Las cosas
Las cosas
El tiempo que oscurece la mirada... A veces
Metiches
Hogar
Ella, Patricia le dice a su perrito "bobo", se lo dice con cariño y Capitán le menea alegremente la cola. El can fue dejado en frente de la casa de ella, con una coca con agua y otra con comida. Cuando Patricia lo vio, inmediatamente sintió que ya tenía perro que le ladrara. Fue amor a primera vista. Una vez publicó en el grupo del barrio que lo adoptaría, algunos vecinos jóvenes se dieron a la tarea de atraparlo para entregárselo en sus brazos, la reacción del perro fue darle un lengüetazo y sellar así el trato de ser familia por siempre. Únicamente la muerte los podría separar.
Quien... ¿Quien eres?
Me encantaría saber quien eres... Un comentario en alguno de estos escritos podría ser la forma de saber quien... Quien eres.
Gracias,
Patricia Lara P
Asco
Acceso
Me veía impelida a hacerlo. Miraba sin ver realmente y me retorcía los dedos, al sentarme en frente, un retorcijón me enredaba las entrañas. Miraba de nuevo y me ponía de pie e intentaba acercarme pero más me demoraba en agarrar fuerza que en perderla de nuevo. No, a pesar de querer no lograba convencerme, mi deseo no era tan fuerte como para decidirme a la acción y prefería seguir debatiéndome en mi indecisión.
Monstruos
Casi invisibles
Me mira
Un flujo de conciencia
Mi infierno
Ama de casa
Microcuento
Para aquellos que esperan morir en cualquier momento.
Me recriminan
ELA
Trabaja de día
Y yo...
Les quitaré de enmedio
Hoy tomé la decisión. Fue sencillo después de haberlo pensado tanto. Voy a quitarles la vida, no va a ser sencillo por supuesto, pero me tienen harta. Les he tenido paciencia y nada, les he hablado con calma, les he gritado histérica y por un lado les entra y por el otro les sale sin causar el menor impacto. Le he puesto una que otra trampa y escapan de ellas con impunidad absoluta. Así que ni modo. Les voy a quitar la vida. Hoy he contratado a un fumigador... Adiós hormigas.
Patricia Lara Pachón
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Morir antes de nacer
Morir antes de nacer, pero no antes de vivir. Y es que después del primer latido, hay vida. Y hay personas que pueden asesinar, pero todo el mundo no está hecho para eso. Hay que tener sangre fría para seguir viviendo después de eso. O enloquecer. Escuchar todo el tiempo el llanto de su hijo, pensar todos los días como sería, imaginar cumpleaños, navidades. Primer día de escuela, grados, matrimonio... Nietos.
El árbol
Cristal rajado
Martin y Javier
Andariegas
Llueve
Don perro
Flujo de conciencia II
Yo
¡Qué rico como el viento mece las hojas de los árboles!... debo ponerme las pilas, no he hecho las llamadas para los medicamentos de mamá, pero estoy lavando la ropa, ¡y además tengo que recoger y doblar la otra!... Déjame aprovechar barrer mientras escucho un audio, ¡Dios, que no se me olvide llamar para lo de los medicamentos!... ¿Qué será ese olor extraño?, mejor enciendo un par de velas y el incienso rapidito para ir por algunas verduras y la brincha de carne. ¿De qué será ese bendito olor extraño?, tengo que buscarlo y limpiar cuando lo encuentre... Pongo agüita en las plantas y voy a lo de las llamadas... ¡aún no tiendo la cama!... Cuando salga, que no se me olvide que debo comprar el foami y el pegante... Se me está yendo la tarde y aún no he paseado a Capi; el arroz está seco, lo tapo y me siento un ratito con el gato que quiere mimos. Lau tiene hambre, ¿será que le preparo algo? ¡Tan lindo Capi, como se saborea mendigando! ¡Qué rica brisa que mueve las hojas de los árboles!, esos pétalos se ven bellos al caer... ¡Empezaron a llover, llover flores y esta lluvia amarilla que dora la calle está como para escribir un cuento!... Con esta humedad se me tardará más en secar la ropa... No me está rindiendo la tarde, ¡y todavía tengo que llamar por las medicinas de mamá!
Patricia Lara Pachón
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Otoño
El otoño un dia se percató que él fue justamente, el preludio de la muerte. Las hojas se tornaron amarillas y cafés, otras doradas. Cayeron motivadas por el viento suave primero y huracanado después. El piso era un tapete crujiente y a pesar de todo hermoso. Los troncos de los árboles inhiestos veían todo con desolación. El pasto se pudrió en sus raíces, fango frío y resbaloso lo cubría todo.
La vida expiraba, ya no se podía esperar nada; y de pronto... Una pizca de verde se asomó temerosa entre toda esa devastación, y después otra y una más. Y todo se volvió verde y las ramas se mecían al viento y como por arte de magia se llenaron de hojas y de nidos con huevecillos y las aves trinaron y se acicalaron y luego en tan solo un parpadeo los colores y olores llenaron los sentidos y el amor lo pobló todo. Las flores se mecían alegremente llenando de fragancia los parques y jardines. Y fue ahí, justamente ahí cuando el otoño se enteró que en realidad era el preludio de la vida.
Patricia Lara Pachón
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Don perro
Buuuuu
Hubo un tiempo en el que la calle ochenta y ocho estaba recién nacida y había al final de ella una casa que sin haber sido habilitada se veía derruida por los años; el clima. Las paredes desconchadas, en las que se notaban varias capas de pinturas, los pisos llenos de protuberancias y de huecos, de raices y plantas, las puertas y ventanas carcomidas por el comejen y por el oxido.
Los muebles en el interior se sostenían por algún embrujo o milagro. El más leve roce las haría caer sin ruido alguno convertidas en polvo de estrellas.
Al ingresar en ella, Octavio el Octavo notó pues era imposible no hacerlo, la casa. Luego de entrar en la suya propia y de observarlo todo, su rumbo se encaminó a la casa en ruinas. Intuyó, porque intuir era su destino que la casa lo esperaba para contarle sus secretos. Entro en ella intentando no tocar nada ya que el temor le impedía incluso respirar, de pronto de una de las esquinas de la sala empezó a crecer y a aproximársele una en un principio minúscula cabeza que fue creciendo mientras iba abriendo la boca en dirección al visitante. Se sucede entonces una implosión que deja a Octavio aturdido, parado en medio de la nada; cubierto de polvo y en medio de un montículo del mismo.
La situación lo dejó lleno de dudas y de cavilaciones. ¿Sería acaso esa la última casa de la anterior calle ochenta y ocho? ¿O quizá la primera que volátil iba a posarse en otro volcán en otro mundo y momento?
Octavio el Octavo sería acompañado por esas preguntas por mucho tiempo.
Patricia Lara Pachón
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Pesadillando
El canino
Las cosas Las cosas son eso... Cosas pero a veces no son sólo... Cosas Uno se apega a esto o a aquello, pero también los recuerdos son cos...