jueves, 29 de agosto de 2013
miércoles, 28 de agosto de 2013
El Amante
Al pobre hombre nadie lo comprende. Lo tachan de mentiroso o de inconstante. Nadie entiende la naturaleza del hechizo que lo ata a su comportamiento veleidoso. Nadie sabe ni sabrá nunca cuánto sufre porque, al enamorarse y sentir que todo puede durar para siempre, salen de su boca esas palabras fatídicas que lo torturan. No sabe cómo, no sabe cuándo, ellas fluyen de su voz. Asombrado, siempre se sorprende diciendo a su amada la frase: “Se me acabó el amor”. Esa es la señal para partir de nuevo, buscando paliar su sufrimiento en otros brazos, para refugiarse en otra vida. Sigiloso y taciturno, hace las maletas y emprende la retirada, una veces acompañada de insultos, otras de llanto, las más de una larga retahíla de preguntas que él no puede responder. Y lo juzgan. Pero nadie le ve llorar al sufrir los efectos de la maldición que pesa sobre su destino. El destino de no amar nunca a una sola mujer, de no sentir el afecto y la ternura de un único amor. Una vez más ha llegado la hora de partir, sin adiós, sin despedidas. Y así vagará, solitario e inconstante por siempre jamás.
B. Osiris B.
De Paseo
Vuela una bandada de loros ruidosos (¡me encanta su sonido!), sopla la brisa entre los árboles y algo muy parecido al gozo recorre mi cuerpo mientras veo estremecerse sus copas. Al frente, una libélula pasea al ras del agua, buscando saciar la sed matinal. Unas avecillas cantan a lo lejos y su trinar se confunde con el golpeteo de un niño que corta ramas de un árbol, montaña adentro. El sol brilla y el aire es fresco. Termina la mañana y ya casi olvido que una rana tomó por asalto el lavabo y casi me hago pis en los pantalones. Un cielo azul, radiante y limpio, me invita a soltar un suspiro hondo. Agradezco tanta belleza. Un “piquijuye” me saca de mi contemplación, para descubrir que a mis pies unas emprendedoras hormigas tratan de hacer un picnic. Una enorme mariposa se apodera de mi toalla y es casi imposible convencerla de una devolución pacífica: es temeraria y combativa, pero mi hija, espadachín de palo de escoba, gana la batalla. La toalla vuelve a mis manos. Otra picadita en mis piernas. Un salto. Vuelvo a suspirar. Miro al cielo. Es la más cordial bienvenida a "bicholandia" y me agrada estar aquí.
B. Osiris B.
"Fallere"
Más allá de tus ojos
la imaginación
tergiversa tu realidad.
Lo que te circunda
no es lo que ves
y viceversa.
Diaria contienda
agita tus sentidos
disociándote
de lo que eres
y lo que quieres ser.
Todo lo niegas
ante una verdad única
–e inexistente-,
alucinando una quimera.
Ojos vendados,
corazón marchito,
esperanzas rotas.
Tu mundo es diferente.
Y, en un universo paralelo,
mueres un poco cada día.
No vives.
B. Osiris B.
El agüero de la planta de Ruda.
Tengo todos los agüeros... todos -Eso es lo que yo en mi infinita ignorancia- creía. Pues no. Hoy estuvo el jardinero en casa, recortó y podó las plantas y abonó con cuidado todo. Luego entró con unas semillas en la mano y me dijo: “Señora Patricia; ahí está para que guarde en el bolso para la buena suerte". Abrí mi mano, recibí las pepitas, le di las gracias y seguí hablando con Olga. Ella me dijo; "tómeles foto" -es como yo loca por las fotos- Así que terminando de hablar con ella. Regreso yo, al patio y le digo al mono: "Ahora sí, cuénteme bien como es la cosa"
Me explicó, que la planta de ruda, produce normalmente unas semillas de
cuatro puntas, pero que cuando la semilla tiene cinco puntas es de mucha
suerte. Me dijo que es extraño encontrar una, pero mi planta no solo
tenía una, sino; dos que se guardó él, una para su señora y otra para sí
mismo. Y ocho más.
Les adjunto la foto por si desean salir a la cacería ya no de tréboles
de cuatro hojas sino de semillas de ruda.
¿Cuantos agüeritos habrán por ahí que
aún no me conocen?
Se acabó
Dijo: “Se me acabó el amor”
Y no era cierto... de haberlo sido...
Tampoco habría habido amor para la
otra.
martes, 27 de agosto de 2013
Los cuentos
La angustia se reflejaba no solo en el rictus de su boca, sino en sus ojos y en sus manos que apretaban frenéticamente un pañuelo antes húmedo de lágrimas ahora seco por tanta fricción.
Caminaba como lobo en celo y posaba la mirada en un sitio o en otro...
ahora la puerta, luego la ventana, la silla vacía, la cama deshecha y de nuevo.
Le parecía una eternidad pues bien es sabido que el que espera es quien
desespera. El menor ruido la hacía entrar en otro de sus enardecidos
paroxismos.
De todas formas la ansiedad jamás cedía y los médicos desesperaban pues
era una paciente medicada por años que seguía esperando la llegada de un
príncipe azul.
Su madre la crió leyéndole historias fantásticas y ella se las creyó todas.
Ahora ya anciana, recluida por años-
casi toda una vida- en un hospital psiquiátrico, sigue en la espera,
retorciendo el pañuelito que humedece con las lágrimas que derrama día a
día. Sus piernas que ya poco o nada la sostienen caminan sin parar de un
lado al otro del cuarto. Pero sus ojos... ellos conservan la vida, el
brillo y la lozanía de la juventud temprana y al menor ruido; saltan de la puerta del cuarto a la ventana y
de esta a la silla -sempiternamente vacía- y a la cama deshecha y de nuevo nada.
Ajedrez
En un enroque, el monarca pierde la vida junto a su fiel amigo,
compañero de mil batallas. La reina negra, inmisericorde, alza su
espada luego de la estocada final. Una carcajada al viento y una mirada
furtiva a la otra esquina del tablero; desde allí, sonriente, la otrora
prisionera clama la presencia de su libertadora. El tablero goza de
una nueva geografía geopolítica. La reina negra galopa en búsqueda de
su amante furtiva. Ambas soberanas se besan con pasión, despojadas de
toda investidura ante una multitud atónita de peones y alfiles que no
saben a cuál de ellas aclamar. En una salida inteligente, la torre
grita:
- “¡Que viva el amor!”
- “¡Que viva el amor!”, replican todos
Entre vítores y carcajadas, se avizora una nueva era. En un instante
ya nadie recuerda al rey blanco. El rey negro, feliz, se ha retirado a
vivir de sus rentas en un tablero de Monopolio: es su ideal de
felicidad, ser un yuppie trasnochado, dedicado a la compra-venta de
bienes raíces. A él tampoco lo recuerdan y, la verdad, eso poco le
importa.
B. Osiris B.
Lo que vi hoy
Un gato que es como un amanecer
Unas verduras de interiores
Tomates de árbol madurando
Mi rosal japones
Mi rosal
Pienso
Cada vez que te veo
pienso
que solo tú sabes saber ser tú.
que solo tú sabes saber ser tú.
Como solo yo, se
ser yo.
Y que juntos
sabemos ser
nosotros.
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Los libros
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