martes, 3 de septiembre de 2013

La hormiguita enamorada




Una hormiga muy coqueta
y también muy pizpireta
que enamoradita estaba
del más grande y trompilargo
elefante de la manada.
Con sus ojitos coquetos
y sus pestañas brinconas
largas miradas le daba
y por todo suspiraba
nuestra gran enamorada.
El elefante elegante,
el más bonito y más alto
no se había percatado
de que allá bien por lo bajo,
sobre la tierra fangosa
estaba su enamorada.
Un día vio un ratón
y fue tan grande su espanto
que el elefante corrió
y sin querer se paró
sobre la hormiga coqueta
dejándola allí estampada,
con los ojos bien brillantes
y la boquita dispuesta
a darle el beso de amor
con el cual por fin supiera
que ella era su destino
y que juntos el camino
sería más halagüeño.
Así acaba la historia
del elefante elegante
y de la hormiga coqueta
que sin saber ni pensar
en fósil se convirtió
y ahora le adorna el cuello
a su hermoso enamorado.
Así se cumplió el sueño
de la coqueta hormiguita
que escucha recostadita
el corazón de su amado
y al escuchar el “tan tan”
ella escucha… “yo te amo”


Palabras

La palabra se me convirtió en un vicio.
Yo hablo poco.
Escribo mucho.
Mis dedos no saben guardar secretos
y acarician el lápiz y el papel
o el teclado
y cantarinamente
dejan su huella.

Llegaste a mí




Llegaste a mí y este mundo que era en blanco y negro
se vistió de colores.
Y el silencio que era el cotidiano
Cantó.
Del capullo salí cual mariposa
y volé a ti.
Mi mundo brilló
y fui feliz.
Más…
Ahora que no estás
Te extraño.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Vida en colores





Tenía tanto frío... el sol hacía ya mucho tiempo no salía para ella.  Su vida iba de nubarrón en nubarrón, de chubasco en chubasco y de tristeza en tristeza.   No entendía qué era lo que había hecho tan mal en esta o en alguna de sus otras vidas como para tener que ir de mal en peor, de peor en insufrible, de insufrible en doloroso y a tenebroso sucesiva y raudamente.
Se había vestido siempre de negro o de gris, de pronto sintió una urgente  necesidad y  cambió los colores de sus trajes pensando que en algo ayudaría, pero el rojo le recordaba la sangre que habían derramado sus hijos en aquel terrible accidente, el azul el agua en la que se había ahogado su esposo, el blanco las flores de sus tumbas, el morado los golpes que lucían en sus cuerpos y rostros, y así en terrible sucesión. Entonces regresó a sus originales grises y negros.  La nube continuaba sobre su cabeza no solo ocultándole el sol que sabía era radiante para unos y llorando sobre su frente y sus cabellos las lágrimas que no derramaban sus ojos.  No comprendía porqué toda la tristeza del mundo se había enseñoreado de su ser. Una buena noche en sueños, visitó un cultivo de girasoles.  No podía dejar de pensar en ellos.  Su color amarillo brillante le recordaba el sol de otros momentos.  El campo ancho y dorado la llenaba de alegría y de ganas de correr y de saltar.  Era un sentimiento olvidado en su ser el que regresaba a ella en ese plantío. Tomó el auto, la nube se posó sobre él.  Recorrió caminos, limpiando su panorámico con fruición.  Por fin… a lo lejos… el sol cálido y brillante cobijaba con ternura el campo de girasoles más hermoso que había visto en su vida.  El cultivo aquel era la esperanza.  Y por fin sus labios dibujaron una sonrisa mientras se recostaba a la sombra el más hermoso y grande girasol.  Sintió el calor que la embargaba y por fin aquella nube negra se alejó.  Y durmió desde entonces el sueño de los justos.

Amaneció

La luna amaneció sonriente
 Y el día resplandeciente

Los libros

  Jugué en la calle hasta los 8 o 9 años. Dejé de hacerlo cuando aprendí a leer y encontré en los libros una compañía invaluable. En esas le...