Es muy temprano y reposo plácidamente en mi cama. Me gusta acariciarme la cabeza, rascarla. Así que meto mis dedos entre el cabello y encuentro un granito. Pienso en los primates que se sacan granos de sal e insectos al espulgarse unos a otros. Deposito con cuidado el granito a mi lado y mi mano regresa a mi cuello, mi espalda, mi cabeza. Una y otra vez lo hace. Se vuelve automático el movimiento. Al cabo de un rato de ensoñación regreso y veo un montículo a mi lado y solo mi mano va y vuelve.
martes, 9 de noviembre de 2010
Pesadilla
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