miércoles, 8 de julio de 2015

Temores





Hay gente que le teme a la soledad porque teme estar consigo mismo.
No quiero imaginar sus pensamientos. No deseo meterme en su cabeza y tener que huir como si de una pesadilla terrible se tratara.  Una de esas en las que corres y buscas y  no encuentras la salida.  Una de esas en las que caes y te levantas únicamente para caer de nuevo.
No.  Definitivamente.  Si ellos mismos no soportan su propia compañía, ¿Quién estaría dispuesto a estar con ellos?

Patricia Lara P.

Ella




Ella no me quería.
En su sano juicio, jamás me quiso.
Ella aprendió a quererme,
cuando el olvido la fue arrinconando,
cuando los rostros más queridos
se le difuminaron en la mente.
Y aquel que más frecuentemente veía era el mío.
Ella se convirtió en mi hija y yo en su madre.
Los recuerdos de siempre, de su mente se borraron.
El mío como recuerdo nuevo floreció
y ella al final de todo aprendió a quererme.

Patricia Lara P.

La bella durmiente




La vio por primera vez mientras ella dormía en ese cuarto de hospital.  Quedó prendado de ella al instante y empezó a soñar con el momento en que por fin despertara.  Quería estar a su lado.  Quería ser el primer rostro que ella viera y como en el cuento de hadas ella se prendara para siempre de él.
La visitaba hoy y mañana y el día siguiente y... nada.
Uno entre tantos muchos, se le ocurrió pensar que si la besaba; lograría despertarla enamorada.  Así que se  oculto en el baño y cuando no había nadie, se acercó sigiloso; asustado, y la miró aún más  enamorado.  Fue en ese mismo instante en que la beso; primero en la frente y al no suceder nada luego la besó en los labios. 
Nada paso.  Nada.  Así que la beso más y más y finalmente ya casi ardiendo en su propia pasión, la tomo entre sus brazos y la hizo suya.  Nada paso.  Nada.
Transcurrió  el tiempo y siguió visitando a su amada sin perder la fe ni la pasión y mucho menos la esperanza de que por fin despertara perdidamente enamorada.  Un día vio como la vida se apoderaba en sus mejillas.  En su cuerpo creciente.
Buscaron los doctores la causa y al "culpable".
La bella durmiente albergaba una vida nueva.  Una que abriría los ojos y sonriente crecería.
Ya al momento del parto.  Nuestra bella durmiente despertó gimiendo y maldiciendo al culpable.
El amor no brillo en sus ojos.  Y sus labios no sonrieron al reconocerlo.
Hoy, este príncipe azul un poco desteñido esta en prisión.  Ni las gracias le dieron por haber logrado que la bella durmiente despertara del letargo aquel en el que se encontraba.
Patricia Lara P.

Los libros

  Jugué en la calle hasta los 8 o 9 años. Dejé de hacerlo cuando aprendí a leer y encontré en los libros una compañía invaluable. En esas le...