jueves, 26 de marzo de 2026

El dia que mi ciudad calló

 El día que mi ciudad calló 


Pensé que sería otro día de esos que avanzan a la topa tolondra y en los cuales el tiempo parece que a nadie le alcanza, por lo menos es la excusa que usamos siempre. "No he podido ir o hacer esto o aquello, el día ya no rinde como antes" 
Lo cierto del caso es que al querer saludar a mi esposo ni un pequeño gemido salió de mis labios,  ¿Me he quedado muda? Miro a mi esposo que duerme apaciblemente y ¿qué creen? Sus ronquidos que llama ronroneos brillan por su ausencia. Yo aún no he tenido tiempo de asustarme, creo que aun estoy adormilada.
Subo las escaleras notando un silencio sobrenatural, igual me encanta poder disfrutar del silencio y de mi propia compañía.
Preparo el desayuno y se lo llevo al caballero que aún duerme, como no puedo hablarle, le muevo el hombro para despertarlo. Él hace el intento de saludar pero se detiene asombrado. Igual come su desayuno, se ducha y sale a terminar de prepararse para ir a trabajar. Toma su celular y me escribe algo mientras me señala el mío para que responda. Le explicó que yo tampoco puedo hablar y nos reímos con emoticones. Sale, aborda su vehículo y se dirige al trabajo. Yo, empiezo a "escuchar" música en Youtube, y veo videos en Tik Tok  mientras hago infinidad de tareas. No extraño para nada hablar pues como estoy sola mi rutina es más o menos la misma. Sí me cuestiono lo extraño que es que no podamos hablar pero...
Mi esposo me escribe que en el trabajo todos están igual, algunos entraron en crisis de nervios, otros se fueron para las urgencias médicas y unos más regresaron a sus casas; unos pocos están realizando sus tareas diarias normales.
Es medio día y Ricardo viene a almorzar, nos saludamos como siempre, le sirvo su almuerzo y al terminar vamos al cuarto a observar las noticias, vemos que aparecen los informes escritos mientras los presentadores atontados sonríen frente a las cámaras. Preferimos hacer la siesta que no es interrumpida por canciones o llantos o ruidos cotidianos. Mi esposo decide trabajar desde la casa, pues no tiene sentido regresar a la oficina. La noche nos sorprende leyendo un libro que desde hace días nos espera en la mesa de noche. Nos dormimos intranquilos pues la sensación no ha sido terrible pero si muy extraña.
Me despierto en la mañana y escucho a Dario Gomez "Nadie es eterno en el mundo" No sé si fue un mal sueño, pero afortunadamente pasó y puedo acompañar el radio cantando estentóreamente "... ni teniendo un corazón..." 

Patricia Lara Pachón 
 




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