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martes, 24 de febrero de 2015

Y recordé…




Y recordé de pronto que no habías besado la palma de mis manos, ni mi espalda, ni el sitio justo aquel, en que se encuentran el cabello y el cuello.  No desgajaste besos atrás de mi rodilla, ni dejaste un reguero de besos en mi panza.  Entonces me di cuenta que tampoco;  besaste mi alma.
Patricia Lara P.

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