miércoles, 17 de enero de 2018

Alberto



Alberto

Soñé con el señor que me dio la vida.  De la nada llegó a visitarme.  Tenía él la edad que tengo hoy (más o menos).  Se sentó a conversar como si nada pasara.  Le ofrecí algo de tomar o comer y cuando regresé, Ricardo le había dado un baquetón enorme de chocolates.  Le recordé asombrada que el hombre había fallecido de complicaciones por la diabetes.  Y me quedé pensando si él, estaba alegre por el regalo y pensando consumirlo todo; o sólo se mostraba agradecido y feliz por consideración a la familia.  
De alguna forma que no comprendo, sentí que él está bien en dónde está. Y sentí también que ya no me duele tanto su desamor y falta de compromiso con nosotros.  
Ojalá descanse en paz.

Patricia Lara P.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Atardeceres por encargo

Atardeceres por encargo  Un día mis hermanos y yo, dispuestos a reunirnos a pesar de la distancia nos pusimos la cita del amor fraterno. Cad...