Él: Si te da frío allá puedes llamarme
Ella: Llevo mi chaqueta (abrigo)
Él: No es lo mismo
Ella: Tampoco tú.
Él: Si te da frío allá puedes llamarme
Ella: Llevo mi chaqueta (abrigo)
Él: No es lo mismo
Ella: Tampoco tú.

No has perdido las ganas de vivir
y mientras hayan ganas hay esperanza.
Lo peor sucede
Cuando tú ya no sientes ganas
o no quieres luchar
y entonces la vida
se va yendo
como un hilo de agua corre
hacia el drenaje.
la mirada va perdiendo su brillo
la piel se vuelve mustia
-seca-
No pierdas las ganas de vivir
aun faltan muchas risas por reír
e incluso muchas lágrimas por derramar
La vida debe continuar
Pues a pesar de todo siempre es buena
Y debes tu saber que…
Llenar de colores la mirada,
de olores los pulmones,
de sonidos el alma,
siempre será importante.
No quieras detenerte aun
Pues eres joven y muy bella
Y hay muchas cosas por hacer
Y muchas situaciones por vivir.
No perdamos la fe
La vida a pesar de todo
es muy hermosa.
Amó una vez
¿Y qué más quiere?
Algunos viven años
de odios
sin quererse ni siquiera
a sí mismos.
Otros
aman mucho
a muchas o a muchos
y se aman a sí mismos muy poco.
Algunos más tienen dos o tres amores
En una vida larga.
Y unos pocos o muchos
Yo no sé
Solo una vez
Tal vez
Pero…
Amar solo una vez
es suficiente.

En la vida todo es sueño
hasta las personas
cuando menos se espera
sueltan las amarras
y parten.
Uno mismo
en cualquier momento
se va.
No entiendo
Cuál es el propósito;
Aprender a despedirse
¿Quizás?
Uno nunca está preparado
sabemos que lo único
fijo en la vida es la muerte
pero cuando llega
sorprende
duele
amarga.
Yo no entiendo.

Octubre; mes de duendes y brujas.
Espero te asuste un poco mi relato.
Me he encontrado anonadada todo el día, atontada se podría decir. He sentido que el aire no entra en mis pulmones adecuadamente, que el brazo izquierdo se me duerme y me duele un poco. El terror me ha acompañado desde hace ya tiempo y el corazón se quiere salir, galopar bravamente y alejarse de mí ya que intuye que yo soy el peligro.
Tómate una aspirina (por aquello de que puede ser un infarto) Me tomo dos y continuo mi día con el presentimiento de que algo terrible me va a suceder. Todo el tiempo miro hacia atrás y a los lados buscando.
Llega la noche aun mas cargada de augurios, negros presagios invaden mi mente y me conducen a un mundo más oscuro aun y lleno de terror. Me duermo sobresaltada, el televisor está encendido y yo escucho conversaciones en inglés que poco o nada entiendo pero que de igual manera me sirven de compañía y me relajan un poco. Me voy adormeciendo con el corazón estrujado y palpitando raudamente. Las manos me sudan y estoy tan fría, tan helada que doy miedo. No hay cobija ni abrazo que logre hacerme entrar en calor.
De pronto, en medio del sueño o duermevela siento que me observan. Abro los ojos y allí, en uno de los ángulos superiores de mi cuarto esta ella. No es una mujer completa. Solo es la cabeza de una mujer negra, de ojos enormes que me miran con malignidad. Siento su odio en el brillo de sus ojos negros y enormes. De pronto abriendo la boca intento gritar, chillar y no sale ni siquiera un sonido de mis labios, ni de mi garganta.
Ella; la mujer... La cabeza de mujer toma impulso y raudamente penetra en mi cuerpo. Yo ahí si grito, suplico. Le pido que me deje en paz, que salga de mi cuerpo, pero… Ella habita en mí desde hace años. Logra que mis comportamientos no sean los mismos, que yo vea la vida a veces tan oscura que no deseo nada más que descansar en paz. Ella domina mi vida desde hace ya tiempo. La gente no entiende, no comprende y muy seguramente puede llegar a pensar que me volví loca.
Yo sé que no es así… ya que yo la siento, la presiento, la intuyo, la percibo y a pesar de oponer gran resistencia termino siempre siendo dominada… Pues ella aún habita en mí.

Ando buscando un sombrero rojo. Uno que le dé más expresividad a mi rostro, que ilumine mis ojos y los torne un poco al color violeta, uno que dé un todo rosa a mis mejillas, uno que ponga aun más brillo a mis labios y me haga sentir genial, sexi y hermosa para ti.
Ando buscando un sombrero rojo. Uno que ponga ideas doradas en mi cerebro, que llene de magnificencia mis escritos y que te haga sentir que soy más brillante y más inteligente.
Ando buscando un sombrero rojo. Uno que me haga ver hermosa a tus ojos, que te haga pensar y sentir que soy la MUJER, tu MUJER, aquella que deseas lucir y presumir. Aquella que quieres tener a tu lado en las noches antes de dormir y al abrir los ojos en las mañanas sea lo primero que deseas ver.
Ando buscando un sombrero rojo. Uno que te haga sentirme y desearme.
¿Será que un sombrero rojo hace una gran diferencia?
Algunas veces uno escucha un comentario como este: “¿Supiste que se murió fulano de tal?" y la persona a la cual se pregunta responde: "¿Si? No. No sabía pero ese es un buen muerto".
Es terrible pensar que al morir alguien haya personas que se alegren por su desaparición y más aun que lo consideren un buen muerto.
Tremendo pensar y sentir que en un momento dado cualquier persona, pero más si es familia te pueda llegar a considerar buen muerto.
Algunas veces he sentido que la gente solo espera. Y al llegar el momento se puede considerar liberado y feliz de haber logrado salir ileso de una relación en la cual él o ella habría podido ser el buen muerto.

Hay películas que puedo ver una y otra y otra vez, casi autísticamente; por ejemplo el Diario de Bridget Jones, El beso francés, Mujer bonita. Son cintas románticas y llenas de los sueños con los que me hicieron crecer y en los que me hicieron creer. Cuentos de hadas como la Cenicienta y Blanca nieves traídos o recreados para seres humanos como yo; llenos de quimeras y de ilusiones.
(¿La palabra Iluso vendrá de ilusión?)
Toda la vida la pasamos soñando sueños de amores reales. Llenos de pasión y entrega total. Ciencia ficción; romántica ciencia ficción y nada más.
La vida tiene más lágrimas que sonrisas. Más llantos que alegrías. Muchas ilusiones pero más desilusiones.
Y todos los días se me va muriendo una parte del alma y me siento más y más infeliz.

Estuve buscando en internet las cosas que nos hacen felices. Leí y releí muchas cosas sin siquiera sonreír una vez. Y es que sentí que nada de eso me llegaba al alma. Es decir, que las cosas que hoy hacen felices a otras personas no me causan felicidad a mí. Y además sentí que no hay prácticamente nada que me haga sonreír o que me haga sentir feliz hoy.
Dormí mal... alguien le abrió la puerta de mi cuarto a mi perro y cuando llueve aun cuando sea la mas mínima de las lluvias él se espanta mucho y no deja dormir y ya antes de anoche dormí pesimamente; además ayer encontré cosas que idiotamente busqué que me causaron dolor, mucho dolor. Por lo tanto no me siento feliz hoy. Y no creo además que nada me logre causar felicidad.
He pensado que quizás el calor del sol me reconfortara pero hoy no habrá sol, él no saldrá a calentar con sus rayos mi piel, mi alma y yo no podré cerrar los ojos y poner mi cara de frente para que me abrace aun cuando solo sea un poco. He pensado que un run run de Gustavo me podría hacer sonreír pero él anda en otros menesteres y no se me acerca, además la tristeza aleja a medio mundo y el otro medio ni siquiera sabe que existo y tampoco le importa lo que siento. Una llamada podría hacerme feliz, pero desde hace tiempo no recibo una llamada para decirme que soy importante, que se me extraña y que desearía más que nada en el mundo mi compañía... así que desechado el motivo para sonreír no queda más que lagrimear un poco, sentirme tonta y estúpida y meterme en la cama a considerarme miserable.
En un rato me levantaré, me ducharé, maquillaré mi triste rostro, y me pondré una sonrisa de fantasía. Me vestiré lo mejor que pueda y saldré a la calle. Iré al banco, caminaré un poco, vitrinearé otro poco más; a lo mejor compre algo que no me hará feliz y regresaré a meterme de nuevo en la cama. A fingir que duermo o miro televisión sin motivos suficientes para llorar pero tampoco para sentirme feliz.
Hoy es un día de esos miserablemente tristes que afortunadamente son necesarios pero que no hacen parte del diario vivir.
Hoy será un día de esos que muy seguramente nada compondrá y que a lo mejor si puede tornarse aun peor.

La vida es una danza; lenta a veces, rauda y casi loca otras. En algunas oportunidades sensual y unas cuantas más mortal. La vida es un baile sin coreografía ni música definidas. Depende del momento del sentimiento que te genere la escucha del instante. Algunas veces no percibes nada y te detienes e intentas oír y te sientas y esperas un poco más y de pronto en forma loca, estentórea, rauda; la vida danza de nuevo y te lleva por caminos insospechados y te muda de ropas, de parajes, de parejas, de instantes, de momentos, de gentes. Y tú danzas sin parar; frenéticamente, alocadamente. De pronto de nuevo la vida se detiene casi completamente y de nuevo cierras los ojos, escuchas y quieres bailar pero no hay forma. No es posible. La vida perdió musicalidad y calidad y calideces y solo la observas con un brillo de locura en los ojos, con los labios húmedos y deseos de bailar de nuevo. La vida danza antes tus ojos fríos, oscuros. Solo ella lo hace y tú desde un lado del escenario la observas bailar, girar con loco furor. Ella desea bailar contigo y tu también deseas bailar con ella pero solo estas ahí sin estar realmente. Solo eres un espectador en el frenesí del baile de la vida.
Cerré los ojos, intenté abrirlos de nuevo y no lo logré. No tenía control sobre mi cuerpo ni el más mínimo deseo. Me sentía relajada, se podría decir que estaba casi feliz y sumamente tranquila. Sentí que mi espíritu se desplazaba hacia ningún sitio y ansiaba continuar el camino sin detenerme, sin pensar. Quería alejarme lo más posible de todo y de todos. De mí misma por supuesto. Sentí que resbalaba y caía... incapacitada como estaba para moverme, para hablar, para decir algo no opuse la menor resistencia y quedé en el piso tal y como había caído. No me molestó en absoluto la sensación. Solo ansiaba dormir, flotar levemente en el espacio, dormir sin sueños, sin personas, sin cuerpos, sin palabras, sin sonidos. Dormir calladamente, sin pausas.
El cuerpo no me obedecía pero no era que lo sintiera pesado para nada, era como una incapacidad total de desear. Solo quería estar ahí tumbada sobre el suelo que no se sentía ni duro ni frío. No pensé en nada ni en nadie, ni en mis hijos siquiera. No sentí remordimientos de conciencia, ni cuentas pendientes solo sentía tranquilidad, vacío y sueño. Lo demás vivía y yo solo flotaba y me dejaba ir.
Jugué en la calle hasta los 8 o 9 años. Dejé de hacerlo cuando aprendí a leer y encontré en los libros una compañía invaluable. En esas le...