al viento mis alas y volar
Me siento sola.

miércoles, 7 de julio de 2010

Cosas que pasan

Fui al médico por mis exámenes de control, rutina mas bien.  Cada año me practican análisis varios para encontrar que estoy supremamente bien.  Gracias a Dios siempre ha sido así y aun cuando en este momento solo tengo las fórmulas para ellos; sé que no será diferente en esta oportunidad.
Me gusta caminar y si el día está fresco es más rico aún; así que como la clínica queda relativamente cerca decidí hacerlo y regresar a mi casa a paso lento mirando el mundo y sus placeres, jajajaja.
Compro maní y camino muy tranquilamente, está relativamente sola la calle y yo disfruto mis pensamientos pensantes mientras miro las plantas, los negocios abiertos esperando clientes y los animales.  Me aproximo al aeropuerto y espero que me toque ver uno de los aterrizajes.  Lástima, no es hora así que sigo metida en mi misma.
De pronto siento que alguien me agarra una posadera.  Toda una mano me toma de la nalga y yo grito.  El sujeto que medio alcanzo a ver va en bicicleta y es un niño de unos 13 o 14 años a lo sumo. El acelera y se pierde en la distancia.  
Después del grito pues me da algo de risa, no sé si nerviosa o qué pero me da risa y sigo caminando sin cambiar incluso de velocidad.  Sencillamente sigo caminando y pensando que muy seguramente en unos años ese muchachito se puede convertir en violador o cosa parecida.  No se me hace normal que un niño ande por ahí robando tocadas de nalgas a señoras y menos una señora de mi edad.
Sigo pensando y de pronto abro los ojos y pienso.  !Hijuemichica!  No quería agarrarme la nalga sino robarme el celular que llevo en el bolsillo trasero  de mi pantalón.  Dirijo mi mano atrás y no.  Ahí sigue el teléfono, lo cual me da más risa aún, pues recuerdo un chiste según el cual a una dama le meten la mano entre el brasier y ella piensa que lleva buenas intenciones hasta que se da cuenta que le robaron el dinero que ahí tenía, jajajajaja.
Pienso entre mis adentros que el “pelaito” tenía buenas intenciones y sigo mi camino pensando en qué lleva a un muchacho a atentar contra alguien de esa manera y qué será de él en unos cuantos años más.

Yo

Nunca soñé con un amor.  Jamás pensé o deseé siquiera enamorarme, casarme, formar una familia.  No hice planes para el futuro.  Creo que mi intención era ir viviendo el momento pero sin soñar o pensar en amar y ser amada.
Me interesé por los hombres creo que tarde y a lo mejor un poco presionada por mi madre que seguro me veía muy tranquila sola.  No sé, a lo mejor pensó en algún momento que ni siquiera me gustaban los varones, jajajaja.  Era otra cosa eso es más que seguro.  Además de que mi primera menstruación llegó bastante tarde, tampoco en mi familia había visto amor de pareja o algo similar de tal modo que muy seguramente para mí no era importante esto, o no significaba gran cosa.
A los 18 años creo, llegó alguien que de alguna forma se interesó en mí y muy seguramente yo en él, pero por cualquier motivo me desencantaba y eso fue lo que sucedió.  Dejó de interesarme tan fácil como él se interesó en mí y claro; siendo un tanto malcriada lo maltraté obligándolo a alejarse de mí.  No fue sencillo pues algunas veces creo que lo que le gustaba era la familia.  Así que no dejó de ir por la casa y hablar o bien con mamá o con mi hermana o con cualquiera otro de los miembros de la familia que le prestara atención.
Pasó el tiempo, conocí personas pero ninguna que realmente me llegara a tocar, alguien de quien yo pudiera decir o pensar me enamoré.  Me siento enamorada.
No era para mí vital e importante hacerlo, mi vida tal y como estaba era buena, tranquila y reposada y no deseaba cambiar nada en ella.  Uno se acostumbra tanto a lo bueno como a lo malo y muy seguramente yo estaba completamente adaptada a ella tal y como ella era.
Jamás cruzó por mi mente que estuviera incapacitada no para amar sino para recibir amor.  Uno nace con un sino y algunas veces puede ser un sino de desamor.
No fui amada de niña; creo que llegué sencillamente porque debía llegar como algo lógico tras el sexo sin protección.  Fui engendrada a lo mejor por amor, pero quizá solo amor de una parte y amor de pareja no.   Amor o deseo de familia o de continuarse o perpetuarse  en el mundo menos, o de tener un hijo tampoco.  Creo que fui un accidente del amor de uno y el deseo del otro.  De tal modo uno se convierte incluso en un obstáculo en la pareja y no en una bendición.
De esta manera aun cuando fuimos varios hijos el amor no se sentía como tal y vivimos en una casa no un hogar, y compartíamos todo lo físico pero no lo emocional o espiritual.
De tal modo que no aprendí a sentir amor y menos a exteriorizarlo.  No, no hubo abrazos ni besos.  No hubo muestras de afecto, jamás un te quiero y menos un te amo.
Tuvimos cosas –pocas- pero afecto ninguno.  No nos faltó comida, vestido, techo, educación pero… Faltó lo primordial.  Enseñarnos a amar siendo amados, enseñarnos a dar y recibir caricias y abrazos y enseñarnos a amar a nuestros posibles futuros hijos con el ejemplo.
Ya desde los quince años sentía que no había nacido para el amor, me sentía extraña en medio de niñas que tenían novios y enamorados y aún cuando yo tenía pretendientes ninguno me interesaba.  Recuerdo que Juan Gabriel cantaba una canción que decía que no había nacido para amar y yo me identificaba plenamente con ella.  Mi hermano incluso me  obsequió el disco y aun lo conservo.  Al escucharla me digo que yo nací para amar sin ser amada.
Me casé enamorada.  No fue amor al principio, de eso casi que estoy segura, pero con el tiempo uno conoce a la persona, entiende su forma de ser y de pensar. Le gusta saber que además de un alma noble es un ser humano lleno de inteligencia y valores e incluso uno llega a pensar que será un buen padre.  Pero, curiosamente jamás me pregunté si yo misma sería una buena madre.  ¿Lo soy?  No estoy segura.  He velado por mis hijos siempre, he tratado de acompañarlos en todos los momentos de sus vidas muy cortas aun, he intentado ser madre más que amiga pero no sé si les he dado suficientes abrazos y besos y si conmigo ellos han aprendido a amar, a valorar al otro, a respetarlo y a acompañarlo.
Siempre he antepuesto la familia, los hijos, el esposo  a los deseos o intereses particulares o personales.  Le he dado tanto valor a la familia porque yo misma no crecí en una y deseo que mis hijos crezcan en un hogar real y verdadero.
Deseo irme con la satisfacción del deber cumplido pero añoro ser amada, ser tomada tiernamente entre los brazos y mirarme en los ojos del otro y saber que ahí en el fondo de ellos y llegando a su corazón hay un remanso de paz, pero también hay amor apasionado.
No sé si es que espero mucho del amor, si lo que aprendí en las novelas que leí y vi no es lo real y verdadero.  No sé si el haber crecido con tantas falencias afectivas es lo que me lleva a esperar tanto, no sé si estoy enamorada del amor romántico y ese no dura tanto, se acaba con los años y con la cotidianidad.
Deseo, añoro, ansío unos brazos fuertes que me abracen y unos ojos amorosos que me digan que soy importante, valiosa, que soy amada para lograr sentir que si valió la pena vivir.  Que las lágrimas pocas y las risas muchas valieron la pena, que me condujeron a buen puerto.  

domingo, 4 de julio de 2010

No más mocos señores futbolistas

Yo me pregunto hoy, después de mirar en televisión unos cuantos partidos (gracias a Dios no todos) si es un mundial realmente de fútbol o es un mundial de "mocos y expectoraciones"
Es el colmo señores futbolistas mundialistas que en pleno partido los muestren al mundo entero, las cámaras tapándose una de las fosas nasales con un dedo y lanzando a lo lejos un moco.
Los he visto al salir de camerinos caminar por un corredor largo lanzando a diestra y siniestra sus bellas expectoraciones.
Para mí es una falta de consideración y de respeto para con ellos mismos y para con las personas que por cualquier motivo los vemos.  He tenido el estomago revolcado a cada rato por esas demostraciones de mal gusto y de mala educación.  
En mi familia mis hermanos jugaron futbol, mi esposo lo hace y mi hijo también y jamás vi ni de su parte ni de la de sus amigos tamaña vulgaridad.  Así que no podemos decir que todos lo hacen ni que es una necesidad fisiológica o que se mueren si no los expulsan o algo parecido.
Estoy hasta la nariz de la mala educación de estos señores y de que los operarios o los que transmiten los partidos las muestren al mundo como lo más natural del mundo.  -Los mocos por supuesto que son naturales, la mala educación o mala crianza por supuesto que no-
No más mocos por favor... Respeten... tengan consideración.

sábado, 3 de julio de 2010

Michelle

Fue abandonada por su madre con dos hermanos.  Un parto prematuro a lo mejor la llevó a creer que ninguno se salvaría y ya había tenido y cuidado tantos bebés que estaba francamente agotada.  No importaba si morían, finalmente la vida no era algo agradable y a lo mejor los estaba salvando de un final tardío y más cruel que el que en este momento les estaba señalando.
Ya sus hermanos no se movían y ella apenas si lograba articular uno que otro sonido, se debilitaba más y más y ya no tenía fuerzas para luchar.  De pronto se ve una luz y unas personas la observan.  Toman a sus hermanos y los depositan con suavidad a un lado y a ella la miran con lástima y luego la envuelven en una cosa tibia y peluda.
La llevan hasta otro sitio y la entregan en manos de una desconocida que la observa con ternura.  ¿Se salvará?  No entiende por qué lo preguntan pues ella está poniendo de su parte, haciendo su mejor esfuerzo.
La alimentan con leche tibia con un dedo y gota a gota.  Jamás había probado algo tan rico, a decir verdad, hasta el momento no había probado nunca nada.  Después de pensar que esta llenita, que no desea más leche, la depositan con suavidad en una caja con un saco caliente y que huele muy bien.  Aún cuando está llena de pulgas se siente cómoda y duerme un rato, luego hace ruidos de nuevo y es recogida suavemente y alimentada, esta vez  con un gotero y su pancita se llena más rápido que antes. Es tan pequeñita que cabe en la palma de la mano.
Se da cuenta que nada más hace ruido y es abrazada amorosamente y alimentada.  Más o menos cada dos horas recibe alimento y amor.   Confeccionan con un mantenedor de temperatura de un acuario un calefactor.  Ya que no está con ella su mami y temiendo lastimarla lo mejor es mantenerle la temperatura con algo adicional.  Pero el calor empieza a sofocarla, afortunadamente se dan cuenta a tiempo que está a punto de ser cocida y la sacan de allí sudando.  Por segunda vez se salva de morir con unas cuantas horas de diferencia.
El tiempo pasa, la fuerza es cada vez mayor y logra salir de la caja y ver el sitio donde vive.  Personas de dos patas son las que la atienden amorosamente y la alimentan con frecuencia.  No nota mayor diferencia pues ella no se conoce ni a si misma siquiera.
Pasa el tiempo y es un miembro más de la familia, le sirven la comida a sus horas y la abrazan y acarician, se siente amada.  Un día la llevan al doctor y regresa un poco molesta, lastimada quizá pero las atenciones continúan y se recupera pronto.
Conoce perfectamente la casa y cada vez que desea ir al baño sale al patio y allí escarba un poco y rápidamente regresa a su casa.  El lugar en el que se siente más segura.
Un día ve un animal mirándola fijamente, tiene cuatro patas y una cola larga, es peludo y hace unos ruidos extraños; algo así como “miaooooo”.  Ella se asusta mucho y no sale, teme ser atacada por ese “monstruo”.  Al cabo de unos días ya no teme salir pero nunca se juntará con semejante ser tan extraño. 
Pasan los meses y se siente muy cómoda en su casa, todos la quieren y la llaman por su nombre para darle cosas ricas generalmente.  O bien comida o bien cariño.
Muy seguramente su mamá no ha pensado en ella jamás, muy seguramente se imagina que corrió la misma suerte que sus hermanos, muy seguramente ella jamás tuvo la fortuna de ser querida como la tristemente abandonada desde la cuna.
Pasan los años y un día se duerme dulcemente.  Vivió una vida feliz y pasó sus años dándoles felicidad a los que la recogieron con amor.  Pero la vida siempre llega a su fin y ella duerme plácidamente en el patio de la casa de la que fue dueña y señora.
Te quise mucho Michelle, fuiste prácticamente mi primer bebé y me acompañaste en muchos momentos.

jueves, 1 de julio de 2010

Abrazos

Tu me abrazas
y yo te abrazo
entre los dos hacemos
un nudo tan apretado
como el mundo
tan enredado 
como un laberinto
y tan fuerte 
como el universo
tu me abrazas 
y yo te abrazo.

Los libros

  Jugué en la calle hasta los 8 o 9 años. Dejé de hacerlo cuando aprendí a leer y encontré en los libros una compañía invaluable. En esas le...