domingo, 9 de febrero de 2014

Cada cuatro de Marzo





Cada cuatro de Marzo, ella se dedicaba a sobrevivir.  No se levantaba de la cama ni para ir al baño.  Se quedaba ahí tirada respirando lentamente.  Fingiendo que no era.  Cada cuatro de Marzo subsistía silenciosamente.  No abría las ventanas, no encendía el radio ni la televisión.  Cada cuatro de Marzo fingía que no era nada, ni nadie, ni ella.
Al día siguiente renovada.  Hacía todo lo que debía haber hecho el día anterior y el propio día.  Y vivía a plenitud y respiraba más y sonreía mucho y lagrimeaba un poco y amaba un tanto y... todos los y;  que pudieran sucederse y suceder.
Cada cuatro de Marzo.
Patricia Lara P.

sábado, 8 de febrero de 2014

Votos




Prometo hacerte llorar con mis fallos y desaciertos,
que no serán muchos, ni pocos, pero sé que ocurrirán.
Prometo, también, hacerte reír con alguna que otra locura,
son mi total especialidad.
Prometo que no llenaré a tiempo la jarra del agua
(o que la dejaré vacía en la nevera).
Prometo olvidar cada día apagar la luz del cuarto, cuando vamos a dormir;
puedes tener por cierto que lo haré cada noche de mi vida
(aunque me lo hayas recordado)
Prometo olvidar las fechas importantes,
aunque haya estado pendiente de ellas hasta la víspera.
Prometo reír, llorar, gritar, soñar, cantar, brincar y muchas otras cosas
justo cuando tú menos los esperes (y sin sentirme culpable).
Prometo recriminarte lo que no me gusta, molestarme por tus reclamos
¡y comerme los dulces que guardes en la nevera!
Prometo preguntarte de qué trata una película, no porque me interese,
sino para llamar tu atención en el momento más importante.
Prometo no comprender tu naturaleza humana y quererte hasta que me sea posible.
Y luego, prometo abandonarte en silencio y sin una explicación,
para que pienses lo que mejor te venga en gana.

Jejejeje... creo que estos serían mis votos, jajajaja
B. Osiris B.

Margot y las promesas




A Margot no le gustan las promesas. Piensa que son la vía más directa para la decepción y el desencuentro de las personas. Siempre recuerda una película (no recuerda cuál) en la que Shirley Temple (o cualquier otro niño de película a blanco y negro) llora, reclamándole a un adulto en un mar de lágrimas y desconsolación con la frase “lo prometiste”. También recuerda el desasosiego y la tristeza que sentía pues, siendo niña ilusa y soñadora, no reconocía casi nunca la diferencia entre las historias contadas en las películas y la realidad, así que lloraba con la niña de la película y hasta más que ella. No, definitivamente, que no le gustan las promesas. Por eso siempre se prometió a sí misma no prometer nada a nadie, para que no sufriera por su causa.
Cantan las aves y Margot vuelve de su ensueño. Tiene un desasosiego en el pecho, como el que deja alguna promesa no cumplida, ¡una promesa rota! No logra recordar por qué comenzó a divagar respecto al tema (como casi nunca recuerda las razones de sus desvaríos). Un suspiro liberador le sale del pecho y una lágrima le recorre el rostro. La incertidumbre de un recuerdo no encontrado y la certeza de una promesa lanzada al viento la entristecen. Otro suspiro. Trinan las aves, canta un gallo y Margot se despereza. Un brinquito de la cama ¡y a darse un buen baño para olvidar que no recuerda la promesa que la entristeció por un instante! Sonríe y dice:
- ¡Buenos días, alegría, prometo no entristecerme más por hoy!
Para sus adentros, se carcajea diciendo: “¡ooops, verdad que no me gustan las promesas!”
Cae el agua de la regadera y una carcajada resuena por toda la casa.
B. Osiris B.

Promesas




La amo apenas verla y deseo pasar el resto de su vida a su lado y se lo dijo a ella  y fueron al altar y allí ante Dios y ante los hombres  se prometieron muchas cosas.  Y luego de un tiempo, poco incluso.  Vio pasar a la otra  y le sucedió lo mismo exactamente.  Se enamoró perdida y locamente.  Y las promesas antes hechas se rompieron.  Y creyó a pie juntilla que el amor de verdad había llegado para quedarse.  Y se casó de nuevo y juró de nuevo y prometió de nuevo, cosas que pensaba podía cumplir; y tampoco cumplió.
Un nuevo amor tocó a su puerta, no una ni dos más, sino muchas veces, muchas.  A este hombre al amor le duraba un año, ni un día más.
Pero no era su culpa, el culpable real era el amor.  El amor romántico que no solo desean las mujeres.  Los hombres sueñan con vidas plenas de amor, romanticismo y sexo y vuelan sobre nubes y las mariposas en su abdomen hasta los hacen flotar sobre algodones.
Nunca dejo de prometer promesas y nunca dejo de enamorarse con locura y pasión y por lo mismo y todo, nuestro querido galán nunca cumplió.

Patricia Lara P.

viernes, 7 de febrero de 2014

El amor verdadero




A ese corazón ya no le cabía una puntada más.  Se podría decir incluso que era hilos de colores entrelazados, anudados.  Donde en algún momento hubo vida, alegría y amor solo existían ahora remiendos.  Pero curiosamente, todos esos nudos cobraban fuerza y latían prestos nada más verlo o percibirlo.
Era alto, delgado, ojos negros como la noche más negra, sonrisa franca, caminar felino y lo más importante de todo;  a ella le encantaba.  No importaba que su corazón prácticamente no se pudiera llamar así.
Un día de entre muchos, se le aproximó silente.  Se paró a sus espaldas; cerca, tan cerca que podrían olerse y escuchar sus corazones latir mutuamente.  Primero raudos y locos como caballos desbocados  y luego, acompasados.  Se giró ella, lo miro a los ojos y vio tanto amor, tanto.  Que se pegó a su pecho, y en un abrazo fuerte pero acariciador se fundieron.
De pronto y por un milagro del cielo, todos aquellos destrozos desaparecieron y surgió en cada uno de ellos un corazón nuevo.  Brillante, vibrante y lozano. 
Entonces ellos comprendieron que los amores fallidos conducen al amor verdadero.  Y entendieron igualmente que el amor verdadero lo sana todo.
Patricia Lara P.

Los libros

  Jugué en la calle hasta los 8 o 9 años. Dejé de hacerlo cuando aprendí a leer y encontré en los libros una compañía invaluable. En esas le...